miércoles, febrero 8, 2023
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Una alternativa al alto impacto ambiental de la minería de Bitcoin

Frente al elevado impacto ambiental que tiene la minería de Bitcoin, ha surgido una alternativa más ecológica, aunque no es más segura ni impermeable frente a la censura gubernamental.  

A inicios de 2021, la compañía de minería de Bitcoin Bit Digital sacó sus computadoras de China, con lo que se anticipó a la prohibición del criptominado que el gigante asiático hizo en septiembre del mismo año, motivado principalmente por su impacto ambiental

El anunció desató el caos en la industria y provocó una venta masiva de las computadoras utilizadas para minar Bitcoin, y las compañías trataron de enviar más de 2 millones de máquinas fuera de China, que llegaron en cajas a países como Estados Unidos, Rusia y Kazajstán. 

En 2020, China fue sede de alrededor del 65 por ciento de la producción mundial de Bitcoin, según una estimación de la Universidad de Cambridge. Y, aunque el país prohibió la minería por varias razones, una de ellas fue el consumo masivo de energía que requiere y la obstrucción que implicaba para cumplir su objetivo de neutralidad de carbono para 2060.

Sin embargo, los reguladores chinos no son los únicos preocupados por el impacto ambiental de la minería de Bitcoin. El último cálculo del Índice de Consumo de Electricidad de Cambridge estima que la minería de BTC consume 133.63 teravatios hora al año de electricidad, más que Ucrania y Noruega. 

Esta cifra sigue creciendo: actualmente, la minería de Bitcoin usa 66 veces más electricidad que en 2015.

Los entusiastas de la critptomoneda dicen que la prohibición de China demostró la resistencia de la red, ya que, aunque la “tasa de hash”, una medida del poder de cómputo global dedicado a la minería de Bitcoin, se desplomó en el momento de la represión, se recuperó a finales de 2021.

Debido a ello, el consumo de energía de Bitcoin ahora representa una amenaza existencial para la industria minera, con un número creciente de legisladores en todo el mundo que buscan seguir el ejemplo de China.

Migración de la minería y futuro incierto 

Inicialmente, Kazajstán dio la bienvenida a los mineros de Bitcoin expulsados de China como un potencial beneficio para la economía. Atraídos por la promesa de una regulación laxa y energía barata, se estima que una quinta parte de la minería llegó ahí. Pero la voraz demanda creó una intensa presión sobre la red en invierno y llevó al gobierno a exigir que los operadores de red les limitaran el suministro de energía, por lo que algunas instalaciones se quedaron sin electricidad.

Incluso en los paraísos de las energías renovables, el futuro de la minería de Bitcoin no es seguro. Islandia, que obtiene casi toda su energía de fuentes renovables, no recibirá más mineros en sus costas.

Los reguladores en Suecia dicen que la minería extrae energía de industrias más productivas y actualmente están presionando a la Unión Europea para que prohíba la práctica por completo. E incluso en Estados Unidos, amantes del libre mercado, un número cada vez mayor de legisladores están amenazando la industria.

Alternativas 

En teoría, un Bitcoin más verde es posible. El consumo de energía de la moneda digital está vinculado a su protocolo subyacente de “prueba de trabajo” (PoW). Este es el mecanismo de consenso descentralizado que protege la moneda y evita el fraude o la piratería, en ausencia de supervisión por parte de los bancos u otro organismo centralizado. Y el papel de los mineros consiste en esencialmente verificar las transacciones en la cadena de bloques (Blockchain). 

La minería de Bitcoin es como un concurso en el que los mineros compiten para resolver complejos acertijos criptográficos. Y el “ganador” agrega el siguiente bloque de transacciones al libro mayor distribuido, esto es, la cadena de bloques, y como premio obtiene una fracción de Bitcoin, llamada satoshi, en honor al pseudónimo que adoptó su creador, Satoshi Nakamoto.

Es probable que el minero que use la mayor potencia informática resuelva el problema más rápido, con lo que se crea el incentivo de gastar energía para ganar. Este creciente consumo de energía está alimentando la popularidad de una alternativa menos intensiva en energía: la prueba de participación (PoS).

Kathleen Breitman, la cofundadora de Tezos, una plataforma de cadena de bloques que permite a los usuarios crear e intercambiar tokens de seguridad, utiliza un mecanismo de consenso diferente al del Bitcoin, en el que, en lugar de que los mineros compitan con el poder de cómputo, compiten al prometer ‘apuestas’ de tokens.

Apostar una mayor cantidad de tokens, que corren el riesgo de perderse en caso de fraude, aumenta la probabilidad de que un algoritmo seleccione un nodo para introducir el siguiente bloque de transacciones, con lo que reciben recompensas en forma de más tokens.

Y, dado que la participación, es decir, la cantidad de tokens, y no trabajo, en otras palabras, el gasto energético, lo que asegura la red, PoS reduce la demanda de energía de la red en más del 99 por ciento en relación con PoW, por lo que se está volviendo más ventajoso a medida que aumentan las preocupaciones ambientales.

Ethereum, la segunda cadena de bloques pública más grande después de Bitcoin, planea cambiar a PoS para fines de 2022, y varias aplicaciones Blockchain nuevas, como Cardano y Polkadot, han optado por lanzarse utilizando este protocolo.

La Comisión Europea se encuentra entre los organismos reguladores que intentan incentivar a la industria para migrar a aplicaciones de PoW a PoS, pero la red Bitcoin hasta ahora se ha resistido a tal movimiento. 

El líder de activos digitales del Centro de Finanzas Alternativas de Cambridge (CAAF), Michel Rauchs, asegura que los entusiastas del Bitcoin sí son conscientes del impacto ambiental, aunque una minoría vocal en las redes sociales podría dar esta impresión. El problema es que la mayoría de los bitcoiners siguen convencidos de que PoS no es un reemplazo digno de PoW. 

Muchos entusiastas cripto creen que PoS subvierte los principios fundamentales de una moneda descentralizada que debe permanecer fuera del alcance de los gobiernos y el sistema bancario. “El problema con la prueba de participación es que no es confiable, objetivo, ni resistente a la censura”, declaró el líder de investigación en la empresa de inversión en activos digitales CoinShares, Chris Bendiksen.

Algunos bitcoiners afirman que el debate ambiental es exagerado porque el uso de energía caerá en los próximos años, debido a que la ganancia que reciben los mineros por acuñar nuevas monedas está programada para reducirse a la mitad aproximadamente cada cuatro años. Eventualmente, todos los Bitcoins serán minados, ya que la cantidad está limitada a 21 millones, y los mineros sólo recibirán tarifas de transacción.

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