La oportunidad de las telcos en los tokens de IA

La Inteligencia Artificial ya está en todas partes y su unidad atómica es el token. La oportunidad para las telcos no consiste en producirlo más barato, sino en hacerlo seguro, autorizado y útil.

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La Inteligencia Artificial ya está en todas partes. Está dentro de los buscadores, los centros de atención, el software empresarial, los teléfonos, las cámaras, los vehículos y, cada vez más, las máquinas. Pero toda esta industria, desde una conversación con ChatGPT hasta el análisis de una imagen industrial, gira en torno a una unidad que la mayoría de las personas todavía no entiende: el token.

Un token es la unidad mínima de información que un modelo de IA puede procesar.

Cuando alguien escribe “reserva una mesa para mañana”, el modelo no interpreta la oración como una persona la leería. Primero la divide en fragmentos. Un token puede ser una palabra, una parte de una palabra, un signo de puntuación o incluso un espacio. Después, cada fragmento se convierte en un conjunto de números que el modelo puede procesar.

El modelo recibe los tokens de entrada y comienza a generar los de salida. Calcula una pequeña parte de la respuesta, luego la siguiente y otra, hasta formar una oración completa. Lo que vemos como una respuesta fluida es, en realidad, una larga secuencia de cálculos.

Como referencia, en inglés un token equivale aproximadamente a cuatro caracteres o a tres cuartos de una palabra. Cien tokens equivalen a alrededor de 75 palabras. La relación varía según el idioma, el modelo y el sistema utilizado para dividir el texto. En español, una misma frase puede consumir más o menos tokens que en inglés.

Los tokens tampoco se limitan al texto. Una imagen puede dividirse en pequeños bloques visuales. Un archivo de audio puede convertirse en fragmentos acústicos. Un video puede descomponerse en cuadros y regiones. 

Los modelos que controlan robots pueden convertir la posición, la velocidad, la fuerza, la distancia y el movimiento en representaciones matemáticas que también pueden tratarse como tokens.

Por eso, el token se ha convertido en la unidad práctica de la economía de la IA. Los proveedores de modelos cobran por cada millón de tokens procesados. Los tokens de entrada representan la información que el modelo recibe. Los tokens de salida representan la respuesta generada. 

Más documentos, más contexto, respuestas más largas y tareas más complejas significan más tokens, más cómputo, más memoria y más costo.

Un token no es una criptomoneda. Tampoco es un paquete IP ni un byte que viaje físicamente por la red. La red continúa transportando bits. El token existe en la capa de aplicación, dentro del sistema de IA que interpreta esos bits.

Esta diferencia es muy importante. Una telco no entra automáticamente en la economía de los tokens sólo porque el tráfico de IA pase por su red. Si no puede identificar la solicitud, medirla, aplicar políticas y agregarle valor, continuará cobrando por gigabytes mientras otra empresa cobra por la inteligencia.

El token no es el nuevo gigabyte

La industria de las telecomunicaciones lleva décadas midiendo y vendiendo unidades. Primero fueron minutos. Después mensajes. Finalmente gigabytes.

El token parece ser la unidad lógica siguiente.

China Telecom ya comenzó a vender planes mensuales de tokens. Sus ofertas para consumidores van de 9,9 yuanes por 10 millones de tokens a 49,9 yuanes por 80 millones de tokens. 

También existen paquetes para desarrolladores y para pequeñas empresas. China Mobile y China Unicom avanzan con modelos similares, aprovechando su capacidad de facturación, distribución y acceso a múltiples modelos.

El mercado chino muestra la velocidad del cambio. El consumo diario de tokens en el país superó los 140 billones en marzo de 2026, alrededor de mil veces más que al inicio de 2024. China incluso estudia contratos financieros vinculados a tokens para que las empresas puedan protegerse frente a cambios en el costo de la inferencia.

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Para las telcos, esto demuestra que el token puede convertirse en un producto comercial. Los operadores ya cuentan con millones de clientes, sistemas de cobro, canales de venta, infraestructura local y relaciones con empresas y gobiernos. Pueden tomar un servicio complejo y convertirlo en una oferta sencilla.

Pero también existe una trampa.

Vender una bolsa mensual de tokens puede convertirse rápidamente en Data Plans 2.0. El operador compra cómputo al mayoreo, lo divide en paquetes y compite en precio. El cliente compara cuántos millones de tokens recibe por cada dólar. Los modelos se vuelven más eficientes, el hardware mejora y el precio unitario baja.

En mayo de 2026, DeepSeek redujo 75 % el precio de su modelo V4 Pro. Dependiendo del tipo de uso, su API pasó a costar entre 0.025 y 6 yuanes por millón de tokens. Esa caída muestra lo difícil que sería para una telco defender márgenes al vender sólo volumen de inferencia.

Los hiperescaladores y fabricantes de modelos emitirán tokens más baratos que los de la mayoría de los operadores. Controlan los modelos, los Centros de Datos, el software y gran parte de la infraestructura acelerada. Intentar competir con ellos sólo en costo sería repetir la historia de la Nube.

La oportunidad telco no consiste en vender el token más barato. Consiste en agregarle atributos que el proveedor del modelo no cuenta.

Pero hay otro factor importante que está ocurriendo: el tráfico de IA ya comienza a modificar la red.

Ericsson encontró que las aplicaciones identificables de IA Generativa representaban sólo 0,06% del tráfico total de una red móvil analizada en 2025. El volumen todavía era pequeño, pero su comportamiento era diferente. En una red tradicional, alrededor de 10 % del tráfico viaja por el enlace ascendente. En las sesiones de IA estudiadas por Ericsson, el uplink representaba 26%.

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Esto ocurre porque la IA no sólo descarga contenido. También sube preguntas, documentos, fotografías, audio, video y datos de sensores. Un usuario de video consume principalmente el enlace descendente. Una cámara con IA, unas gafas inteligentes o un robot pueden transmitir en tiempo real.

Ericsson estima que el tráfico adicional de IA podría hacer que el tráfico de uplink en 2031 sea tres veces mayor que en 2025. Además, en 43 de las 55 redes estudiadas, el tráfico de subida ya crecía más rápido que el de bajada.

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La telco tendrá que financiar más capacidad, mayor consistencia y nuevas conexiones con Centros de Datos, aunque no construya ningún producto nuevo. Si todo ese tráfico se factura como datos convencionales, el operador asumirá el costo de la IA mientras las plataformas capturan el ingreso.

Medir en tokens es útil. Cobrar sólo por su volumen no será suficiente.

El dinero está alrededor del token

Una empresa no compra tokens porque quiera acumularlos. Los consume para resolver algo.

Puede utilizarlos para atender clientes, revisar contratos, generar software, detectar fraude, analizar video o dirigir una máquina. Dos tareas pueden consumir el mismo número de tokens y producir valores económicos completamente distintos.

Un millón de tokens utilizados para crear correos que nadie lee vale poco. Un millón de tokens que evita una parada de producción puede valer cientos de miles de dólares.

Por eso el token es una buena unidad de consumo, pero una mala unidad de valor.

La primera oportunidad para la telco radica en su identidad. Una SIM o eSIM puede vincular una solicitud a una persona, una empresa, un dispositivo o una máquina. No sustituye todos los mecanismos de autenticación, pero sí ofrece una identidad asociada al hardware, una suscripción y una relación contractual.

Esto será especialmente importante para los agentes. Un agente de IA puede consultar sistemas, comprar productos, reservar recursos, modificar configuraciones o activar equipos. Antes de permitir una acción, la empresa necesita saber quién controla al agente, qué permisos tiene y qué dispositivo utiliza.

La segunda oportunidad está en la política. Una empresa puede definir qué modelo puede utilizar cada agente, cuántos tokens puede consumir, qué información puede compartir y qué acciones requieren aprobación humana. También puede decidir que una tarea rutinaria utilice un modelo más barato y que una decisión crítica se envíe a uno más avanzado.

Ese control debe realizarse antes de ejecutar la inferencia. Detectar el problema al final del mes no sirve si un agente entra en un ciclo y consume millones de tokens en unas horas.

La tercera oportunidad es la seguridad. Una solicitud puede contener información financiera, datos personales, contratos, código o propiedad intelectual. Una plataforma telco puede detectar información sensible, retirarla antes de que salga del perímetro empresarial y bloquear modelos o destinos no autorizados.

La cuarta es la soberanía. Un banco, un hospital o una entidad pública puede exigir que ciertos datos se procesen dentro del país o en una Nube específica. El operador puede dirigir la solicitud a una infraestructura compatible y generar evidencia de dónde se realizó la inferencia.

La quinta es el desempeño. Un resumen de texto puede tardar varios segundos. Una conversación por voz necesita continuidad. Una aplicación industrial puede requerir un tiempo máximo de respuesta. La telco puede diferenciar estos servicios y dejar de tratar todos los tokens como tráfico best effort.

El producto completo sería una especie de control plane para tokens. La empresa envía una solicitud. La plataforma autentica al usuario o al agente, verifica su presupuesto, elimina la información sensible, selecciona el modelo, decide dónde procesarlo, reserva los recursos necesarios y registra el resultado.

La telco no necesita desarrollar el mejor modelo ni competir en esta área. Puede trabajar con múltiples modelos y seleccionar el más adecuado según el costo, la calidad, la ubicación y la normativa aplicable. Su valor radica en controlar el acceso a ellos.

Un nuevo reporte de Mobile Experts sobre Tokens y Telcos propone una arquitectura con identidad de agentes, control dinámico de políticas, seguridad en línea, enrutamiento por intención, orquestación de múltiples modelos y garantías de servicio. En lugar de vender una conexión más rápida, el operador vendería una transacción de IA controlada.

El efecto sobre el precio puede ser significativo.

En el caso estudiado de un robot de reparto, un millón de paquetes de tokens cinéticos equivale a aproximadamente 12 GB de tráfico. Si la telco cobra sólo por conectividad, el ingreso estimado es de unos 13 dólares. 

Al agregar inferencia, autenticación, gobernanza y una garantía básica de desempeño, la estimación sube a entre 15 y 21 dólares por millón.

Cuando el precio se calcula en función del valor que la empresa recibe, la cifra puede ser mucho mayor. El reporte estima entre 20 y 40 dólares por millón de tokens telco para distintos niveles de inferencia, mientras que el análisis de video genérico cuesta entre 1 y 5 dólares por millón. La diferencia no está en el modelo. Está en la seguridad, el control y el cumplimiento del tiempo requerido.

Estas cifras son estimaciones, no precios observados en un mercado maduro. Pero revelan la lógica económica. La conectividad representa una pequeña parte del valor. La confiabilidad y el riesgo evitado representan mucho más.

La telco puede medir en tokens, pero debería cobrar por identidad, seguridad, política, soberanía, desempeño y resultados.

Los tokens más valiosos moverán máquinas

La oportunidad se vuelve aún más atractiva cuando la Inteligencia Artificial sale de la pantalla.

Un robot, un dron o un vehículo no sólo genera texto. Produce datos de cámaras, radares y sensores, así como de ubicación, velocidad y movimiento. El modelo convierte esta información en representaciones matemáticas, toma una decisión y genera instrucciones.

En este contexto aparece el token cinético. No se trata sólo de una palabra o de una imagen. Puede representar posición, dirección, fuerza, velocidad o una acción capaz de mover una máquina.

Un error en un chatbot produce una respuesta incorrecta. Un error en un token cinético puede detener una línea industrial, dañar un equipo o provocar un accidente.

Esto cambia completamente el valor. Las máquinas tampoco pueden ejecutar toda la inteligencia localmente. Los modelos avanzados requieren memoria, procesamiento y energía. En un robot móvil, cada vatio consumido por la inferencia reduce la autonomía de la batería.

Pero enviar todo a una Nube central tampoco funciona para todas las decisiones. Algunas tareas pueden esperar. Otras requieren una respuesta rápida y consistente.

El cerebro termina distribuido. Los reflejos básicos se quedan en la máquina. El análisis más pesado puede ejecutarse en un nodo metropolitano o regional. El entrenamiento y la planificación complejos permanecen en grandes Centros de Datos.

La red se convierte en la conexión entre esas partes del cerebro.

Aquí la telco tiene activos difíciles de replicar. Conoce la identidad de la máquina, su ubicación, su movilidad, el estado de la conexión y la infraestructura disponible. Puede mantener la sesión, aplicar políticas y decidir dónde debe ejecutarse la tarea.

Los tokens cinéticos requieren continuidad, identidad, política y contexto. No basta con transportarlos. Hay que entregarlos dentro del plazo requerido y saber qué hacer cuando la conexión se degrada.

AI RAN y el cómputo distribuido pueden convertirse en parte de esta arquitectura. Sin embargo, si la industria presenta AI RAN únicamente como una forma de mejorar la utilización o reducir costos, terminará siendo otra inversión tecnológica. La oportunidad comercial radica en utilizar esa infraestructura para vender inferencia cercana, controlada y garantizada.

El operador dejaría de vender únicamente la carretera. Comenzaría a vender una parte del sistema que permite que la máquina piense y actúe.

Ese es el punto central de toda la economía de tokens en el sector de las telecomunicaciones. Las telcos no producirán los tokens más baratos y tampoco deberían intentarlo. 

Su oportunidad está en controlar quién puede utilizarlos, qué datos contienen, dónde se procesan, cuánto pueden gastar y qué garantía acompaña el resultado.

El token genérico será cada vez más barato, pero el token seguro, autorizado y capaz de mover una máquina tendrá un precio distinto.