Hay que evitar que la emoción nos confunda. Durante mucho tiempo, consumidores y organizaciones anhelamos las capacidades que prometía la tecnología 5G, la quinta generación de redes móviles. Hoy, con avances relevantes en los despliegues de la innovación móvil, el entusiasmo nos puede llevar a imaginar escenarios poco realistas.
Por supuesto, no se trata de subestimar el efecto transformador que tendrán las redes 5G. En primer término, desde la óptica de la innovación tecnológica, esta generación móvil representa una contundente evolución, por ejemplo: ofrece velocidades de hasta 10 Gbps, que es mil veces más rápida que la tecnología actual, y en condiciones excepcionales, se podrían alcanzar hasta los 20 Gbps.
Sumado a esto, permite conectar casi un millón de dispositivos por kilómetro cuadrado con 10 veces más equipos que con infraestructura de red 4G y brinda una baja latencia de 1 milisegundo, frente al promedio de 20 milisegundos que registran las redes de la generación previa.
Esta robustez tecnológica, que sin duda marca un nuevo rumbo en materia de infraestructura digital, también contribuirá notablemente al desarrollo económico.
Durante los próximos 15 años, se estima que el aporte de la innovación 5G, al Producto Interno Bruto mundial, rondará entre los $1.4 billones y los $3.5 billones de dólares. En México, para el cierre de 2035, esta tecnología móvil estará añadiendo $730,000 millones de dólares al PIB nacional.
Respecto al volumen de usuarios, se estima que en dos años, es decir, para 2025, 45 por ciento de la población mundial contará con cobertura de esta nueva generación móvil, y 21 por ciento del total de conexiones móviles globales, que representa casi 1,800 millones de enlaces que se realizarán a través de tecnología de 5G.
Con este nivel de trascendencia, no es difícil imaginar un planeta totalmente orientado a las redes 5G, en donde otras formas de conectividad pierden terreno.
Sin embargo, una visión de este tipo resulta equivocada. En la consolidación de los servicios y productos 5G, una red de fibra óptica, por ejemplo, es una pieza clave.
Innovadora y poderosa, pero no infalible
A pesar de sus incuestionables fortalezas, la alternativa 5G no escapa de las dificultades y amenazas que rondan todas las conexiones móviles.
Al igual que otras opciones inalámbricas, el servicio de esta innovación tecnológica puede tener problemas para mantener la potencia de su señal en distintas circunstancias; por ejemplo, los materiales de una estructura podrían dificultar el paso de las frecuencias que usa la tecnología 5G.
Por eso, es una equivocación plantear dilemas falsos. En situaciones que complican o comprometen el rendimiento de una innovación móvil de quinta generación, no se encontrará mejor apoyo y complemento que una red de fibra óptica, y esto es algo que tienen claro los expertos en conectividad.
Esta visión integrada de la conectividad es la que en realidad prevalecerá, especialmente en los territorios productivos.
En ese sentido, imaginemos el complejo manufacturero de una compañía en el que se implementa una solución basada en Inteligencia Artificial e Internet de las Cosas, con el fin de automatizar las operaciones e ir adoptando prácticas de Industria 4.0.
Para habilitar la comunicación y colaboración entre cientos o miles de dispositivos, como robots industriales impulsados por IoT y Machine Learning, repartidos en distintas zonas de trabajo, una conexión 5G es una opción ideal en términos de infraestructura digital (súper alta velocidad, baja latencia, alcance de 1 kilómetro cuadrado), incluso para conectar servicios asociados como logística, administración, seguridad y almacén.
No obstante, no sería raro que el core de la solución con las aplicaciones que, entre otras funciones, controlan los equipos, almacenan la información, procesan los datos críticos y generan la analítica de las operaciones se encuentre en una plataforma de Nube.
En tal caso, una infraestructura digital fija es una alternativa más confiable que un enlace inalámbrico. A grandes rasgos, una red de fibra óptica en comparación con una infraestructura de 5G, brinda mayores velocidades, conexiones de mayor alcance, enlaces más estables que los inalámbricos, los cuales están sujetos a interferencias electromagnéticas; menores niveles de latencia, que son los óptimos para realizar telemetría en tiempo real; calidades simétricas, ya que cuentan con la misma velocidad de subida y bajada, entre otras ventajas.
El corazón de la implementación requiere enlaces más confiables y robustos para coordinar todo el trabajo.
Aprovechar todos los recursos de la innovación
En esta escena imaginada, y como debería ocurrir en un contexto de uso real, el punto central no es determinar qué innovación es mejor o más apta para una implementación particular. Resulta absurdo sugerir una competencia.
La meta del ejemplo es mostrar que las redes de fibra óptica y las conexiones móviles 5G no deberían considerarse como conceptos rivales, sino como innovaciones tecnológicas que se pueden complementar en una solución de conectividad robusta.
Esto también lo veremos en implementaciones de ciudades inteligentes y automóviles autónomos, donde 5G extenderá el poder de la conectividad móvil e inalámbrica y, para lograrlo con eficiencia, se respaldará en incontables antenas y sensores que estarán enlazados con una infraestructura de red de fibra óptica.
La emoción que nos genera la tecnología 5G está más que justificada. Combinar esta innovación móvil con las tecnologías transformadoras que hemos consolidado, como son la Inteligencia Artificial, Big Data, Data Centers y Aprendizaje Automático, brindará soluciones sorprendentes. Aprovechemos todos los recursos a nuestro alcance para seguir innovando.