En el marco del 25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) hace un llamado a visibilizar y combatir la violencia que se produce en espacios digitales.
De acuerdo con el más reciente reporte de la UIT junto con Plan International, la violencia en línea no es simplemente un problema técnico, sino una cuestión estructural de desigualdad. Según Charlotte Stemmer, jefa de la Oficina de Enlace de las Naciones Unidas para Plan International en Ginebra, Suiza, y Sylvia Poll, asesora superior de Género y Juventud de la secretaria general de la UIT, el acoso digital, el abuso y la exclusión limitan la participación de las niñas y adolescentes en espacios online, afectando su libertad de expresión y su capacidad para liderar y conectarse con otros.
Este tipo de violencia refleja profundas brechas sociales como la discriminación que enfrentan las niñas por su género, origen étnico, identidad o clase social, lo que incrementa su vulnerabilidad en Internet.
Los perpetradores usan herramientas digitales para ejercer control, intimidación, amenazas, discurso de odio y abuso basados en género. Por ejemplo, la Inteligencia Artificial (IA) Generativa facilita la creación de imágenes sexuales que mantienen a las mujeres como el objetivo principal en 99% de los casos, de acuerdo con el informe State of deepfakes 2023 de Security Hero.
Además, esta tecnología potencia la difusión de contenidos misóginos, imágenes dolorosas y violencia simbólica, lo que agrava el problema, ya que estas agresiones en línea pueden tener consecuencias letales fuera de la red, pues existen vínculos entre el abuso digital y la violencia física.
Ante este panorama, el informe plantea recomendaciones concretas, como fortalecer marcos legales contra la violencia tecnológica, promover la rendición de cuentas de las plataformas digitales y reimaginar la forma en que se diseñan las herramientas digitales para que integren de manera efectiva criterios de género, privacidad y seguridad.
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Por otra parte, en el estudio Free to Be Online? de Plan International, que recoge testimonios de más de 14,000 niñas y jóvenes alrededor del mundo, se confirma que más de la mitad han sido acosadas o abusadas en redes sociales mediante lenguaje ofensivo y humillación, amenazas de violencia sexual, chantaje emocional, body shaming y difusión de imágenes inapropiadas o no deseadas.
Estas agresiones tienen consecuencias reales. Muchas niñas dicen sentirse inseguras, e incluso 84% de las adolescentes españolas temen que se use su imagen para crear contenido sexual falso con IA, como destaca el informe Así somos: el estado de la adolescencia en España, por lo que han reducido su presencia en línea o incluso han abandonado temporalmente redes sociales.
Para hacer frente a ello, Plan International propone mecanismos de reporte inclusivos y accesibles, recolección de datos desagregados que consideren identidades interseccionales, y sanciones para los agresores.
Las tres organizaciones coinciden en la importancia de la lucha contra la violencia digital, que no puede recaer sólo sobre las víctimas. Al contrario, se necesita un enfoque integral que incluya a los gobiernos, que deben fortalecer leyes que tipifiquen y sancionen la violencia digital, así como incluir la perspectiva de género en sus políticas de seguridad y justicia.
Por su parte, las empresas tecnológicas tienen la responsabilidad de diseñar plataformas con mecanismos de reporte efectivos, sistemas de moderación transparentes y procesos que den prioridad a la privacidad y a la seguridad de los usuarios; además de fortalecer la educación digital para capacitar a niñas, jóvenes y educadores en alfabetización digital, no sólo para navegar el mundo online, también para reconocer y actuar frente a las amenazas.
El último factor es la inversión y el apoyo, fundamental para que donantes y organizaciones financien iniciativas lideradas por niñas, jóvenes y feministas digitales, además del empoderamiento de las comunidades, partiendo de la idea de que cada persona puede contribuir a un entorno digital más seguro denunciando el abuso, apoyando a sobrevivientes y disputando las normas de género que normalizan la violencia online.