Especial Trump is back | Pistas de especialistas para una convivencia prolífera para América Latina

Este texto forma parte del Especial de DPL News “Trump is back. El destino manifiesto digital y la tecnología como armas del nuevo imperialismo”, que puede consultar completo más abajo.

La vuelta de Trump al poder trae consigo cambios estructurales en el escenario geopolítico mundial. Las amenazas para América Latina son muchas pero también las oportunidades: la región debe tomar un rol protagónico y aprovechar sus recursos y virtudes para liderar las discusiones en materia digital.

El segundo mandato de Donald Trump implica riesgos y oportunidades para América Latina. La nueva administración obliga a la región a repensar el fondo y las formas de relacionamiento con Estados Unidos.

Mientras hay quienes ya alertan sobre una posible onda expansiva de las políticas prometidas por Trump en América Latina, el magnate no dudó y en la primera pregunta sobre la relación esperada respondió que “nosotros no los necesitamos, ellos sí a nosotros”. Este es el punto de partida de las conversaciones y negociaciones con el país de Norteamérica, el que seguramente tendrá excepciones más amigables con representantes que públicamente mostraron su apoyo al ahora presidente, como el argentino Javier Milei.

En el plano sectorial, América Latina tiene claro que sus países serán artífices de su propio destino y que serán ellos quienes deben encontrar puertas adentro las soluciones a los problemas que los aquejan. Aun en este contexto, la región tiene en sus recursos, infraestructura y capital humano  argumentos sólidos para convertirse en un socio deseado para la administración Trump, que ya en sus primeros movimientos dejó claro que la Inteligencia Artificial será una de las torres en su juego.

Personalidades de alto nivel del sector consultados por DPL News comentaron su visión sobre el rol de América Latina en el mundo tecnológico y la posición de la región ante la nueva era Trump en Estados Unidos.

América Latina debe buscar su propio camino

Carlos Baigorri, presidente de la Agencia Nacional de Telecomunicaciones de Brasil

La elección de Trump, en sí misma, no parece ser un elemento que haga más urgente una regulación de las Big Tech, pero el cambio en la política de verificación de contenido de Meta sí me parece algo que trae más preeminencia y urgencia a este debate. El proyecto de ley del año pasado de los diputados Silas Câmara y Dani Cunha parece ir en esa dirección de responsabilidad en Internet. Así que el debate está planteado, y ahora corresponde al Congreso Nacional, al gobierno y a las instituciones encontrar el mejor equilibrio para garantizar que se respete la Constitución brasileña.

Europa, histórica y tradicionalmente, tiene un enfoque regulador mucho más “estricto”, digámoslo así, sobre estas tecnologías emergentes. Tiene un marco regulatorio más cerrado para la IA, las redes sociales, la economía digital, todo. Por otro lado, Estados Unidos tiene una visión completamente diferente, favorable a la regulación, pero con un enfoque en el fomento a la innovación, utilizando recursos públicos para promover el desarrollo tecnológico antes de regular.

Entiendo que Brasil y los países de América Latina ya tienen una madurez institucional suficiente para encontrar su propio camino. No es necesario copiar el modelo europeo, que no me parece el más adecuado para Brasil, porque Europa está en otro momento de incertidumbre en su sociedad y economía, mientras que nosotros aún tenemos mucho camino por recorrer. Pero tampoco creo que deba ser algo tan individualista como en los Estados Unidos. Entonces, creo que la gran reflexión que los países de América Latina deben hacer es: “¿Cuál es nuestro camino? ¿Cuál es el camino de Europa? ¿Cuál es el camino de los Estados Unidos?” El camino entre esos dos es un tercer camino.

Ahora, esta reflexión, y parte de este debate, recae sobre los reguladores y las telecomunicaciones de la región. Debe llevarse a cabo de forma mucho más amplia, con el Congreso, principalmente, con el gobierno y con la sociedad civil, para que cada sociedad y cultura pueda considerar la realidad de sus pueblos y tradiciones y encontrar su mejor camino. Porque este cambio que trae Trump ahora no es un cambio de dirección, sino sólo de intensidad. Lo que él está haciendo, en mi opinión, es simplemente exacerbar esta visión liberal, pero no hay un cambio real de rumbo.

Aún es temprano para hablar, pero, por ejemplo, algo que el gobierno de Trump ya ha anunciado con la nominación de Brendan Carr como presidente de la FCC es el tema de la neutralidad de la red. Brasil no adoptó una posición tan restrictiva sobre la neutralidad de la red como Europa, pero creo que este es el elemento más tangible de un cambio en la política regulatoria estadounidense que podría afectar a la región.

Lo que veremos es cómo esta nueva administración estadounidense se posicionará en los foros internacionales. Por ejemplo, algo que me causa curiosidad es lo que Doreen Bogdan-Martin, secretaria General de la UIT (Unión Internacional de Telecomunicaciones), estaba haciendo al implementar una agenda muy fuerte de diversidad, equidad e inclusión en la UIT. Y ahora lo que estamos viendo es que Trump ha abandonado por completo estas políticas. Ahora bien, ¿se reflejará esto en la UIT? ¿Cómo reaccionarán los países miembros ante esto? Esto es lo que más curiosidad me genera: ver cómo Estados Unidos se posicionará en los foros internacionales, en la UIT, la CITEL y otros.

América Latina puede ser parte de las cadenas globales de valor de la IA impulsando centros de datos y computación sostenibles

Angel Melguizo, socio de ARGIA, Green, Tech & Economics Consulting

Más allá de la incertidumbre acerca de la implementación de los anuncios de la administración Trump, emerge una certeza: la apuesta decidida de Estados Unidos por consolidar su liderazgo global en el desarrollo de Inteligencia Artificial (IA), refrendada por el lanzamiento del programa Stargate con inversiones por 500 mil millones de dólares. Dado que es probable que EE. UU. no pueda superar todos los cuellos de botella energéticos que el aumento de demanda de energía por la IA conlleva, esta apuesta presenta una oportunidad sobresaliente para América Latina.

La disponibilidad de recursos naturales y energías renovables (cada vez más baratas y fiables), junto con una buena conectividad y bajas temperaturas hacen que América Latina surja como una de las regiones clave para la expansión del desarrollo de centros de datos y computación sostenibles.

Los centros de datos son “las fábricas de IA, que convierten la energía y los datos en inteligencia”. Más allá de los candidatos habituales (países del Golfo, Canadá, nórdicos, Japón y Corea del Sur), América Latina –desde los más establecidos Brasil y México, a los pujantes Argentina, Chile o Uruguay– debe postularse a ser una opción, entrando en las cadenas de valor de la IA de los líderes de EE. UU. Ello precisará políticas de desarrollo productivo que combinen incentivos a la inversión y la innovación, capacitación para generar empleos formales, y planes de sostenibilidad en el uso de los recursos naturales.

Proactividad y flexibilidad para aprovechar las oportunidades

Jorge Atton, exsubsecretario Telecomunicaciones de Chile

Posicionarse en un nuevo panorama geopolítico con un presidente como Donald Trump implica que América Latina, y en particular Chile, deben adoptar estrategias proactivas y flexibles para capitalizar las oportunidades del nuevo entorno geopolítico y tecnológico. América Latina y Chile deben ser proactivos, colaborativos e innovadores, abordando no sólo las relaciones comerciales, sino también el desarrollo interno y la educación en nuevas tecnologías.

América Latina y Chile deben buscar fortalecer su relación con Estados Unidos en áreas de interés mutuo, como comercio, inversión e innovación tecnológica. Fomentar vínculos con empresas tecnológicas estadounidenses puede ser clave para acceder a nuevas tecnologías y compartir conocimientos. Chile ya tiene tratados de libre comercio con Estados Unidos que pueden ser aprovechados para facilitar el intercambio en tecnología e innovación. Es crucial, en especial en el próximo gobierno, que el país maximice estos acuerdos para atraer inversiones en el sector tecnológico.

Chile debe continuar con su tradición histórica de diversificación de socios. Aunque la relación con Estados Unidos es importante, es prudente que Chile busque diversificar sus relaciones con otros actores globales, como la Unión Europea, China y países de Asia. Esto permite reducir la dependencia y aumentar las oportunidades de desarrollo.

La gran tarea que tenemos como América Latina es el impulso al emprendimiento. Fomentar un ecosistema emprendedor robusto en tecnología puede ayudar a la región a ser un jugador relevante en el ámbito de la Inteligencia Artificial y otros avances tecnológicos.

Alianza regional para resistir y hacer frente a los cambios

Gustavo Gómez, director Ejecutivo de Observacom

Vemos un panorama muy complejo para el mundo, y en particular para América Latina, frente a una nueva administración Donald Trump que viene recargada respecto a su experiencia anterior, mucho más agresiva, mucho más impetuosa y objetivamente sin controles internos, además de que se da el marco de una tendencia internacional de fortalecimiento de la extrema derecha.

Ante esto, América Latina tendrá que hacer un esfuerzo muy grande y generar una alianza amplia que incluya no sólo gobiernos democráticos, sino también a la sociedad civil, a empresas de medios y a periodistas que haga frente a este cambio que se nos presenta.

La vuelta de Trump va a poner en tensión el concepto de neutralidad tecnológica al máximo, porque el enfrentamiento que tiene con China va a tener sus expresiones tanto en el terreno de las plataformas como de la infraestructura de telecomunicaciones; también pondrá en desafio la propia democracia a partir de la alianza con megamillonarios tecnológicos que tendrá su expresión en América Latina, entre otras cosas, por el desconocimiento de la propia soberanía nacional en materia regulatoria.

Esos son los desafíos: neutralidad tecnológica, defensa de nuestros propios intereses como región y soberanía digital. También la capacidad de nuestros países de establecer regulaciones para estas grandes empresas tecnológicas que hoy están dispuestas a desacatar decisiones y a rechazar cualquier tipo de regulación.

En este contexto, no veo otra posibilidad que no sea constituir de manera urgente una alianza muy amplia en América Latina para hacer frente a una alianza internacional pro extrema derecha que va más allá del gobierno de Trump y que hoy logra aunar los esfuerzos de las principales empresas tecnológicas del mundo con impactos en la infraestructura, en la Inteligencia Artificial, en nuestras democracias y en los derechos fundamentales de nuestros ciudadanos.

Big Tech desafían la soberanía y la democracia en América Latina

Flávia Lefèvre, abogada y presidenta del Consejo del Comité Gestor de Internet en Brasil (CGI.br)

Las empresas más importantes de tecnología de la información son estadounidenses, y su resistencia al proceso de regulación viene de lejos. Reaccionaron mucho en Europa, pero no tuvieron tanto éxito; reaccionaron en el Reino Unido, reaccionaron en Alemania, y aquí [en Brasil] lograron hacerlo con éxito, porque lo consiguieron. Su lobby logró archivar el Proyecto de Ley de las Fake News (PL 2630/2020) y eliminar del PL 2338 sobre Inteligencia Artificial aspectos muy importantes de seguridad relacionados con el reconocimiento de riesgos sobre el impulso y la recomendación de contenidos informativos.

Ahora, debemos entender que, independientemente de lo que haga Trump en Estados Unidos, aquí en Brasil y en otros países de América Latina o en otros países donde estas empresas operan, existen leyes. Por lo tanto, medidas adoptadas por ellas que contradigan nuestras leyes no podrán aplicarse en estos lugares, ya que eso constituye una violación de sus soberanías nacionales.

A pesar de estas leyes, en Brasil tenemos hoy una configuración en el Congreso, una coyuntura política interna, que dificulta la aprobación del PL 2630. En Brasil y en otros países, también dependemos enormemente de estas tecnologías operadas por estas empresas, convirtiéndonos en sus rehenes. El ministro Alexandre de Moraes logró suspender X (antes Twitter) porque la dependencia que tenemos de X es mucho menor que la que tenemos actualmente de las aplicaciones de Meta, por ejemplo. Si suspendieran Meta, nos quedaríamos sin WhatsApp, sin Instagram y Facebook, que son aplicaciones donde se realizan muchos negocios; la comunicación sería un caos. El gobierno está siendo negligente y permitiendo que se profundice también la dependencia que tenemos de la infraestructura de acceso a Internet, como Starlink, que pertenece a Elon Musk, quien a su vez está vinculado al gobierno de Estados Unidos. Entonces, dado que estas empresas operan como oligopolios planetarios, el hecho de que cuenten con el apoyo de Trump tendrá impactos muy negativos, creo yo, en las disputas geopolíticas, porque logran influir mucho en las elecciones a través de campañas de desinformación, poniendo en riesgo las democracias.

Otro aspecto negativo es que Javier Milei, presidente de Argentina, haya declarado que quiere salir del Mercosur para hacer acuerdos específicos y directos con Estados Unidos. Esto debilita a la región para posicionarse mejor contra las amenazas que estas empresas pueden representar para las democracias latinoamericanas cuando operan estas tecnologías, especialmente en la etapa de avance en la que nos encontramos actualmente debido a la Inteligencia Artificial.

Estamos haciendo un esfuerzo por regular la IA, pero el proyecto de ley que logramos aprobar ya en su origen no era el mejor de los casos. Con el lobby que hicieron las empresas, se eliminaron algunas garantías, especialmente en lo que respecta al reconocimiento de riesgos y la necesidad de presentar informes sobre ellos. En Estados Unidos, Trump ya firmó un decreto que revoca una medida adoptada por Biden que obligaba a las empresas a presentar informes de pruebas sobre los riesgos de los servicios que operan basados en Inteligencia Artificial. Así que, es un riesgo muy grande, ¿no?

Llegó el momento: hay que avanzar hacia un mercado digital común

Pedro Huichalaf, exsubsecretario de Telecomunicaciones de Chile

Donald Trump llegó con la convicción de elevar la posición de Estados Unidos, que utiliza a la tecnología con un brazo armado en este juego geopolítico que tiene con otras naciones como China y obviamente Rusia, y también para posicionar a la industria nacional. Ya ha establecido, por ejemplo, esta desregularización de la Inteligencia Artificial y anunció un megaproyecto junto con privados para que Estados Unidos sea el líder en la materia. Dijo explícitamente que otros países como China son competencia. Eso implica un problema para el resto del mundo porque radicaliza las posiciones.

El concepto de multilateralismo se va concentrando en relaciones par a par. Ante este escenario, los países latinoamericanos tienen que tener convicción de trabajar en conjunto. Creo que América Latina tiene como desafío generar un mercado digital común, donde la experiencia y la idiosincrasia trabajen de forma coordinada como lo hace la Unión Europea, estableciendo cierto resguardo de mercado y en la relación con Estados Unidos. Siento que es una oportunidad para que los países trabajen en bloque, coordinados, y para que la visión tecnológica tenga una lógica común.

Protección de derechos y libertades individuales

Óscar González, abogado y consultor especialista en regulación de telecomunicaciones, TIC y economía digital

La puesta en escena de las denominadas “Big Tech” en el marco de la asunción presidencial en los Estados Unidos da cuentas de las renovadas disputas globales en torno a la regulación y gobernanza de las tecnologías digitales.

En el marco de las referidas disputas, cobra importancia para los países democráticos de nuestra región promover entornos regulatorios de libertad y competencia, facilitando la innovación tecnológica y la creación y comercialización de contenidos, aplicaciones y servicios. Ello requiere la atención de gobiernos y reguladores a tres aspectos centrales.

En primer lugar, la protección de derechos y libertades individuales como parte inescindible de la gobernanza digital. Ello incluye la promoción del acceso a la conectividad como soporte de la digitalización, la protección de la privacidad y los datos personales y la garantía de la libertad de expresión y el acceso a la información.

En segundo término, una inteligente aplicación de las herramientas de defensa de la competencia para evitar o corregir prácticas abusivas en el mercado digital, contemplando la naturaleza global de sus principales actores.

Finalmente, atender a los imperativos de ciberseguridad y ciberdefensa de la gobernanza digital, en alianza con los países que respetan los derechos y libertades individuales, frente a aquellos que promueven el uso indebido de Internet o de las herramientas o técnicas algorítmicas para la vigilancia ilegal, la opresión y la represión que no se ajustan a los principios internacionales de derechos humanos.

América Latina debe redefinir su rol como un actor consciente, crítico y colaborativo

Rodrigo Ramírez Pino, exsubsecretario de Telecomunicaciones de Chile

La reciente asunción de Trump trajo consigo medidas significativas en el ámbito tecnológico, lo que supone una primera definición sobre los cambios en las redes sociales, conservadurismo político y control algorítmico: el contexto actual exige a América Latina a repensar el cómo habitar las plataformas digitales.

La asunción de Trump en este nuevo periodo, acompañado de un claro apoyo de la “oligarquía tecnológica”, plantea interrogantes fundamentales sobre el impacto de esta simbiosis entre el poder político y las grandes corporaciones tecnológicas y el nuevo modelo de la propaganda masiva. El proyecto Stargate resalta no sólo su interés estratégico de consolidar el liderazgo tecnológico, sino también el poder desmesurado que estas empresas pueden ejercer sobre la política pública y la economía global.

Las decisiones políticas parecen estar cada vez más subordinadas a los intereses de un puñado de gigantes tecnológicos, cuyas prioridades no siempre coinciden con las necesidades de las mayorías. Estas empresas, con una enorme capacidad financiera y de cabildeo, corren el riesgo de capturar las instituciones democráticas para consolidar su posición de poder. La iniciativa Stargate, aunque visionaria, podría acentuar la desigualdad entre países desarrollados y en vías de desarrollo si se utiliza como una herramienta de dominación económica y tecnológica.

Además, la creciente dependencia de plataformas tecnológicas privadas para la gobernanza, educación y defensa puede generar un entorno en el que los derechos ciudadanos se vean supeditados a las normas corporativas. La privacidad, la protección, la neutralidad tecnológica y el acceso equitativo están en juego si la política se inclina hacia un modelo que priorice las ganancias sobre el bienestar común.

Ante este panorama, América Latina no debe limitarse a ser un actor pasivo o receptor de las políticas dictadas por la oligarquía tecnológica estadounidense. Por el contrario, es imperativo que los países de la región adopten una posición crítica y estratégica frente a estas dinámicas. Resulta crucial que la región desarrolle su propia capacidad tecnológica, invirtiendo en infraestructura digital, promoviendo startups locales y financiando investigación e innovación. Es hora de tomarse en serio el desarrollo digital.

La dependencia de tecnologías extranjeras perpetúa relaciones desiguales de poder y limita la soberanía tecnológica de la región. América Latina debe apostar a una soberanía digital teniendo como eje la promoción de inversiones masivas en Inteligencia Artificial e infraestructura digital y tecnológica. También los gobiernos latinoamericanos deben adoptar una postura firme frente a las corporaciones tecnológicas extranjeras, exigiendo condiciones que beneficien a sus economías locales, como transferencias de tecnología, empleo local y respeto por los derechos digitales.

Una visión conjunta entre los países de América Latina podría permitirles negociar en mejores términos con las potencias tecnológicas. La creación de un ecosistema tecnológico regional es clave para contrarrestar los efectos de la concentración de poder en el Norte. Frente a la tendencia de priorizar los intereses corporativos, la región puede liderar un modelo de desarrollo tecnológico que privilegie el bienestar social, los derechos humanos y la sostenibilidad ambiental.

El creciente dominio de la oligarquía tecnológica en la administración de Trump no sólo refleja una intensificación del capitalismo en la era digital, sino que también plantea una amenaza directa a los valores democráticos y a la equidad global. América Latina debe mirar más allá de la competencia tecnológica y redefinir su rol como un actor consciente, crítico y colaborativo. Sólo adoptando un enfoque que priorice la soberanía digital y tecnológica, la regulación corporativa y la integración regional, América Latina podrá construir una alternativa a la dependencia y convertirse en un motor de innovación ética y sustentable.

En este contexto, para América Latina hay tanto desafíos como oportunidades. La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China se ha intensificado y la región se encuentra en una posición estratégica para aprovechar este escenario. Entre sus virtudes está la capacidad para entrenamiento algorítmico, capacidad de nuevas industrias como los drones, capacidad para semiconductores y chips y la posibilidad de un mercado regional único que entregue incentivos fiscales a empresas que inviertan en sectores de alto valor agregado, innovación y capacitación.

Para que América Latina desempeñe un rol proactivo y beneficioso en este nuevo panorama tecnológico, es fundamental que los países de la región fomenten la inversión en infraestructura tecnológica y educación, diversifiquen sus relaciones internacionales y promuevan la integración regional, pues la colaboración entre países latinoamericanos puede fortalecer la posición de la región en negociaciones internacionales y en el desarrollo de proyectos tecnológicos conjuntos. 

En resumen, la nueva agenda tecnológica de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump presenta a América Latina la oportunidad de redefinir su papel en el escenario global. A través de políticas estratégicas y colaborativas, la región puede convertirse en un actor clave en el desarrollo y aplicación de tecnologías emergentes.

Consulta y descarga el especial de DPL News sobre el regreso de Trump

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