Excélsior Paul Lara
No cabe duda, siempre hay empresas que aprovechan las crisis para ganar. Cuando lo hacen bien, se les considera grandes en cubrir oportunidades y apoyar a la comunidad, pero cuando lo hacen aprovechándose de una situación de emergencia para lucrar y no apoyar a sus semejantes, mintiendo sobre ello, no son más que basura de la mal llamada economía colaborativa.
En este último sector podemos catalogar a empresas como Uber Eats, Rappi, DiDi Foods, SinDelantal y a todas las apps delivery que han aprovechado la pandemia para lucrar con altas comisiones a costa tanto de los restaurantes que buscan subsistir en medio del encierro, como de los trabajadores repartidores que se han quedado sin empleo y buscan ganarse el sustento sin protección, sin seguro social y sin apoyo por parte de sus empresas.
Vamos por partes, para que piensen si siguen pidiendo sus alimentos o servicios a través de estas aplicaciones que sólo se llenan los bolsillos poniendo en dificultades la reactivación de una economía mal lograda como la nuestra.
Al inicio de la cuarentena, los pedidos a domicilio parecían ser la manera mediante la cual muchos restaurantes podrían sobrevivir ante la prohibición de permanecer abiertos. Las compañías que tienen apps de entrega se volvieron una opción hasta que comenzaron a aprovecharse de la situación y pusieron comisiones demasiadas altas, entre 25 y 30% por cada envío, lo que originó que en unas semanas la relación con el sector restaurantero se deteriorara.
Algunos datos dados a conocer por la Canirac muestran que previo a que se declarara la emergencia sanitaria en la capital, la media de los restaurantes de la capital mexicana obtenía 30% de sus ingresos por las ventas a domicilio, pero actualmente pasó a 80%.
En un recorrido que hice por la Condesa y la Roma, colonias que tienen en cada calle principal varios restaurantes, la respuesta fue la misma: “Espero el momento para dejar la app con la que realizo entregas. Vamos a cancelar y nunca volveré a ellas. ¿Por qué me voy a quedar con una app que se queda el 30% de mi venta?”.
Los dueños de los restaurantes preferirán destinar ese 30% que pierden en volver a lo que consideran la base, es decir, a repartir ellos y comprar sus propias bicicletas o motocicletas, si es que sobreviven.
Cansados de la falta de apoyos gubernamentales, varios de estos comercios de la CDMX se unieron para enviar una carta a las principales aplicaciones de entrega para pedir bajar las comisiones.
En una solicitud vía Change.org, con más de dos mil 500 firmas, piden que se les reduzca en 50% la comisión (15%), pues eso podría salvarlos mientras no puedan abrir sus espacios al ciento por ciento al público.
“Si comparten esta carga con nosotros, nos ayudan a aguantar la crisis. Trabajando juntos como aliados, sobreviviremos”, se lee en la petición. Sin embargo, muchas de las apps se han negado a ello y, en “apoyo”, sólo han diferido los pagos de estas comisiones.
Pero no sólo las comisiones son una cruz para el sector restaurantero. Si has usado estas famosas apps de la “economía descolaborativa”, de pronto verás que hay promociones. Lamentablemente, nos informan los dueños de los comercios, éstas se las imponen las mismas aplicaciones, sin necesidad de renegociarlas.
“Como cliente miras en la app un 50 por ciento de descuento, pero ese mismo 50% se lo cobran al restaurante de todas las órdenes que van llegando. Me sale más caro seguir manteniendo el negocio. Mejor apagué mis equipos como celulares y tablets, y se acabó”, comentan algunos.
En el caso de los que trabajan para estas apps como repartidores, que hay que ser honestos, a muchos les ha ayudado a paliar la crisis con un poco de dinero, pero las cosas no cambian mucho. No tienen seguridad social, se les cobra una comisión por un supuesto seguro que no funciona cuando tienen un accidente o les roban los alimentos, pues son ellos quienes pagan todo incidente.
Los que han sido atropellados durante su jornada de entrega, son desconocidos por las empresas de las apps, y cuando exigen su apoyo, los bloquean del servicio. Muchos de los que trabajan en este servicio son migrantes o gente con dificultad para encontrar un empleo, por lo que prefieren quedarse callados ante estos abusos.
Si buscan apoyar a su restaurante local favorito, llamen directamente para hacer su pedido y vayan a recogerlo. O compren bonos o tarjetas de regalo o donen para alimentar a los trabajadores de primera línea.
Si el restaurante sólo vende a través de aplicaciones de entrega, busquen cuál es la opción más justa. No hay de otra si se busca ayudar.