El modelo económico imperante está a debate: la IV Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo (FfD4), celebrada del 30 de junio al 3 de julio en Sevilla, exhibió las fisuras de la arquitectura financiera global definida en Bretton Woods.
Dentro de esta, entendida como el conjunto de marcos, normas e instituciones que salvaguardan la estabilidad y el funcionamiento del sistema financiero mundial, quizás lo más cuestionado es el papel toral del Fondo Monetario Internacional (FMI) en la gobernanza económica mundial: “el FMI se tiene que liquidar como institución financiera multilateral”, espetó el presidente de Colombia, Gustavo Petro, durante la apertura de la conferencia.
Desde ese rincón de Andalucía, los países del Sur Global, mayoritariamente de África y América Latina, denunciaron la asimetría del sistema para acceder a financiamiento para el desarrollo, que afecta sobre todo a los países africanos, los países en desarrollo sin litoral y los pequeños Estados insulares en desarrollo.
Salta a la vista que los mayores problemas de los que adolece el sistema son: la desigualdad en la representación, la fragmentación financiera y la emergencia climática con su consustancial financiación sostenible, que precisamente fue el meollo de FfD4.
Al cierre de la Conferencia, los países reunidos firmaron el Compromiso de Sevilla, mediante el cual se comprometieron a erradicar la pobreza y el hambre en todas sus dimensiones y reafirmaron su compromiso con el multilateralismo, la cooperación internacional, y la solidaridad mundial. Estados Unidos se retiró de las negociaciones a una semana del evento, “alegando que no podía aceptar el borrador”, según la propia ONU, que detalló que “había intentado imponer restricciones”.
“En un mundo cada vez más fragmentado, necesitamos más que nunca un multilateralismo inclusivo y reforzado, porque el multilateralismo no es una opción: es la única vía para afrontar los desafíos globales”, aseveró el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, quien como anfitrión fungió también como el presidente de la Conferencia.
Por su parte, el secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, resaltó que “la financiación es el motor del desarrollo y ahora mismo este motor se está ahogando”, y reconoció que dos terceras partes de las metas de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) están rezagadas. La ONU estima un déficit de financiamiento para el desarrollo sostenible de 4 billones de dólares anuales, lo cual incluye acabar con la pobreza, el hambre y la desigualdad, así como luchar contra el cambio climático y proteger el planeta.
Es por ello que el Compromiso de Sevilla se enfoca en tres áreas prioritarias: movilizar recursos, lo que incluye triplicar la capacidad de préstamo de los bancos multilaterales de desarrollo; reformar profundamente el “insostenible, injusto e inasequible” sistema de deuda global y dar mayor voz a los países en desarrollo en la arquitectura financiera mundial.
Condiciones asimétricas
La presidenta de Honduras, Xiomara Castro, resaltó la necesidad de la inversión social, en infraestructura, energía, medioambiente y seguridad e hizo un llamado por la “transformación estructural del sistema financiero global” en aras de construir un modelo de financiamiento con justicia y dignidad que, aseguró, “debe tener como centro a los pueblos”.
Durante su participación en FfD4, Castro firmó acuerdos de inversiones que suman cerca de 400 millones de dólares; uno de 350 millones de dólares para los próximos 5 años, que incluye un crédito concesional de 76 millones y 100 millones del Banco Mundial, y otro crédito de 50 millones del Fondo para el Desarrollo Internacional de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), con cinco años de gracia y una tasa del 6%.
El presidente de Mozambique, Daniel Chapo, también exaltó la cooperación multilateral y llamó a construir una arquitectura financiera global más incluyente. Esto fue reforzado por el presidente de Senegal, Bassirou Diomaye Faye, quien abogó por una reforma de la gobernanza económica y financiera mundial para que sea más inclusiva y equitativa, así como la inclusión de los países del Sur en los procesos de toma de decisiones.
El líder de Kenia, William Ruto, llamó a reformar no sólo la arquitectura, sino también la infraestructura financiera internacional. Mientras que el primer ministro de Macedonia del Norte, Hristijan Mickoski, fue más allá y exhortó a crear un nuevo contrato social global, conformado por estrategia, capital y apoyo multilateral.
Este reclamo de los líderes de los países africanos y latinoamericanos no es gratuito. Según la UNCTAD, en 2024, la deuda pública global superó por primera vez los 100 billones de dólares (trillion USD) y alcanzó un récord de 102 billones. Los países “en desarrollo” suman 31 billones: (Asia y Oceanía concentran el 24%; América Latina y el Caribe, 5% y África, 2%).
Sin embargo, los costos del endeudamiento van en el orden inverso: África es la región con los intereses para deuda externa más altos del mundo, con 9.8%, seguida de Latinoamérica y el Caribe, con 7.1% y, finalmente, Asia y Oceanía, con 5.5%.
El propio organismo de la ONU reconoce la desigualdad arraigada en la arquitectura financiera internacional. “Esta dinámica se debe, en gran medida, a los elevados costos de financiación, que incrementan los recursos necesarios para pagar a los acreedores, lo que dificulta que los países en desarrollo financien inversiones”, reza en su reporte de 2025 A world of debt, publicado el 26 de junio.
La cuestión tecnológica
El Compromiso de Sevilla también cuenta con un apartado dedicado a la ciencia, tecnología, innovación y creación de capacidad, en el que reconoce las limitaciones de los países en desarrollo para acceder a todos sus avances.
La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) estima que se requieren 1.6 billones de dólares (trillion USD) para cerrar la brecha digital en el mundo. En el marco de FfD4, la UIT lanzó un nuevo catalizador de inversiones junto a ONU Comercio y Desarrollo (UNCTAD).
Por su parte, Nokia co-organizó un foro junto al Ministerio de Asuntos Exteriores de Finlandia, su país de origen, para explorar soluciones para cerrar la brecha digital, en el que congregó a representantes de la Comisión Europea, Citi, EIB Global, BID Invest y Safaricom PLC, además de la propia UIT.
Apoyo de banca de desarrollo en América Latina
El Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública de España firmó un acuerdo de cooperación con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para promover la transformación de la función pública en América Latina y el Caribe basada en un plan de acción anual con foco en tres ejes: transformación digital, ciberseguridad y servicios públicos.
La colaboración, fijada para el próximo lustro, contempla iniciativas de digitalización y uso estratégico de datos mediante la adopción de tecnologías emergentes como la Inteligencia Artificial y el fortalecimiento de la ciberseguridad.
Estados Unidos, ausente
En una comunicación pública tras la reunión de clausura del Comité Preparatorio de la conferencia, el representante estadounidense interino ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, Jonathan Shrier, notificó que Estados Unidos lamentaba que el texto “no ofreciera una vía para el consenso”.
En resumen, los países en desarrollo necesitan financiamiento para el desarrollo, y lo necesitan a bajo costo, no con tasas como mínimo dos y hasta cuatro veces más altas que las de sus homólogos desarrollados, para que no empeñen su futuro con los organismos multilaterales, en los que no tienen una suficiente representación y, por lo tanto, ni capacidad de decisión ni de voto.
“Hemos solicitado un texto conciso que no proponga mecanismos o iniciativas nuevos, costosos y duplicados que sólo socaven la eficacia de los esfuerzos existentes. Y ya no reafirmamos la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible ni los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como algo natural”, asentó.