Especial: Titanes de la geopolítica digital
La firma china DeepSeek nació en 2023, pero fue tapa de diarios a principios de este año cuando presentó su versión R1, un modelo de Inteligencia Artificial (IA) con competencia de razonamiento que destaca por su capacidad lógica y de resolución de problemas en tiempo real. Su rendimiento resultó comparable con interfaces de OpenIA, Meta y Google, aunque a un precio menor y con el diferencial de ser de código abierto.
Línea de tiempo
DeepSeek AI es, en pocas palabras, una plataforma de Inteligencia Artificial de origen chino. Se trata de una interfaz de código abierto creada para “superar los límites de IA para crear soluciones que impulsen a las empresas y potencien las capacidades humanas”. La firma opera dentro de una estructura de propiedad cuyo fundador es Liang Wenferg, su director, a través del fondo High-Flyer.
En noviembre de 2023 se lanzó DeepSeek Chat, un asistente de IA avanzado, diseñado para ofrecer respuestas precisas, generar textos y analizar datos. Casi inmediatamente después la plataforma soportó archivos y presentó mejoras de soporte para múltiples idiomas. Para mediados de 2024, la interfaz ya contaba con aplicación oficial para Android e iOS y ganaba adeptos con su segunda versión (V2).
El lanzamiento oficial de la versión R1 de DeepSeek, casi un mes más tarde que la presentación de la versión 3, movió los mercados. Sus características técnicas, precio y calidad provocaron una fuerte caída de las acciones de firmas tecnológicas estadounidenses –las acciones de Nvidia se desplomaron 17% en un día–, lo que fue visto como jaque al discurso de supremacía del país de Norteamérica en materia tecnológica.
Especificidades del Modelo R1


Según la propia compañía, el modelo R1 está especializado en lógica frente al generalista V3, permite sólo texto y es de uso avanzado para especificidades matemáticas. Sí es posible transicionar desde la aplicación tradicional a R1, en segundo plano, al activar modos como razonamiento profundo.

En la última semana surgieron, además, rumores de las capacidades que tendrá la versión R2: se espera mayor eficiencia a partir del uso de unos mil 200 millones de parámetros y que sea 97.3 por ciento más barata que GPT-4o.
¿Momento Sputnik?
Por sus consecuencias, el golpe de DeepSeek a Estados Unidos fue considerado como otro momento Sputnik. Esto se sostuvo además con otros argumentos, como el limitado golpe a China de las restricciones de chips (¿cómo pudieron hacerlo “solos”?) y el menor costo asociado, considerando que DeepSeek afirmó que entrenar sus modelos costó 6 millones de dólares.
Si bien ambos puntos están todavía hoy en el centro del debate, SemiAnalysis se concentró en el dinero en un análisis reciente que considera que el costo para la firma china para su modelo IA es ampliamente superior, de unos mil 300 millones de dólares. De acuerdo al reporte, el monto sólo considera gastos de capacitación previa de la GPU y excluye criterios como investigación y desarrollo, infraestructura y otros elementos esenciales.
El mismo informe señala que R1 iguala a 01 de Open AI en tareas de razonamiento, pero no es líder indiscutido en todas las métricas. Agrega, sin desmerecer su valor, que Gemini Flash 2.0 de Google tiene capacidades similares y es incluso más económico en determinadas formas de acceso.
Lucha geopolítica
La Inteligencia Artificial se convirtió en escenario habitual de disputas, más o menos explícitas, dentro de la competencia por lugares de elite en el orden mundial. La llegada de Donald Trump al poder y sus decisiones respecto a la relación de Estados Unidos con el resto del mundo crearán nuevos escenarios, claro, pero la tecnología se mantendrá como uno recurrente. Muestra de ello, es la declaración de la líder europea, Ursula von der Leyen, sobre la posibilidad de gravar a las Big Tech si fracasan las negociaciones con Donald Trump.
En un sistema en el que prevalece la idea de que Estados Unidos hace, Europa regula y China copia, el país asiático encontró en DeepSeek la forma de mostrarse lista para la pelea por el desarrollo de la IA pero, más que eso, volvió a dejar claro al mundo su capacidad de avanzar con un desarrollo tecnológico a la par de otras grandes potencias, respetuoso de sus propias reglas y, al menos a priori, a partir de una inversión menor a la desembolsada en otras latitudes. Soberanía tecnológica y más.