Excélsior Gonzalo Almeyda
Una línea de fractura central en el imaginario geopolítico de nuestra era separa las zonas que cuentan con acceso a internet de las que no.
Si bien 96 por ciento de la población mundial vive en áreas con algún tipo de cobertura de red, casi la mitad (49 por ciento) no cuenta con acceso efectivo, ya sea por falta de dispositivos, porque la conexión es cara o porque el ancho de banda es insuficiente. Al mantener a 3.7 mil millones de personas marginadas de la red global, la humanidad está desperdiciando millones de talentos, ideas y oportunidades.
El acceso universal a internet es una meta ambiciosa, pero asequible en la próxima década. El primer paso para lograrla es invertir en infraestructura. La Unión Internacional de Telecomunicaciones estima que se requieren 428 mil millones de dólares, 2.6 millones de estaciones base y 700 mil kilómetros de fibra óptica, suficiente para darle 17 vueltas a la circunferencia de la Tierra.
El avance de tecnologías como las plataformas aéreas de gran altitud y la competencia geopolítica por el despliegue de redes de banda ancha contribuirán a impulsar la conectividad alrededor del mundo.
Una segunda prioridad es democratizar el acceso a dispositivos electrónicos. Para 2.5 mil millones de personas el costo de un celular inteligente sigue siendo prohibitivo.
Los gobiernos pueden promover el acceso a dispositivos de bajo costo mediante canastas básicas digitales. Sin embargo, también es necesario cuidar las repercusiones ambientales.
Debido al crecimiento del internet de las cosas se estima que podría haber hasta 500 mil millones de dispositivos conectados en 2030, que consumirían más de un quinto de la electricidad global.
Las brechas digitales se manifiestan con intensidad variante en diferentes regiones y se traslapan con desigualdades socioeconómicas y de género.
En Europa, 83 por ciento de la población usa internet; en África, sólo 29 por ciento. En América Latina, un tercio de la población no cuenta con ningún tipo de acceso. La mitad se ubica en los dos quintiles más pobres.
También existen desigualdades notorias entre zonas urbanas y rurales, donde el porcentaje de hogares sin conexión sube a 77 por ciento. En muchos países existen importantes brechas de acceso por género: en India, sólo 42% de las mujeres ha usado alguna vez el internet, contra 62% de los hombres.
Para cosechar los beneficios de la era digital no basta con ampliar el acceso a internet, también es necesario desarrollar las habilidades digitales de la población, desde la alfabetización básica hasta el uso de lenguajes de programación. En este renglón, Colombia se ha posicionado a la vanguardia con su iniciativa Misión TIC 2022, que busca capacitar a 100 mil jóvenes programadores en un lapso de dos años.
Cerrar las brechas digitales puede ser la clave para promover la igualdad de oportunidades en la próxima década. Es una tarea que exige liderazgo y esfuerzos coordinados por parte de todos los sectores y a todas las escalas para lograr tres objetivos: expansión de infraestructura, acceso a dispositivos y desarrollo de habilidades digitales.