Legislar: ¿Veneno, o anabólicos para la Inteligencia Artificial?

Jorge Fernando Negrete P. – Reforma

El diputado Ricardo Monreal encendió las alarmas en el Congreso y en la industria digital con el anuncio de su cruzada para legislar la Inteligencia Artificial (IA). Monreal quiere regular aquello que aún está bajo revisión y en suspenso en el G7, Europa y Asia, y que hoy define la compleja geopolítica digital. Al mismo tiempo, se encienden señales positivas con el lanzamiento del Plan Nacional de Inteligencia Artificial (PNIA), presentado por la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT) de José Merino.

Política pública. La ATDT apuesta por la política pública y presentó su PNIA con énfasis en la soberanía tecnológica, la inclusión y el bienestar público. Busca que la IA esté al servicio de las personas y del interés general, evitando que México sea un receptor pasivo de tecnologías.

Propone impulsar una administración pública capaz de anticipar necesidades ciudadanas mediante IA. Para ello, identifica cuatro condiciones: regulación adaptable, política de datos, gobernanza colaborativa y financiamiento. También subraya la formación de talento, la infraestructura estratégica y la inclusión de la diversidad.

La IA es vista como una capacidad estratégica para optimizar recursos. El Estado debe ser capaz de diseñar, adaptar y supervisar sistemas de IA, no sólo adquirirlos. Se promueve el desarrollo de software público, la mejora de datos y colaboración con academia e industria. El plan propone un marco ético, legal y talento especializado.

Legislación. Bajo la bandera de superar un “rezago normativo”, Monreal impulsa reformas constitucionales y un marco legal detallado en su libro Hacia una ley de Inteligencia Artificial en México. Sin embargo, detrás de las buenas intenciones hay una estrategia que puede condenar al país al rezago tecnológico y elegir el peor espejo para mirarse. Se trata de una visión obsesiva, inmadura y epidémica entre algunos legisladores alrededor del planeta. A eso le llamo “legisladores precoces”. El error en la visión de Monreal está en su simpatía por el modelo europeo.

Al importar ese enfoque, marcado por una burocracia asfixiante y clasificaciones de riesgo muy específicas, México adoptaría una fórmula que ya ha demostrado ser un freno a la innovación e inversiones.

Dar la espalda a cualquiera las 21 órdenes ejecutivas en materia digital del presidente Trump, sería un despropósito geopolítico y económico. Imponer trabas burocráticas ahuyentará la inversión que busca establecerse mediante el nearshoring, una oportunidad que la Secretaría de Economía y Marcelo Ebrard, intentan convertir en motor de crecimiento.

Esta prisa legislativa exhibe una contradicción: México busca liderar el debate legislativo en el papel, pero está ausente de los foros internacionales donde se discute el futuro de la gobernanza de la IA, como el G7. No somos invitados a esas mesas de países y empresarios. El Congreso mexicano tampoco ha participado en el parlamento digital latinoamericano, nuestro barrio legislativo. Legislar de forma aislada, sin diplomacia digital y copiando recetas ajenas, es soberbia.

Antes de legislar, necesitamos una licitación 5G que libere la más ambiciosa inversión en infraestructura digital de la historia; y con ello, la verdadera IA para adoptarla y masificarla. Redes robustas y poderosas. Eso es soberanía digital.

Merino desde la política pública establece una estrategia para el desarrollo y la gobernanza de la IA, Ebrard quiere inversión y Monreal, desde la arena legislativa, los boicotea con incertidumbre en un entorno de reactivación económica e inversiones del sector digital. La política pública y la ley no deberían convertirse en un territorio de confusión pública. En el mundo digital se ha abusado de la facultad legislativa y se la ha colocado por encima de la política pública. Si se confunde regular con gobernar se firmará la renuncia a construir un México Digital. Regulación y política pública, veneno y anabólicos para el mundo digital.