Los casos de uso para la Inteligencia Artificial (IA) son diversos, desde echar a andar vehículos sin conductor, apagar el gas en tu casa o pedirle a Siri que ponga tu canción favorita, hasta crear piezas de arte originales a partir del Aprendizaje Automático.
En el mundo del arte, la IA también puede aplicarse en todo sentido, con la creación de piezas e incluso en la experiencia del visitante.
En 2016, el Museo Quai Branly de París creó un espacio para Berenson, el robot crítico de arte que deambulaba por las salas del museo vestido con un bombín, abrigo y bufanda.
El robot fue creado por el antropólogo Denis Vidal y el ingeniero en robótica Philippe Gaussier; utilizaron la IA para registrar las reacciones de las personas a las obras de arte y así desarrollar su propio gusto.
Berenson funciona con una cámara a través de su ojo, registra las acciones de los visitantes, las graba y comparte a una computadora en otra parte del museo; las reacciones positivas se representan con círculos verdes y las negativas con círculos rojos.
“En el museo, el aprendizaje es controlado primero por un conjunto de visitantes a quienes se les pide que muestren a Berenson un objeto que mas les guste en nuestra área experimental, pero también un objeto que no les gustó”, dijo Vidal en una entrevista con Vice.
Otros caso de robots humanoides en museos es el robot Pepper, desarrollado por el Smithsonian Institution en Estados Unidos. Además, seis de los robots están en tres museos del Smithsonian: el Museo Nacional de Arte Africano, el museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana, el Museo Hirshhorn, así como en el Jardín de Esculturas y el Castillo Smithsonian.
Su propósito es responder las dudas de los visitantes y hacer más interesantes los recintos, incluso los asistentes pueden tomarse una selfie junto a Pepper, quien posa para la foto; el Smithsonian Institution ha dicho que planea desplegar más robots en otros museos.
El uso de la Inteligencia Artificial en museos se puede expandir hasta la interacción más allá de los robots. En 2016, Tate se asoció con Microsoft para emitir su premio IK a creativos digitales que podrían usar una plataforma de IA para permitir al público explorar, investigar o comprender la colección de arte británico de Tate de nuevas maneras. El programa ganador fue Recognition, un juego de combinación de obras de arte y fotoperiodismo, que escaneó cerca de 30 mil obras de arte digitalizadas para crear los pares. Por ejemplo, comparó una foto de Reuters de dos mujeres que se maquillaron, con una pintura de 1660 que tiene una composición similar. Las mejores coincidencias se colocaron en una galería en línea, acompañada de explicaciones de por qué el programa hizo la coincidencia.
Otro caso de uso similar fue el creado por Google llamado Lookalike. La IA compara una selfie y busca las coincidencias con obras de arte. La función se popularizó rápidamente en todo el mundo, además, Google se asoció con museos famosos a nivel mundial, atrayendo una mayor exposición.
La Inteligencia Artificial es útil no sólo para los visitantes, sino también para el personal de los museos. De acuerdo con Angie Judge, directora Ejecutiva de la startup Dexibit, la IA analiza desde el pronóstico de visitas hasta la comprensión de colecciones, mediante el uso de visión artificial que ayuda a clasificar o crear patrones de imágenes.