Los beneficios de la IA se están concentrando en las regiones ricas del mundo, según Anthropic

El Anthropic Economic Index muestra que el uso de IA avanza con rapidez en economías desarrolladas, pero en regiones como América Latina el rezago amenaza con ampliar brechas y limitar el impacto económico de la tecnología.

La promesa de la Inteligencia Artificial (IA) como motor de transformación no está llegando a todos por igual, lo que podría aumentar la desigualdad económica mundial.

Anthropic desarrolló un índice en el que muestra cómo ha evolucionado el uso de su modelo Claude con el tiempo, cómo difieren los patrones de adopción entre regiones y cómo las empresas están implementando la IA para resolver problemas de sus organizaciones.

De acuerdo con el Anthropic Economic Index, los beneficios de esta tecnología se están concentrando en las regiones más ricas del mundo, mientras que los países de ingresos medios y bajos apenas comienzan a incorporarse a la ola de automatización y productividad que promete la IA.

Una brecha global cada vez más evidente

El estudio señala que países como Israel, Singapur, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur encabezan el uso per cápita de Claude. En el caso israelí, la población activa emplea la herramienta siete veces más de lo que le correspondería en función de su tamaño poblacional.

El contraste es notorio cuando se observa a naciones como India, Indonesia, Nigeria o Bolivia, donde el nivel de uso es mucho menor a pesar de contar con poblaciones numerosas y jóvenes.

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Los 20 países que obtienen la puntuación más alta en el Índice de uso de IA de Anthropic.

Además, hay una correlación entre riqueza y adopción: un incremento del 1% en el PIB per cápita se asocia con un aumento cercano al 0.7% en el uso de IA por persona. Esto significa que el progreso tecnológico corre el riesgo de convertirse en un mecanismo que amplía, en lugar de reducir, las desigualdades globales.

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La brecha también es visible dentro de países desarrollados. En Estados Unidos, Washington lidera el uso per cápita de Claude, seguido de estados como Utah.

Sin embargo, no todos los estados muestran el mismo nivel de adopción, lo que refleja que incluso al interior de una potencia tecnológica existen diferencias significativas en la manera en que los ciudadanos y las empresas aprovechan estas herramientas.

América Latina: el rezago de una región con potencial

Para América Latina, el panorama es particularmente complejo. El informe coloca a varios países de la región entre los de menor uso relativo de IA. Por ejemplo, Colombia, Perú y Argentina se ubican en el nivel medio bajo del Índice Económico Antrópico.

“Muchas economías de ingresos bajos y medios muestran un uso mínimo de Claude, y muchos países de África, América Latina y partes de Asia muestran una adopción de Claude inferior a la esperada según su población en edad laboral. Esto incluye a Bolivia (0.48), Indonesia (0.36), India (0.27) y Nigeria (0.2)”, señala el informe.

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Lo anterior responde a múltiples factores: menor inversión en infraestructura digital, brechas educativas que dificultan la adopción de tecnologías avanzadas, una capacidad limitada para financiar proyectos de innovación a gran escala, el entorno regulatorio que no fomenta el uso de manera intensiva y la confianza pública en torno a la tecnología.

Mientras en economías avanzadas la IA ya se integra en procesos de automatización empresarial, servicios financieros, salud y educación personalizada, en América Latina su uso todavía está concentrado en sectores muy específicos, como el desarrollo de software y ciertas iniciativas educativas.

Si no se toman medidas para impulsar la adopción, el riesgo es que la región se quede atrapada en un círculo de dependencia tecnológica, consumiendo soluciones diseñadas en otros lugares sin desarrollar capacidades propias.

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No obstante, América Latina también tiene ventajas que pueden ser una palanca de desarrollo. Su población joven, la creciente penetración de Internet móvil y el dinamismo de su ecosistema emprendedor son activos que podrían impulsar una adopción más acelerada de la IA.

Pero para ello se requieren políticas públicas más decididas, inversión en capacitación digital y una estrategia regional que permita cerrar la brecha antes de que sea demasiado tarde.

Un cambio en el tipo de uso de la IA

Otro de los hallazgos del informe de Anthropic apunta a que las conversaciones con Claude han evolucionado. Si bien al inicio predominaban los usos de asistencia —donde la IA complementa las habilidades del usuario—, cada vez son más comunes las tareas que se automatizan directamente.

En nueve meses, el porcentaje de interacciones que implican automatización pasó de 27 a 39%. En el ámbito corporativo, esta cifra alcanza 77%.

Este cambio implica que los países con mayor adopción están usando la IA más intensivamente, y además logran transformaciones estructurales en sus procesos productivos, lo que aumenta la brecha frente a las regiones con un acceso más limitado.

¿Nueva frontera de desigualdad?

El panorama que plantea Anthropic confirma que actualmente el uso de la Inteligencia Artificial está concentrado. La IA no es, al menos por ahora, un motor de igualdad. Al contrario, se corre el riesgo de que sus capacidades sean ventajas de quienes ya están en la cima, tanto a nivel de países como de sectores laborales.

Los trabajadores altamente calificados son los que más se benefician, mientras que aquellos con menor acceso a educación y habilidades digitales ven reducido su margen de competitividad.

De mantenerse esta tendencia, el mundo podría entrar en una etapa de desigualdad tecnológica tan marcada como la brecha digital que caracterizó las primeras décadas de Internet. Ahora lo que está en juego es la capacidad misma de competir en un mercado global cada vez más automatizado.