Reforma Jorge F. Negrete P.
La política industrial digital es la política con mayor relevancia e impacto en la competitiva economía global y llega con una fuerza y discurso propio de un tsunami geopolítico digital.
Ha dejado de ser una política de nicho para convertirse en el eje central de las estrategias de los bloques geopolíticos que quieren liderar la tecnología digital. No se trata de promover la innovación y el desarrollo tecnológico, se trata de una intervención estratégica desde el Estado y el gobierno para rediseñar la estructura de los mercados y asegurar la competitividad en una economía de semiconductores, Inteligencia Artificial (IA) y el dominio de los algoritmos.
¿En qué consiste la política industrial digital? Hay un origen y comienza todo con la política industrial, hija de la revolución industrial. A finales del siglo 19 y principios del 20, las políticas de los gobiernos se centraron en el acero, el carbón, las fábricas de automóviles, aviones y productos que precisaban de la mano de obra y las máquinas de reproducción masiva.
La Comunidad Europea nace en 1951 cuando se firma el Tratado de París, creando la “Comunidad Europea del Carbón y del Acero”, integrada por Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos. Eventualmente, los seis países fundadores crean la Comunidad Económica Europea y la Comunidad Europea de la Energía Atómica. El Estado y el mercado unidos para masificar la producción, distribución y consumo de productos industriales a escala masiva.
La política tecnológica, en su versión digital, es una estrategia coordinada por el Estado para desarrollar capacidades de desarrollo e innovación estratégicas y críticas. Nace la intervención económica por medio del derecho económico y la rectoría del Estado.
Hablamos de facultades expresas y robustas que gobiernos de libre mercado o con intervención estatal gestionan para generar un financiamiento y dirección compulsiva que consolide un liderazgo tecnológico o mejore la competitividad. Se trata de:
1. Subsidios e incentivos directos: financiamiento masivo para la fabricación de hardware (semiconductores) y el desarrollo de software (IA, computación cuántica).
2. Soberanía e infraestructura digital: despliegue de redes 5G/6G, Centros de Datos y Nube.
3. Regulación estratégica: leyes que protegen y promueven la industria y empresas tecnológicas locales.
4. Formación, educación y capacitación: programas educativos masivos para cerrar la brecha de habilidades STEM.
Después de 4 décadas de globalización, las grandes potencias comprenden que el mercado no garantiza la seguridad nacional. Existe una fragilidad en las cadenas de suministro y los semiconductores demostraron que depender de una sola región (Taiwán o Corea del Sur) es un riesgo.
Pero el más grande disruptor es la IA, como ventaja competitiva y gran habilitador tecnológico en la política industrial. Quien domine la IA dominará la productividad industrial, robótica y económica del futuro. Es el nuevo motor tecnológico del siglo XXI. Hay un retorno global hacia el “Estado promotor”. Si tu competidor está subsidiando su industria, no intervenir en la misma magnitud equivale a una capitulación industrial.
La política industrial digital no se puede separar de la seguridad nacional, sin ella condenamos al fracaso a países y bloques económicos. Esto ha transformado el mapa global en algo que llamo triángulo de la geopolítica digital y que he explicado: Europa busca soberanía digital con su robusta regulación digital y AI Act; EUA, busca un liderazgo en diseño y retorno de la manufactura con más de 5 acciones ejecutivas y su Chips and Science Act, y China busca autosuficiencia tecnológica total y control de materias primas con Made in China y su reciente AI 2030.
La política industrial digital es el nuevo campo de batalla. Ya ha sido advertido por el INADI en México.
Quien no diseñe su propia estrategia corre el riesgo de convertirse en testigo de las decisiones tomadas en Washington, Beijing o Bruselas.
Presidente de Digital Policy & Law Group
X / @fenegretep