Especial: Titanes de la geopolítica digital
Fundada en 1985, Qualcomm se destacó como una de las empresas más influyentes de la era digital al transformar la manera en que el mundo se conecta. Fue pionera en el desarrollo del CDMA (Code Division Multiple Access), que revolucionó la telefonía celular en los años 1990, sirvió de base para las redes 3G y desempeñó un papel central en la estandarización y comercialización de las generaciones siguientes: 4G y 5G. Su actuación combinó innovación técnica con estrategia de propiedad intelectual, resultando en uno de los portafolios más grandes de patentes esenciales del sector.
Actualmente, es líder en chips para dispositivos móviles con la familia Snapdragon presente en miles de millones de smartphones, y también en la llamada Inteligencia Artificial (IA) embebida, que permite ejecutar modelos directamente en los dispositivos, sin depender de la Nube. A diferencia de competidores como Nvidia, enfocada en Centros de Datos, Qualcomm se especializó en Inteligencia Artificial distribuida, con foco en eficiencia energética y conectividad en tiempo real.
Esta combinación convierte a la empresa en un actor central en la carrera global por la soberanía digital. Qualcomm posee uno de los portafolios más robustos de patentes esenciales para la tecnología 5G. Según el informe de 2023 de LexisNexis IPlytics, Qualcomm ocupa la segunda posición global en número de familias de patentes concedidas, sólo detrás de Huawei.
Esta posición le otorga a Qualcomm gran influencia en la implementación del 5G, ya que cualquier fabricante que produzca dispositivos o infraestructura de quinta generación debe licenciar estas patentes. Y esto la convierte en una pieza clave en la geopolítica de la tecnología, con influencia directa sobre la cadena global de suministros y la soberanía digital de los países.
En un momento en que la soberanía tecnológica se ha convertido en una cuestión de Estado, Qualcomm se posiciona como una de las piezas centrales en el engranaje de la nueva geopolítica digital. Por un lado, defiende con firmeza las restricciones impuestas por Estados Unidos a China, especialmente en lo relativo a la exportación de semiconductores para empresas como Huawei. Por otro lado, presiona silenciosamente para obtener excepciones en esas mismas reglas, argumentando que el exceso de control podría debilitar al propio sector estadounidense y abrir camino para competidores extranjeros.
En juego está mucho más que chips: se trata de la capacidad de Estados Unidos para mantener su liderazgo en un mundo cada vez más orientado por la Inteligencia Artificial.
Mientras pelea en los pasillos de Washington, Qualcomm avanza en el tablero global. Hace pocos días, el 9 de junio de 2025, anunció la compra de la británica Alphawave por 2.4 mil millones de dólares. La adquisición posiciona a la compañía en el centro del disputado mercado de infraestructura para Centros de Datos e IA, fortaleciendo sus soluciones basadas en los procesadores Oryon y en las NPUs Hexagon, componentes que buscan rivalizar con el dominio de Nvidia en ese sector.
La adquisición también le ofrece a Qualcomm una nueva puerta de entrada para asociaciones estratégicas en computación de alto rendimiento, como el estándar NVLink Fusion, y refuerza su presencia en Europa, una región que ha buscado reducir la dependencia tecnológica externa.
En Asia, Vietnam se volvió clave en la estrategia de descentralización industrial de Qualcomm. La compra de MovianAI (una spin-off de la vietnamita VinAI) y la inauguración de un centro de investigación en Inteligencia Atificial en Hanoi, ambas en junio de 2025, muestran que la empresa apuesta fuerte por construir una cadena de innovación más diversa. El objetivo es claro: reducir la exposición a China, país que aún representa aproximadamente la mitad de los ingresos de la compañía, según estimaciones recientes.

Pero la guerra de los chips no se libra sólo entre potencias. En América Latina, Qualcomm encontró terreno fértil para afianzar sus raíces. Desde 2021, invierte en startups de IoT a través de un fondo creado junto con BNDES e Indicator Capital, que acaba de recibir una nueva ronda de 160 millones de reales (casi 29 millones de dólares). Además, mantiene una joint venture industrial en Brasil, en asociación con USI, para la producción local de módulos 5G y dispositivos conectados. El ejecutivo Luiz Tonisi, que lidera la operación regional, afirmó que los ingresos de la empresa en América Latina están en plena expansión, impulsados por proyectos de ciudades inteligentes, 5G Broadcast en Río de Janeiro y asociaciones con gigantes como NTT Data.