¿El alto costo del espectro es el único factor que explica la situación financiera de Telefónica y AT&T en México?
El régimen de regulación asimétrica está cumpliendo 10 años de imperar en el mercado de telecomunicaciones en México.
Tal marco regulatorio ha sido fundamentalmente haber diseñado un mecanismo normativo que, mediante la creación de ventajas relativas entre los concesionarios considerados como no preponderantes con cargo a aquel denominado como “preponderante”, ha tenido como objetivo redistribuir el ingreso y la posición en el mercado a favor de nuevos concesionarios nacionales o extranjeros.
Las ventajas se han mantenido hasta la fecha, a pesar de la eliminación de la tarifa cero de interconexión en 2018 en el servicio móvil y en 2019 en el servicio fijo, la imposición de la separación funcional y la continuación de tarifas asimétricas resueltas por el regulador, asimetría que favorece a los “no preponderantes” respecto de los ingresos que, por servicios equivalentes, pero con menor tarifa, sólo se aplican a los que provee en forma obligada el concesionario denominado “preponderante”.
Tal mecanismo de regulación asimétrica significó el regreso de una política industrial activa que funciona discriminando entre aquellos que deben de dejar de crecer, o forzar a decrecer, y aquellos a los cuales hay que subvencionar para que crezcan en el mismo mercado donde concurren unos y otros.
A 10 años los competidores relevantes en el servicio móvil han sido subsidiarias de multinacionales: Movistar México de Telefónica S.A. y AT&T por medio de la adquisición de lo que fueran Iusacell y Nextel en 2015.
Por otro lado, como “preponderante”, Telcel de América Móvil.
En el servicio fijo, los competidores relevantes han sido las empresas de televisión restringida como Grupo Televisa y Megacable, por un lado, y como “preponderante” Telmex/Telnor, pertenecientes al grupo de control de América Móvil.
Las subsidiarias de Telefónica en México, a pesar del apalancamiento regulatorio que logró obtener con la regulación asimétrica, se transformó finalmente en un operador móvil virtual, devolviendo al Estado en 2020 el total de las frecuencias que utilizaba, argumentado lo oneroso del pago de los derechos por el uso de tales frecuencias.
AT&T, de igual forma, ha devuelto espectro en dos ocasiones. En 2019 renunció a parte del espectro que tenía asignado en la banda de 800 MHz en dos regiones celulares del país y, a principios de 2023, regresó parte de las bandas AWS, ubicadas en los 850 MHz. Además, ha manifestado que no participará en las futuras licitaciones de frecuencias, argumentado el elevado costo de los derechos por su uso.
Si bien es cierto que el costo de los derechos recurrentes por uso del espectro en México es de los más elevados a nivel global, también es cierto que tal devolución de espectro obedece a otros factores como la evolución del ingreso medio por usuario (ARPU) esperado en los próximos años en el mercado.
Éste depende, a su vez, de la intensidad de la competencia y del crecimiento del ingreso en el país.
Así como de otras prioridades que, como multinacionales, tienen en sus países de origen o en el resto de los mercados donde operan y, por supuesto, la propia situación financiera de Telefónica S.A. y de AT&T en sus resultados consolidados.
La situación actual tanto de AT&T como de Telefónica no es la mejor para invertir recursos en mercados que resultaron haber desarrollado una competencia efectiva intensa que descarriló sus perspectivas iniciales, así como la prioridad por elevar el retorno de las mayores inversiones acumuladas en sus mercados prioritarios donde operan redes tanto fijas como móviles.
Ambas optaron por sostener su presencia en los mercados en donde incursionaron, pero condicionado a que no exijan mayores recursos, ante un costo del capital que se ha elevado a nivel global dadas las alzas de tasas de interés ante el retorno de la inflación a niveles que se creía no se volverían a observar.
La “fiesta” de las tasas de interés bajas y de invertir sin una mayor reflexión sobre el plazo para obtener un retorno positivo, ha terminado.
A continuación se exhiben algunos indicadores financieros de AT&T y de Telefónica (TEF) al cierre de 2021 y 2022 que revelan no sólo su tamaño relativo como multinacionales, también su situación coyuntural, dado su endeudamiento relativo, por lo que no todas sus decisiones en México obedecen sólo y exclusivamente al costo por la tenencia del espectro:
| Capitalización de mercado | EBITDA | Free Cash Flow (FCF) | Margen sobre EBITDA | Crec. de EBITAD | Retorno de activos | Pasivos / activos | |
| 2022 | |||||||
| AT&T | 114.03 | 41.4 | 12.4 | 34.3% | -5.8 | -1.75% | 73.6% |
| TEF | 24.04 | 12.8 | 4.9 | 21.4% | -3.4 | 2.1% | 77.1% |
| 2021 | |||||||
| AT&T | 176.3 | 43.9 | 26.4 | 32.6% | -19.0 | 4.0% | 66.7% |
| TEF | 23.14 | 13.3 | 3.8 | 19.5% | -22.2 | 10% | 80.6% |
Fuentes: WSJ e informes anuales de las empresas, cifras en miles de millones de dólares.
De los indicadores anteriores, es evidente que ambas multinacionales tienen un endeudamiento sustantivo que ha disminuido su capacidad de inversión en mercados ajenos a sus mercados prioritarios (en el caso de AT&T, Estados Unidos, y en el caso de Telefónica es Europa y Sudamérica).
Ambas han experimentado un decrecimiento continuo en su ingreso antes de intereses, impuestos, depreciación y amortizaciones (EBITDA) y un estancamiento como porcentaje de sus ingresos de su respectivo EBITDA, así como en su capacidad de generación de flujo de efectivo libre.
Al observar lo anterior, es inmediato que la respuesta sea la contracción de sus inversiones incrementales en México (participación en licitaciones de frecuencias) y que aumente su sensibilidad ante el nivel relativo de pago por los derechos de uso del espectro.
Sobre todo, lo que es de cuestionarse es cómo tales multinacionales fueron beneficiadas por la regulación asimétrica vigente en México por los últimos 10 años cuando las tasas de interés eran anormalmente bajas y el fondeo para que invirtieran en nuevos mercados estaba menos condicionado por el plazo del retorno futuro, el cual podría ser relativamente prolongado en contraste con lo que implica el actual nivel del costo del capital.
El contrafactual sería, en ausencia de una regulación asimétrica: ¿habría AT&T entrado al mercado mexicano adquiriendo Iusacell y Nextel? ¿Telefónica habría acumulado la tenencia de espectro que obtuvo en varias licitaciones en forma sucesiva?
Es muy probable que la respuesta sea afirmativa dado que la oportunidad y el bajo costo del capital, por el nivel de tasas en aquellos años, eran variables que significaban un mayor incentivo que la sola existencia del subsidio por entrar al mercado mexicano que ofrecía el nuevo marco normativo de telecomunicaciones en México, condiciones regulatorias no existentes en otros países de América Latina.
Para afirmar lo anterior se debe considerar que continúa la regulación asimétrica a pesar de la evidente competencia que existe tanto en los servicios fijos como en el servicio móvil.
Lamentablemente, se sigue arrastrando el lastre de la negativa a que Telmex ofrezca convergencia total en sus servicios fijos.
Pero lo que se ha modificado han sido las circunstancias financieras de tales multinacionales y su respuesta ante las diferentes condiciones de su costo de capital, totalmente diferentes a las que tenían entre 2013 y 2019.
Al finalizar 2014 Telefónica tenía un valor de capitalización de 54.5 mil millones de dólares y AT&T de 261.2 mil millones de dólares al cierre de 2016, cuando completó la fusión de las marcas de Iusacell y Nextel bajo la denominación de AT&T.
Al cierre de 2022 el valor de mercado de ambas ha disminuido alrededor de 56 por ciento.
La acumulación de endeudamiento de AT&T y de Telefónica y su deterioro financiero en sus resultados consolidados ha tenido como resultado la contracción de sus inversiones por medio de la devolución de espectro (de no haber devuelto espectro continuarían sufragando los derechos mediante la reinversión de utilidades o el aumento de su inversión directa en el país) y, por supuesto, abstenerse de adquirir mayor cantidad de espectro.
Un ejemplo contundente de la insuficiente capacidad de competir en México ha sido el de Telefónica, cuya participación de mercado en el servicio móvil de Internet llegó a ser de 18.7 por ciento a finales de 2015, pero disminuyó a sólo 9 por ciento al tercer trimestre de 2022.
A pesar de su transformación en un OMV, continúa con una pérdida operativa en 2022 de 190 millones de dólares desde los 366 millones de dólares de pérdida en 2021.
Es de señalarse que los ingresos en México sólo representan 2.5 por ciento de sus ingresos totales.
Telefónica no sólo ha devuelto espectro en México, lo ha hecho en Colombia, renunciando a una asignación temporal de espectro en la banda de 2.5 MHz, condicionando la renovación de frecuencias a llevarse a cabo en 2023 a la revisión del costo por su tenencia.
En Perú también, al abstenerse de participar en la licitación de frecuencias recién concluida.
Los ingresos de sus operaciones móviles en Colombia participan con 2.2 por ciento y de Perú con 2.3 por ciento en sus ingresos consolidados, respectivamente.
La participación de mercado en Colombia se ha mantenido en 25 por ciento y en Perú en el nivel de 30 por ciento entre 2020 y 2022.
De lo anterior se puede afirmar que la “sostenibilidad” de la tenencia de espectro depende del retorno de la inversión por su tenencia.
Ello no sólo depende de que las contribuciones fiscales sean a niveles del “benchmark internacional”, también de la situación de los mercados nacionales y de la expectativa de crecimiento que se tenga en cada uno de ellos.
En contraste, AT&T, cuya participación en México en este mismo servicio se ubica actualmente en 18 por ciento desde un 10 por ciento que tenía a finales de 2015.
Sin embargo, mantiene una pérdida operativa de 326 millones de dólares, aunque menor a la de 2020 que fue de 587 millones, a pesar del crecimiento de 14 por ciento en sus suscriptores entre 2020 y 2022.
Cabe señalar que sus operaciones en el país sólo representan 3 por ciento de sus ingresos totales.
La relevancia del mercado mexicano de ambas multinacionales en sus ingresos consolidados es evidentemente marginal.
Sin negar el desincentivo que significa el elevado costo recurrente del uso del espectro en México, es necesario reconocer que para tales empresas multinacionales sus decisiones respecto al mercado mexicano son resultado de la combinación de factores financieros de cada una de ellas, de la perspectiva de crecimiento del ingreso en el mercado nacional en los próximos años y la exigencia que significa un mayor costo del capital por virtud de mayores tasas de interés internacionales respecto al servicio de sus pasivos.
Del mismo modo, de una mayor restricción en su expansión o en sostener la operatividad en mercados marginales donde tienen operaciones, pero con una menor acumulación de inversiones en infraestructura física en servicios fijos y móviles.