5G y los factores de un nuevo paradigma de competencia

China acaba de encender sus redes comerciales basadas en 5G. Lo anterior en medio de una “guerra comercial” con Estados Unidos que incluye una batalla por la supremacía tecnológica en los servicios de 5G. Los planes disponibles a los usuarios que son ofrecidos por China Telecom, China Unicom y China Mobile tienen un precio desde 18 y hasta 85 dólares mensuales por 300 GB de datos y 3 mil minutos de voz en 50 ciudades que incluyen Beijing, Shanghai, Guangzhou y Shenzhen.[1]

La asociación GSMA ha estimado que para 2025 China tendrá cerca de 600 millones de subscriptores a servicios 5G, lo que sería cerca de 40 por ciento del total global estimado.[2] Cabe señalar que las frecuencias para 5G en China se ubicaron en la banda Sub-6 GHz y que fueron asignadas gratuitamente por el Estado. Por su parte, en Estados Unidos se espera subastar frecuencias entre los 2-100 GHz toda vez que la banda Sub-6 GHz la tiene dedicada en exclusiva para usos militares. 

Además de China, también ha iniciado operaciones 5G Corea del Sur, con ello inicia la revolución móvil que implica el advenimiento de 5G que se expandirá por el globo.

Su expansión exigirá nuevamente reconocer que la competencia en el mercado de tales servicios será muy diferente a lo que observamos actualmente en los servicios móviles 4G. Lo anterior para decepción y frustración de algunos, pues la concepción de mercados que deben de tender a disminuir su nivel de concentración con servicios de telecomunicaciones tipo “commodities” escasamente diferenciados, donde sólo el precio es el relevante para el usuario, este escenario nunca llegará.

A pesar de la hostilidad de Estados Unidos, Huawei tiene el liderato en los equipos y en los estándares para redes 5G, mientras que sus más cercanos rivales en el resto de Asia, América y Europa son Ericsson, Nokia, Samsung y Qualcomm, pero en términos de patentes publicadas estas últimas se encuentran lejos de la primera posición tecnológica.

Huawei ha vendido más de 400 mil “massive MIMO”, antenas activas que son fundamentales para las estaciones base de una red 5G a finales de septiembre de 2019, mientras a finales de julio del mismo sólo suministró 150 mil estaciones base.

Por otro lado, a diferencia de los estándares para la banda ancha móvil de 5G que han sido determinados por una entidad internacional (3GPP), existen varias asociaciones de industrias que apenas empiezan a establecer estándares para Internet de las cosas (IoT), por lo que está abierta la oportunidad a un fabricante que actúe como fijador de estándares.

Asimismo, los servicios 5G no se encontrarán exclusivamente ligados a las redes que actualmente compiten en servicios 4G en términos de precio, capacidad de datos incluidos, cobertura, latencia y velocidad (download/upload); además de tales factores, se le añadirá todo un paquete de servicios, fundamentalmente ubicados fuera de los tradicionales equipos terminales (handset), incluida la conectividad de todos los dispositivos (ubicuidad privada y pública de sensores y plataformas) al que se expanda el IoT y las aplicaciones que, incluso sin saberlo los usuarios, implicarán aplicaciones de Inteligencia Artificial (AI).

Lo anterior conducirá a la competencia entre operadores de 5G que incluyan aplicaciones propias que ofrezcan sus redes, y que todos sus usuarios hagan uso simultáneo de todos aquellos servicios basados en capacidades de AI y que residan en capacidades de computo que exceden lo que ahora pudiera ofrecerse con un teléfono inteligente. Lo anterior, toda vez que el procesamiento de datos ocurrirá en una red descentralizada de capacidad de computo que minimizará la latencia sin perder efectividad en la ejecución de aplicaciones basadas en 5G que residirán NO en el handset, sino en dicha red (Edge Computing).

Las aplicaciones que requieran de una enorme capacidad de procesamiento y, de igual forma, de una extraordinaria capacidad de almacenamiento y manejo de datos, estarán disponibles vía nuestro equipo terminal (handset) y todos los instrumentos conectados a la “nube”, por medio de la arquitectura descentralizada de capacidad de computo Edge Computing. Por lo tanto, la competencia irá más allá del handset y de la infraestructura pasiva de torres y antenas. Se ubicará en los servidores y sus capacidades de computo que tenga cada “concesionario”, así como en sus propios algoritmos.

Por lo tanto, las economías de escala y de alcance (multi-producción simultánea) se expandirán aún más, y el tamaño óptimo de los operadores se multiplicará, y los operadores posibles para un mercado nacional necesariamente disminuirá. Adiós a la nunca existente utopía pasiva de la competencia entre operadores fragmentados y múltiples, lo cual implicará un traumático cambio de forma de considerar la competencia para los fósiles que todavía anidan en entidades reguladoras y en operadores que buscan apalancarse en el cabildeo para sobrevivir.

Para que una red de 5G haga realidad sus capacidades va a requerir una red que esté monitoreando los eventos de cada usuario, así como los dispositivos conectados que cada uno de ellos tenga, en cada momento e incluso procesando y almacenado su huella digital que se genere en forma permanente, así como pronosticando de igual forma lo que el usuario necesita aún sin que se lo requiera. Por ejemplo, el monitoreo de los signos vitales de un usuario con un wearable, de tal manera que en un servidor en la red de la cual es suscriptor, un algoritmo basado en AI indique que tiene una hora para ir al hospital más cercano por un inminente infarto.

Es necesario entender que lo que denominamos como AI se refiere a un algoritmo que predice, es decir, que calcula probabilidades de un evento para dar una respuesta o realizar una acción. Cada vez que hay un reconocimiento de voz o de rostro, es un algoritmo el que recibe la imagen o el sonido y predice si es de un usuario o no con base en un ejercicio de probabilidad en el cual el nivel crítico se alcanza o se excede, lo mismo ocurre con los tan mencionados automóviles autónomos.

Las redes 5G, dada su elevada capacidad de transmisión de datos y su extraordinaria baja latencia, llevarán los datos de todos sus usuarios a la nube donde la capacidad de computo realiza tales algoritmos basados en AI para millones de usuarios en forma simultánea. ¿Existe todavía alguien que pueda pensar en redes atomizadas compatibles con un entorno de competencia altamente diferenciado basado en 5G y AI?

Seguridad 5G

Con toda esa “magia” surge la amenaza que si tal entorno o ecosistema digital será un “parque de diversiones” para los hackers y la ciberdelincuencia. La hiperconectividad conlleva la necesidad de una ciber-híper-seguridad.

La “huella digital” de los usuarios de servicios 5G crecerá en forma exponencial y con ello la vulnerabilidad a su privacidad y seguridad. Surgirá el “trade off” entre “huella digital” y “privacidad” y entre “personalización de los servicios basados en AI por redes 5G” y “privacidad”. Por ello, se requieren inversiones, regulaciones sobre información al usuario respecto de la salvaguarda de los datos que se generen en su relación con la red que actúa como su proveedor de servicios.  

La relación de generación de datos entre una red y su usuario va más allá de la red de telecomunicaciones y de conmutación, se extenderá hasta servidores con algoritmos y el procesamiento de un flujo permanente de datos dirigidos a equipos de computo remoto que se utilicen.

Sólo por mencionar un evento reciente, India confirmó un ciberataque a una planta nuclear usando un malware diseñado para extracción de datos (DTrack) que en 2016 fue usado para obtener datos financieros de millones de hindúes. El más citado ciberataque a un entorno primitivo de IoT fue el “Mírai  botnet”, el cual utilizó el tráfico de cientos de miles de cámaras para hacer caer el servicio de Twitter, Spotify y del New York Times en 2016.

Todos los países emergentes y desarrollados que tienen una iniciativa para digitalizar la vida cotidiana de sus habitantes necesariamente requieren de una iniciativa paralela para bridar seguridad a sus usuarios al irse incorporando a los servicios digitales y estar cada vez más inmersos en un ambiente online.

La digitalización de las relaciones de mercado, específicamente los mercados financieros, está creando un nuevo tipo de riesgo por la vulnerabilidad a ciberataques que podrán dar lugar a un riesgo sistémico, es decir, un riesgo que puede tener consecuencias para todos los actores en los mercados financieros a niveles de pánico que comprometa la viabilidad de un agente económico en el mercado.

La inversión en ciber-híper-seguridad es un factor que se adiciona como factor de economías de escala y de alcance, por lo que, de igual forma, expande el tamaño óptimo de un operador 5G en un mercado determinado.

En el libro titulado Surveillance Capitalism, Shoshana Zuboff[3] afirma que “el capitalismo vigilante unilateralmente reclama la experiencia humana como un insumo gratuito para generar datos de comportamiento. Aunque algunos de esos datos son aplicados para la mejora de bienes y servicios, el resto es declarado como excedente apropiable del cual se alimentan los procesos conocidos como “machine learning” y fabricados como productos predictores que anticipan qué hará usted ahora, pronto y después”.

Como respuesta a estas preocupaciones se han creado regulaciones tales como el reglamento de Protección General de Datos Personales en Europa (GDPR) y la nueva legislación de privacidad en el estado de California, que entrará en vigor en 2020.

La solución no sólo proviene de regulaciones y penalizaciones, proviene de un entorno de rivalidad y con transparencia en información en la relación comercial. El usuario es libre de intercambiar los datos que genere a cambio de otros beneficios que le signifiquen un excedente en términos económicos.

Recordemos que recibir un servicio gratuito no significa que no tenga valor para el usuario, sólo que no tuvo un precio.[4] Un intercambio no es “unilateral” en tanto el usuario pueda elegir entre alternativas; la existencia de alternativas depende del valor que ofrezcan a sus usuarios y no del “tamaño” que tengan en términos de suscriptores, de terabytes de datos generados o recopilados o de cualquier otra métrica para afirmar que actúa de forma unilateral o sin consentimiento.


[1] Wall Street Journal, “China Is About to Switch On 5G. It’s Behind the U.S., but Not for Long”, 30 de octubre de 2019.

[2] Financial Times, “A big part of China’s 5G opportunity lies at home”, 28 de octubre de 2019.

[3] Shoshana Zuboff, “The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power”, Profile Books, Londres (2018).  

[4] Daniel Castro y Michael McLaughlin, “Survey: Few Americans Willing to Pay for Privacy”, Center for Data Innovation, 16 de enero de 2019. Disponible en: https://www.datainnovation.org/2019/01/survey-few-americans-willing-to-pay-for-privacy/