Reforma Clara Luz Álvarez
Sin políticas públicas adecuadas, las desigualdades del mundo físico se trasladan irremediablemente al mundo digital. En conectividad a internet, México puede brindar la mejor experiencia comparable con las de la Unión Europea, siempre y cuando se esté en la ubicación correcta (p. ej. en Ciudad de México), con el dispositivo adecuado (p. ej. teléfono inteligente de gama alta) y si se cuente con la capacidad económica necesaria. Si alguno de los anteriores elementos no se cumple -lo cual acontece en la mayoría de casos-, el acceso a internet puede ser nulo, limitado o inútil.
Las políticas públicas de inclusión digital a nivel mundial se habían enfocado principalmente al acceso a la infraestructura de internet y a la disponibilidad de un dispositivo como computadora, teléfono o tableta (nivel 1). Con los años, lograr esa conectividad mostró ser condición necesaria, mas no suficiente para que las personas pudieran usar el internet dado que las nuevas tecnologías precisan de habilidades digitales (nivel 2). Y no sólo eso, los resultados de la utilización de las nuevas tecnologías (p. ej. para el desarrollo personal, la interacción social) también pueden mostrar disparidades (nivel 3).
Si bien los países desarrollados están cerrando las brechas del nivel 1, ciertamente en países como México tenemos que atender los tres niveles, pues los contrastes que hacen de México un mosaico de muchos Méxicos con pocas personas que tienen todos sus satisfactores cubiertos y más de 55 millones de personas en pobreza (incluyendo 10.8 millones en pobreza extrema) (Coneval), exigen atender de manera focalizada las diferentes necesidades.
A lo largo de más de 25 años de investigaciones sobre las brechas digitales, Jan van Dijk ha concluido que resulta imposible reducir la desigualdad digital sin disminuir la desigualdad social, identificando a la movilidad social como el elemento más importante para reducir la desigualdad. En México la movilidad social es la excepción y nunca la regla, ¿qué estamos haciendo y que nos falta hacer como sociedad y como País para lograrla? ¿Cómo romper las castas mexicanas impuestas por siglos de desigualdad que pasan desapercibidas para muchos?
Con cierto desencanto, van Dijk vaticina que aunque se logre la conectividad total de la población, siempre existirán brechas, habrán personas que accedan al Internet de las Cosas (IoT), a la realidad virtual y aumentada, a aplicaciones más avanzadas que precisen de mayores habilidades, en tanto que otros estarán limitados a un único tipo de acceso al mundo digital.
Romper las brechas digitales debe superar la visión de que estas se deben a factores económicos y sociodemográficos, para mirar de manera crítica las estructuras heredadas e implementar programas y políticas públicas que busquen la igualdad de acceso, uso y aprovechamiento de las TIC que posibilite un ejercicio pleno de los derechos humanos a todas las personas que habitan este país, sin distinción.
TSJ-CDMX. “¿Sabe qué abogada? ¡Definitivamente así no puedo! Vamos a hacer un receso indefinido hasta que la señora Romero se calme porque me distrae mucho…” fueron las palabras de la jueza María del Carmen Patricia Mora Brito dependiente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México que preside el doctor Rafael Guerra, con lo cual castigó a la denunciante frente a su exesposo e imputado que cuenta con una orden de restricción. ¿Qué hace una persona como Mora Brito como juzgadora si carece de lo necesario para evitar la revictimización? Gracias a las redes sociales se visibilizó la actitud prepotente de Mora Brito que, cuentan, es la actitud que prevalece como regla y no como excepción en los juzgados penales. A quienes desean ejercer la importante labor de juzgar, deben actuar como lo destacó Sócrates: “escuchar de manera cortés, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente”.
Investigadora de la Universidad Panamericana
