Entre satélites y desechos, la disputa por la órbita terrestre baja

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La órbita terrestre baja está entrando en una fase crítica de saturación. El aumento acelerado del número de satélites, impulsado sobre todo por grandes constelaciones comerciales como Starlink, se produce en un entorno ya ocupado por una cantidad significativa de desechos espaciales, incluidos fragmentos de cohetes, satélites desactivados y restos de colisiones anteriores.

Según el ESA Space Environment Report 2025, más de 50,000 objetos de más de 10 centímetros están siendo monitorizados en órbita, de los cuales 11,000 son cargas útiles activas. En determinadas franjas de altitud, la densidad de satélites y de desechos es similar, lo que crea un riesgo real de colisiones y otros daños catastróficos, considerando que un objeto de apenas 1 centímetro puede causar impactos graves.

El problema no está sólo en el volumen de objetos, sino en la dinámica que esto genera. La Agencia Espacial Europea (ESA) advierte que estos fragmentos siguen acumulándose porque no hay suficientes satélites abandonando las órbitas congestionadas tras el final de sus misiones. Incluso sin nuevos lanzamientos, las colisiones o fragmentaciones podrían aumentar aún más la basura espacial, en un proceso que los especialistas denominan reacción en cadena o síndrome de Kessler.

Acontecimientos recientes muestran que este riesgo ya no es sólo teórico. En diciembre de 2025, SpaceX informó que un satélite de Starlink estuvo a punto de colisionar con una nave lanzada por un cohete chino, pasando a una distancia de apenas 200 metros. El episodio pone de relieve que la coordinación entre operadores sigue siendo insuficiente.

La propia SpaceX ha realizado decenas de miles de maniobras para evitar colisiones entre satélites y desechos, lo que da una idea del esfuerzo necesario para mantener esta enorme constelación operando con seguridad. En la primera mitad de 2025, los satélites de Starlink llevaron a cabo más de 144,000 ajustes de trayectoria para evitar riesgos conocidos en órbita.

Desde el punto de vista económico y social, la alerta también es significativa. Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala que la basura espacial pone en riesgo servicios esenciales que dependen de satélites, como la previsión meteorológica, la navegación y las telecomunicaciones, y que una colisión a gran escala podría afectar cadenas de actividad económica a nivel global.

Ante este escenario, crece el consenso entre agencias espaciales y organizaciones internacionales de que lanzar más satélites bajo esquemas de autorregulación voluntaria no es suficiente. 

Informes de la ESA y de la OCDE indican que se necesitan políticas más estrictas de eliminación activa de desechos, reglas claras para la desorbitación de satélites al final de su vida útil y una coordinación global del tráfico espacial para evitar que la órbita terrestre baja se vuelva progresivamente inviable para operaciones futuras.

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