Violencia y mar de sangre en los medios

El Economista Jorge Bravo

Los medios de comunicación, las noticias en la radio, la televisión, los periódicos y las redes sociales están pletóricas de narraciones, imágenes explícitas y escenas escalofriantes de violencia.

La teoría normativa de los medios de comunicación explica que éstos son un reflejo del sistema político y de la sociedad donde operan.

El clima de violencia de todo tipo, criminalidad, inseguridad y prácticas antisociales en México (aunado a la falta de empatía colectiva, como quedarse a disfrutar una pelea y grabar con el celular un acto de violencia en lugar de intervenir para que las cosas se calmen) tienen un reflejo inmediato en los noticiarios, la prensa, los medios digitales y la colectividad que los consume.

Ya sabemos que la violencia vende y les encanta a los medios mostrarla y hacer apología de ella porque es negocio. También es indudable que la violencia genera interés y morbo en la sociedad. Pero debemos preguntarnos cómo esta exposición excesivamente gráfica nos afecta y qué responsabilidad tienen los medios en su presentación.

La sociedad lleva años siendo testigo no sólo del México profundo, sino del más macabro y sanguinario momento de la historia reciente con crímenes, matanzas, golpizas, secuestros, feminicidios, maltrato animal, carambolas de la muerte, enfrentamientos armados, ecocidios e infinidad de accidentes fatales provocados por la insensibilidad y la negligencia institucional.

El mar de sangre, la narcoviolencia y la criminalidad desbordada han inundado los cuadrantes, las pantallas, las primeras planas, las redes sociales y las conversaciones en los hogares.

La violencia se ha normalizado, pero es tal su escalada reciente que esta dinámica de comunicación, información y noticias intoxicadas de cortisol lleva a dilemas éticos de los medios que deben ser abordados por quienes tienen la responsabilidad de informar con perspectiva de derechos humanos.

El tema más delicado y polémico es la proliferación de imágenes y videos de atrocidades y narcoviolencia en México, con escenas que nos hacen cerrar los ojos o desviar la mirada ante los crímenes cada vez más inhumanos y su impactante influencia en la sociedad.

La inseguridad, la violencia y el crimen, en particular el narcotráfico, son realidades perennemente arraigadas en la cotidianidad mexicana. La forma como los medios presentan estas temáticas tiene un impacto duradero en la percepción pública y en la salud emocional de los individuos.

Estudios han demostrado que la exposición repetida a imágenes violentas puede desensibilizar a las personas, normalizar la violencia y mermar la capacidad de empatía hacia las víctimas. Eso es exactamente lo que está ocurriendo en México en este momento.

Además, este tipo de contenido puede generar miedo, ansiedad y estrés en la población, especialmente en quienes viven en las áreas afectadas por la narcocriminalidad. Los medios deben saber que la violencia afecta directamente a las personas y comunidades involucradas. Es fundamental tratar el tema con sensibilidad y empatía.

No se sugiere evitar, ocultar o censurar la violencia realmente existente, sino encontrar un equilibrio entre la responsabilidad de informar, el respeto a la dignidad humana y el riesgo de hacer una mayor apología de las prácticas antisociales.

La violencia se ha instalado como una forma de resolver conflictos entre las personas, en lugar de apelar a las instituciones, las autoridades y el Estado de derecho, claramente larvados en México.

Los medios deben evitar mostrar imágenes y videos de violencia gráfica y explícita; contextualizar la violencia para que los espectadores entiendan las causas y las consecuencias de la misma.

Además de los medios de comunicación tradicionales, las redes sociales juegan un papel importante en la difusión de la violencia. Ahora son el espacio donde se suben videos e imágenes compartidos por los propios grupos criminales, las víctimas o los testigos de acontecimientos de alto impacto.

Una de las mejores prácticas editoriales es evitar la difusión indiscriminada de imágenes y videos extremadamente violentos. Si bien es imperante informar sobre los hechos, mostrar escenas descarnadas puede generar una desensibilización de la sociedad. Es necesario seleccionar cuidadosamente las imágenes y videos a difundir, priorizando aquellos que ayuden a contextualizar la noticia y transmitir el mensaje principal sin exponer innecesariamente a las personas.

Además, siempre hay que explicar la violencia y narcoviolencia en un marco más amplio de análisis. Mostrar hechos aislados contribuye a una visión distorsionada de la realidad y a crear una mayor percepción de inseguridad.

Las mejores prácticas periodísticas contemplan seleccionar y contextualizar, investigar a fondo, limitar el sensacionalismo, poner énfasis en las causas y posibles soluciones, proteger a las víctimas y ofrecer recursos y líneas de ayuda para los afectados.

También hay que evitar la justificación y la glorificación de la violencia y los criminales. Los medios de comunicación no deben mostrar a los narcotraficantes y delincuentes como celebridades, porque los convierte en modelo a seguir en una sociedad donde los valores básicos se han perdido y las oportunidades económicas y de desarrollo son cada vez más complejas para ciertos sectores vulnerables de la población como los jóvenes.

Es crucial mostrar una postura crítica hacia la violencia y resaltar la importancia de la justicia, las instituciones, el respeto a la ley y la seguridad ciudadana como normas de convivencia.

Los medios deben fomentar el debate y la reflexión sobre la violencia. Esto implica dar voz a distintas perspectivas de conocimiento, incluidos expertos en seguridad, médicos, víctimas y organizaciones sociales dedicadas a la prevención de la violencia.

Al promover el diálogo, los medios contribuyen a generar conciencia y encontrar soluciones a un problema que parece no tener fin y que nos afecta a todos. Porque tú o yo podemos ser la siguiente víctima.

Twitter: @beltmondi