?#Opinión | Reformulando las políticas y regulación del sector de las TIC

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Contexto tecnológico

Durante las últimas dos décadas, gracias a los constantes cambios y desarrollos tecnológicos, se ha observado una transformación profunda del ecosistema de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), llegando a desempeñar un papel crucial en la economía y la sociedad modernas, que se fundamenta en la dinámica constante de las preferencias sociales, las condiciones generales de la economía y la regulación.

La visión sistémica del sector de las TIC, que decanta en la conceptualización del ecosistema, incorpora el hardware y software informáticos, telecomunicaciones, electrónica de consumo y contenidos, aplicaciones y servicios basados en Internet, es decir, industrias que configuran una red de organizaciones, tecnologías, productos y consumidores fuertemente interconectados e intercambiando conocimientos, en un conjunto heterogéneo en constante evolución de componentes que co-crean valor y son co-dependientes para la supervivencia.[1]

Cada integrante del ecosistema proviene de un mercado diferente y, por sí solo, no entrega todos los productos y servicios a los consumidores finales, sino que es la articulación entre las empresas del sistema, el medio a través del cual se consigue la creación y oferta de valor, por lo que el ecosistema está formado e impulsado por un contexto social, tecnológico, económico y regulatorio.

El vertiginoso y constante cambio de la tecnología conduce las innovaciones digitales que están desafiando la existencia de las empresas establecidas e influyen de manera sistémica en las industrias y los mercados, configurando lo que hoy denominamos “disrupción digital”, que desgasta los límites y la perspectiva convencional con la cual se organiza de diferente manera la producción y la captura de valor.

La disrupción digital inducida por la tecnología digital es capaz de revolucionar la industria, cambia los modelos de consumo, las condiciones de competencia y el abastecimiento de la industria, afecta el sistema que crea valor, modifica la manera de aprovechar y enlazar los recursos haciendo más directas las transacciones.

Sin embargo, los procesos de innovación digital pueden venir de una o varias empresas, consiguiendo afectar sobre la creación y captura de valor de manera sistémica.[2]

Los elementos claves de la disrupción digital constituyen la innovación digital, los ecosistemas digitales y las lógicas valor.[3] Dígase que la innovación digital, en términos generales, combina componentes digitales y físicos con el propósito de crear nuevos dispositivos, servicios, modelos de negocio para ofrecerlos al mercado, con la particularidad de hacerlos parte de una red de agentes sociales, cuyas interrelaciones están mediadas por la tecnología para facilitar su difusión operación y uso,[4] impulsando fundamentalmente la transformación digital de la sociedad.

Los ecosistemas digitales corresponden a las redes sociotécnicas de tecnologías digitales interdependientes y actores asociados que están relacionados sobre la base de un contexto específico de uso.[5] La lógica de valores da cuenta de los principios del diseño, así como la integración en la innovación digital para crear y capturar valor que se oferta en el mercado digital.

La transformación digital constituye los cambios que provienen del uso de las tecnologías digitales en la relación que se muestra en la figura 1, con las cuales se consiguen impactar de manera importante en las operaciones empresariales, los procesos de negocio y la creación de valor.

Ya que se consideran inherentemente disruptivas, su impacto en los consumidores es determinante, ponen a su disposición información y comunicación, elementos con los cuales interactúan en el ecosistema, planteando sus propias expectativas.

Las tecnologías digitales que adoptan las empresas alteran el comportamiento y funcionamiento normal de los mercados. Lo que se observa es una combinación de productos y servicios existentes para proponer nuevas ofertas digitales que penetran en el mercado con más libertad, pero afectando la ventaja competitiva de los agentes establecidos.[6]

Finalmente, el uso de las tecnologías digitales genera una gran cantidad de datos que se aprovechan para examinar el comportamiento de los clientes, identificar sus necesidades particulares y en la mejora y eficiencia de procesos en las empresas prestadoras de los productos o servicios digitales, entre otros.

Figura 1. Relación conceptual de tecnología, ecosistema y transformación digitales

Fuente: elaboración propia.

La transformación digital actualmente ocupa un lugar preponderante en el mundo entero, es una realidad que avanza a un ritmo diferente entre países y regiones, afecta a todos los ámbitos de la sociedad y la economía y, como hemos señalado, abre nuevas posibilidades de trabajo en red y permite la cooperación entre actores, entre los cuales se intercambian datos para iniciar y desarrollar procesos.

El potencial de Internet, las tecnologías digitales, Internet de las cosas, los sistemas cognitivos, la Inteligencia Artificial, analítica de datos, la informática de servicios, la computación en la nube los sistemas y comunicaciones móviles, las redes colaborativas, los sistemas de cadenas de bloques (blockchain) los sistemas ciberfísicos promueven estrategias y habilitan plataformas digitales, basados en ecosistemas en los cuales desarrollan servicios inteligentes para productos digitales. Este escenario confirma que la economía y la sociedad son cada vez más digitales.

Tendencias que impactan los mercados

Figura 2. Factores que impactan los mercados

Fuente: elaboración propia a partir de información en Global ICT Regulatory Outlook 2017 de la UIT.

Originalmente, nos hemos referido antes de la década de 1980 en el siglo XX, a la regulación del sector de las telecomunicaciones; sin embargo, a partir de ahí la industria de las comunicaciones se ha convertido en el motor del crecimiento económico, llegando a configurar una transformación profunda.

En la perspectiva de la transformación digital, regular el sector de las TIC abarca varios sectores, lo que implica considerar nuevos aspectos normativos y herramientas para los reguladores, pues la razón fundamental viene del amplio impacto social y económico que causa el aprovechamiento de las tecnologías convencionales y emergentes, hoy presentes en todos los sectores de la economía y la sociedad.

Los desafíos regulatorios, cuyos objetivos principales se orientan al desarrollo de la economía, la inclusión social, la transformación de la industria, observan que las condiciones de competencia en los mercados deben ser equitativas para todos los agentes e independientes de la tecnología, basadas en los principios de la neutralidad tecnológica, a fin de garantizar que Internet cumpla con su función de facilitador de la innovación.

Asimismo, el regulador está preocupado de garantizar la neutralidad económica, en el supuesto de intervenir para conseguir una competencia eficiente sin socavar los incentivos económicos básicos.[7]

La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT)[8] se refiere al panorama normativo de las TIC, su evolución y celeridad, identificando las tendencias de mercado y regulatorias cuyo análisis desarrolla sobre la base de la información que proporciona el rastreador regulatorio de las TIC.

Sobre esa base es necesario contextualizar los factores que afectan el mercado (véase figura 2) y las tendencias regulatorias (figura 3).

La economía digital está creciendo cada vez más rápido y a un ritmo sin precedentes en todo el mundo, pues su núcleo, el sector digital, agrupa las Tecnologías de la Información y Comunicación, con las cuales se producen bienes y servicios digitales, elementos constitutivos de la producción económica que se origina en la tecnología digital con un modelo comercial basado en bienes o servicios digitales.

Esta realidad le da una posición relevante a la economía digital, que representa alrededor de 5 por ciento del PIB mundial y 3 por ciento del empleo global.

La economía digital parecería ser que se puede entender desde varias aristas, fundamentándose en las áreas de la transformación digital: el futuro del trabajo, la experiencia del cliente, las redes de suministro digital e Internet de las cosas que son posibles sólo a través de las conexiones en línea entre personas, empresas, dispositivos, datos y procesos, vertebrando la economía digital con la hiperconectividad, en un espacio definido por la interconexión en Internet, tecnología móvil y las cosas u objetos.

Es decir, un marcado énfasis en las TIC interconectadas e inteligentes para facilitar las actividades económicas. De esta manera, la competencia y la regulación de los mercados digitales cobran mucha importancia, dado que los mercados convencionales se han vuelto obsoletos.

Otro elemento clave inmerso es el de las comunicaciones móviles, con las cuales se consigue acceso ampliado a Internet, llegar a zonas geográficas alejadas, itinerancia continua, es decir, acceso a las redes y servicios en cualquier lugar y en cualquier momento y presencia de operadores virtuales que persiguen incorporar más suscriptores a los servicios.

Además, con la banda ancha móvil ha sido posible el desarrollo de la economía de aplicaciones.

La industria de las aplicaciones móviles ha experimentado un crecimiento casi sin precedentes desde 2007 cuando apareció el iPhone de Apple. A partir de ahí la especialización, generalidad y difusión cada vez mayores de los teléfonos inteligentes y otros dispositivos móviles han transformado los juegos electrónicos, el comercio minorista por Internet, las redes sociales, las operaciones financieras, la banca personal y empresarial, productividad, las modalidades de aprendizaje, las comunicaciones, el entretenimiento, los servicios gubernamentales, la  seguridad ciudadana, seguridad social, la gestión de movilidad, los requerimientos de emergencias, el turismo, casi una lista interminable de sectores involucrados y tareas que son posibles realizar con los dispositivos móviles.

Esto ha transformado las actividades económicas y sociales, permitiendo el desarrollo de la innovación, productividad y comunicación.

Hoy las TIC son un componente esencial en prácticamente todas las actividades del quehacer humano, comercial, empresarial, industrial, producción de conocimiento y acceso a la información, de entretenimiento, entre muchos otros, sobre la base del desarrollo de plataformas que integran tecnologías, redes y dispositivos que impulsan nuevas capacidades y servicios que se fundamentan en la masificación de herramientas de conectividad, terminales de usuarios y consumo de contenidos digitales.

La economía digital se expresa de alguna manera en la concentración de mercados. En este sentido, impacta en la organización de la economía en general.

Las empresas de base tecnológica concentran mercados y amenazan la competencia. Asimismo, el constante cambio de la tecnología consigue profundizar el desarrollo de unos sectores de la economía sobre otros y los modelos de negocio emergentes son disruptivos, capaces de poner en crisis muy grave a las industrias y empresas convencionales.

Globalización, concentración y consolidación de mercados es diferente entre sectores y es el resultado de múltiples factores. Los procesos de innovación tecnológica cambian el sistema productivo de la empresa.[9]

En el ciberespacio se producen las comunicaciones de Internet. Estas comunicaciones sufren frecuentemente ataques, daños y accesos no autorizados. Los delincuentes informáticos pretenden robar dinero, información, secretos comerciales, datos privados de usuarios, vulnerar transacciones, entre otras.

Estamos expuestos a amenazas de todo tipo a pesar de la evolución de las TIC, ante lo cual se han diseñado sistemas para la seguridad cibernética, como el conjunto de habilidades, técnicas, procesos y pruebas con el fin de garantizar la protección de redes, computadores, servidores, programas y datos frente a los ataques cibernéticos.

Tendencias que caracterizan la regulación

Figura 3. Tendencias que caracterizan la regulación

Fuente: elaboración propia a partir de información en Global ICT Regulatory Outlook 2017 de la UIT.

Los responsables de la emisión de políticas y formulación de regulación del sector de las Tecnologías de la Información y Comunicación se enfrentan actualmente al reto de cambiar y rehacer todos los ámbitos de la regulación, frente al dilema de si la regulación debe establecer las mismas reglas para todos los participantes, nuevos y establecidos, o el planteamiento de una regulación que observe normas menos restrictivas a los actores convencionales, prestando atención a las necesidades de cumplir metas y objetivos regulatorios

Pero sobre todo, que esa regulación sea lo suficientemente flexible para adaptarse al incesante cambio del sector de las TIC, y que por su naturaleza transversal también se coordina con otros sectores participantes.

Hoy caminamos hacia la consolidación del mundo digital. Por supuesto, los nuevos actores digitales han conseguido irrumpir en los mercados con productos y servicios con un valor que rompe la ventaja competitiva de los operadores o empresas establecidas. Por la acción transversal de las TIC, lo que se tiene es una integración y consolidación de mercados participantes en la prestación de bienes y servicios digitales.

No todos los países y regiones del mundo se encuentran en la misma situación de desarrollo de la sociedad digital. Precisamente, esta realidad ha sido analizada por la UIT en los informes Global ICT Regulatory de 2017, 2018 y 2020, en los cuales se analizan las generaciones de la regulación desde la primera de mando y control, pasando por la regulación de la liberalización de los mercados de productos y servicios, hasta proponer una quinta generación de regulación, consistente en la regulación colaborativa.

El valor de las infraestructuras de telecomunicaciones, disponibilidad y adopción de productos y servicios digitales, la capacidad de interactuar y pago electrónico de estos bienes y servicios, además de un adecuado entorno legal y reglamentario en cada uno de los países, determina su ubicación en las generaciones regulatorias.

Hay países como la mayoría de los de América Latina que se encuentran aún en la tarea de ampliar la cobertura móvil e incorporar a un importante segmento de la población que carece de conectividad y acceso a Internet.

Otros países han dado un paso más y trabajan en la interconexión de redes para facilitar un uso más amplio. Y otros países, ubicados en una situación más avanzada, trabajan para conseguir el despliegue de infraestructura digital en la cual se incorporan las tecnologías inteligentes e interoperables, así como las aplicaciones adecuadas para el desarrollo de IoT.

GSMA, en “Un nuevo marco regulatorio para el ecosistema digital” de 2016,[10] sobre la premisa de que “es el momento de un reinicio regulatorio, dado el despliegue de 4G y el desarrollo de la tecnología 5G, pensar cómo serán las ciudades inteligentes y la IoT, con estas nuevas tecnologías se prevé la implantación de redes complejas, nuevos proveedores y modelos de negocio innovadores”.

Al respecto, plantea la aplicación de tres principios para la formulación de políticas y regulación:

  • La regulación debe ser funcional, por tanto, independiente de la tecnología, es decir, su formulación debe orientarse para lograr el objetivo deseado.
  • La regulación debe ser flexible, dada la dinámica de los mercados que se basan en los procesos de innovación para la competencia entre agentes, en lugar del factor precio de los productos y servicios digitales.
  • Las políticas regulatorias deben rediseñarse desde sus cimientos, dado el cambio muy rápido que experimentan los ecosistemas digitales. Examinar cuando es necesaria la regulación, ya que la intensa competencia en el ecosistema plantea su eliminación o reducción a su mínima expresión, lo que se persigue entonces es una regulación diseñada para lograr el mayor beneficio posible al menor costo posible, considerando, por tanto, ser más rentable.

Se trata de aprovechar la transformación digital como motor para el desarrollo sostenible y la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS, UIT 2020).[11]

Con este horizonte lo que se plantea es definir un mecanismo para compartir la visión y asumir las responsabilidades comunes, tomando en cuenta que, al respetar los derechos de los usuarios, también se consigue que la tecnología cumpla siempre con su función primordial: ser la herramienta a través de la cual se atienden las múltiples necesidades del usuario final, basados en un acuerdo entre los agentes participantes, cuyas decisiones se basan en la información y las consideraciones pertinentes del impacto económico y social.

La nueva perspectiva de la regulación, animada por los paradigmas tecnológicos y los nuevos modelos de negocio, ahora debe considerar la llegada e implantación progresiva de 5G, el IoT, la oferta de múltiples servicios en la nube, así como la Inteligencia Artificial (UIT GSR 2019).[12]

En el Simposio se han definido las directrices de mejores prácticas regulatorias, consistentes en tres ámbitos:

1. Principios básicos de diseño para la regulación colaborativa.

a. La política y regulación deben ser holísticas para conseguir la transformación digital.

b. La política y la reglamentación deben basarse en la consulta y la colaboración.

c.  La política y la reglamentación deben basarse en pruebas.

d. La política y la reglamentación deben basarse en resultados.

e. La política y la regulación deben basarse en incentivos.

f.  La política y la reglamentación deben ser adaptativas, equilibradas y adecuadas para el propósito.

g. La política y la regulación deben centrarse en la creación de confianza y compromiso.

2. Puntos de referencia para la excelencia regulatoria y el rendimiento del mercado.

a. Mapeo de conectividad: el seguimiento del despliegue de los distintos tipos de infraestructura digital.

b. Métricas para el rendimiento del mercado.

c.  Medición de la madurez regulatoria y los niveles de regulación colaborativa.

d. Evaluación de impacto.

e. Las hojas de ruta regulatorias basadas en métricas autorizadas establecidas.

3. Herramientas y enfoques regulatorios para permitir la experimentación digital.

a. Espacio para la experimentación digital: desde licencias temporales hasta pilotos de nuevas tecnologías y Sandbox regulatorios, se pueden utilizar una gama de herramientas y técnicas para crear un entorno regulatorio dinámico.

b. Un marco pro-competencia para la transformación digital.

c.  Los incentivos regulatorios.

d. Medios y facilitadores de participación de las partes interesadas.

e. Los mecanismos sólidos y exigibles para la protección de los consumidores.

f.  Los mecanismos dinámicos y basados en el mercado para la gestión del espectro.

g. Evaluación de impacto regulatorio (RIA).

h. Soluciones ágiles de monitoreo basadas en datos.

i.   Los mecanismos diversificados para la participación y la retroalimentación de los consumidores.

j.   La necesidad de establecer los canales eficaces para la colaboración dinámica entre las autoridades reguladoras.

k. La cooperación regional e internacional en la definición de normas reglamentarias.

l.   La experiencia regulatoria se desarrolla continuamente para integrar nuevas tecnologías, competencias y habilidades y permitir la toma de decisiones basadas en datos y pruebas.


[1] Dr. Marco Iansiti y Gregory L. Richards. The information technology ecosystem: Structure, health, and performance

[2] Skog, D. A., Wimelius, H. y Sandberg, J. Digital Disruption. Bus Inf Syst Eng 60, 431–437 (2018). Disponible en: https://doi.org/10.1007/s12599-018-0550-4

[3] Nambisan, S., Lyytinen, K., Majchrzak, A., Song, M., 2017. Digital innovation management: reinventing innovation management research in a digital world. MIS Quart. 41 (1), 223–238.

[4] Fichman, R.G., Dos Santos, B.L., Zheng, Z.E., 2014. Digital innovation as a fundamental and powerful concept in the information systems curriculum. MIS Quart. 38 (2).

[5] Skog, D.A., H. Wimelius, and J. Sandberg. 2018. Digital Disruption. Business & Information Systems Engineering 53: 1-7.

[6] Vial, G. 2019. Understanding digital transformation: a review and a research agenda. The Journal of Strategic Information Systems.

[7] Krämer Jan y Stefan Seifert. Regulación de las comunicaciones en la era de la convergencia digital, perspectivas jurídicas y económicas. Editorial Universitaria Karlsruhe c/o Universitätsbibliothek. Este trabajo tiene licencia bajo la siguiente licencia Creative Commons: http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/de/

[8] UIT. 2017. Global ICT Regulatory Outlook 2017.

[9] Cuervo García, Álvaro. “Dinámica empresarial y consolidación sectorial.” Universia Business Review, no. 1 (2004): 96-105. Redalyc. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=43300109

[10] GSMA. 2016. Un nuevo marco regulatorio para el ecosistema digital. GSM Association.

[11] UIT. 2020. Regulación Mundial de las TIC, perspectivas 2020.

[12] UIT (2019) Global Symposium for Regulators (GSR) 2019. Best Practice Guidelines fast forward digital connectivity for all.