El crédito sostenible se destina a personas naturales y empresas. Puede financiar actividades que contribuyan a mitigar el impacto ambiental y a reducir las brechas sociales.
Los bancos están destinando más recursos a la colocación de crédito sostenible, aunque las cifras todavía son pequeñas si se comparan con la cartera total.
En 2021, la cartera sostenible de la banca privada fue USD 1.901,8 millones, casi cuatro veces mayor que la cartera sostenible de 2019.
En 2019, la cartera sostenible fue de USD 511 millones, según la Asociación de Bancos Privados del Ecuador (Asobanca).
Crédito social y ambiental
Bajo el paraguas del crédito sostenible hay dos grandes grupos de productos crediticios:
Verde: Destinado a financiar bienes o iniciativas para mitigar el daño ambiental.
Social: Enfocado en atender a grupos vulnerables o que tradicionalmente tienen menos acceso a crédito.
Valeria Llerena, directora ejecutiva de la Red de Instituciones Financieras de Desarrollo (RFD), explica que el crédito sostenible social puede estar destinado a migrantes o refugiados, mujeres víctimas de abuso y personas de la tercera edad.
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