Reforma Jorge Fernando Negrete P.
He señalado que existe un nearshoring diferente al que los analistas y medios convencionales han visibilizado. Una relocalización, que tiene que ver con atraer empresas de alta tecnología e investigación científica y tecnológica de frontera. No me refiero a las decenas o cientos de empresas que están entrando, vinculadas a estructuras industriales, tornillos, cables o proveedores secundarios de cadenas productivas.
Me refiero a la alta tecnología digital, a la industria de la manufactura digital y particularmente a fabricación de procesadores de cómputo, conocidos como chips y que son la base de la industria y la economía digital. Esta industria viene acompañada de investigación científica y tecnológica, capacitación técnica, genera empleos de alta calidad y establece estándares económicos de frontera donde se establece.
Los procesadores de cómputo, los chips, son pequeñísimas obleas de materiales complejos, fabricadas y distribuidas bajo procesos de la más alta, avanzada tecnología, calidad y cuya manufactura ahora se encuentra en el ojo de la geopolítica mundial.
La gran fábrica de estas piezas digitales es Taiwán y ya, decenas de países y economías poderosas quieren fabricar estas pequeñas obleas tecnológicas. Frente al conflicto Estados Unidos-China, España, Alemania, Francia, Portugal, el propio Estados Unidos, Canadá y hasta Reino Unido han presentado facilidades legales para negociar el aterrizaje de estas fábricas de alta tecnología.
Toda región consciente del potencial de una sociedad digital, preocupada por la geopolítica y la nueva economía del conocimiento, está construyendo un discurso de inversión fundado en racionalidad legal y políticas públicas avanzadas para atraer estas empresas.
La industria de procesadores de cómputo, o chips, es una industria que vale 440,000 mil millones de dólares. Cada fábrica tiene un costo de entre 10 y 15 mil millones de dólares, la fábrica más grande de procesadores mide el equivalente a 6 campos de fútbol y es capaz de crear hasta 12,000 trabajos directos.
México ya domina 4 de 6 procesos de la cadena de valor en la fabricación de procesadores (Carlos Robellón, Intel: México 5G): diseño, cortado, pruebas y distribución, pero no está en las partes más sensibles y con capacidad de derrame científico, tecnológico, económico y social, que son la litografía extrema y la fabricación de obleas.
La litografía ultravioleta extrema es la base toral de la industria de los chips y es una tecnología de frontera (UVE). Menos de cincuenta máquinas en todo el mundo son capaces de producir estas obleas.
Según cálculos del BID, “la ganancia potencial para América Latina y el Caribe de las oportunidades del nearshoring podrían representar un aumento de hasta 78,000 millones de dólares en nuevas exportaciones de bienes y servicios”, 35 mil millones de los cuales serían sólo para México.
El país ha retrasado los estímulos correctos para atraer esta industria: conectividad y estímulos fiscales, pero finalmente tomó una acertada decisión. Expidió el “decreto por el que se otorgan estímulos fiscales a sectores clave de la industria exportadora”. Este documento establece:
“Artículo Primero. Se otorga un estímulo fiscal a las personas morales que tributen… IV. Componentes electrónicos, como tarjetas simples o cargadas, circuitos, capacitores, condensadores, resistores, conectores y semiconductores, bobinas, transformadores, arneses y módem para computadora y teléfono.”
Y establece un notorio estímulo de “c) 88% para computadoras personales de escritorio y portátiles, servidores, impresoras, lectores ópticos, graficadores, lectores de código de barras, digitalizadores, unidades de almacenamiento externo y concentradores de redes de cómputo”.
La Secretaría de Hacienda ha dado un gran paso para incorporar a México con un destino digital de frontera. Falta bajar los precios del espectro radioeléctrico y que los Estados hagan su trabajo en mejora regulatoria y diseñar política digital 5G.
Presidente de Digital Policy & Law
@fernegretep