México | Cibertecnología, el lenguaje prohibido para las comunidades indígenas

Milenio Aranxa Albarrán

La conexión a las tecnologías de comunicación permiten en la actualidad la construcción de una sociedad sólida que auspicia la interacción entre cada uno de los grupos sociales, sin embargo, en el Estado de México la brecha digital en comunidades indígenas impide que tengan una participación activa en la sociedad, cuya afectación se presenta en su limitado acceso a la educación, conocimiento sobre sus derechos y experimentan exclusión social.

De acuerdo con datos del Censo de Población y Vivienda 2020, el Inegi registró en el Estado de México 417 mil 603 personas hablantes indígenas de 3 años y más, de los cuales 308 mil 587 corresponden a los pueblos originarios: mazahua, otomí, nahua, tlahuica y matlatzinca. Respecto a lo anterior, el pueblo mazahua cuenta con 132 mil 710 hablantes; el otomí registró 106 mil 534; el nahua, 71 mil 338; el matlatzinca, mil 76 y el pueblo tlahuica sumó 2 mil 178 hablantes.

De ellos solamente 19 por ciento cuenta con acceso a internet en sus hogares, 17% cuenta con una computadora o tableta y 78 por ciento posee un celular para comunicarse.

Según lo mencionado por el Consejo Estatal para el Desarrollo de los Pueblos Indígena del Estado de México (Cedipiem), las comunidades indígenas de la entidad mexiquense reciben apoyo en infraestructura que comprende la construcción de hogares, escuelas y hospitales, no obstante, la conexión a internet no es uno de los apoyos que reciben, puesto que las empresas de telecomunicaciones no consideran como zona de inversión a los pueblos indígenas, dado que se encuentran alejadas de los centros urbanos, presentan baja densidad de población, existe una baja disponibilidad de adquirir dispositivos electrónicos por motivos económicos y cuentan con problemas de alfabetización tanto digital como verbal, pues ninguna red social tiene traducción a lenguas indígenas.

A pesar de la falta de conectividad y las restricciones económicas en las comunidades indígenas, el estudio del Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel) en 2018, señala que las personas pertenecientes a pueblos originarios generan estrategias de conectividad en función de sus posibilidades y condiciones locales, por lo cual utilizan las redes móviles como 3G y 4G para conectarse, que obtienen a través de la adquisición de celulares y computadoras que son solamente posibles de pagar en tiendas de autoservicio.

Por lo anterior, el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), detalla a través de un documento (publicado en 2020 a inicios de la pandemia), que los pueblos originarios contemplan poco el uso de redes sociales, dentro de las cuales destaca Twitter, Facebook y WhatsApp, pues la conexión a red 3G y 4G no resulta suficiente para el uso constante de dichas herramientas tecnológicas, es así que su medio de comunicación y difusión de información sigue presentándose con el uso de paredes pintadas, carteles, entrega de folletos y perifoneo.

Al respecto, la investigadora en temas antropológicos y exclusión social Alejandra Díaz, perteneciente a la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma del Estado de México, señala que solo 40 por ciento de la población total de indígenas puede conectarse a través de WhatsApp y Facebook, sin embargo, para ello la mayoría debe recorrer grandes distancias para hallar una zona con cobertura

“Para comunicarse WhatsApp o acceder a Internet, por ejemplo, deben salir de su casa y recorrer hasta 40 kilómetros en busca de una zona dentro de su territorio donde conectarse, sin embargo cuando se agota su porcentaje de megabytes del servicio, deben dejar pasar dos o tres meses con el fin de ahorrar para recargar nuevamente su teléfono móvil; mientras tanto permanecen incomunicados por esa vía”.

Aunado a lo anterior, aseveró que las vías de comunicación principales dentro de las comunidades es la televisión, que solamente pueden tener por medio de un contrato mensual en el que tienen que pagar mínimo 200 pesos, aunque “corren con el riesgo de no poder verla dado a los frecuentes cortes de electricidad o señal a causa de las lluvias y la mala infraestructura”.

Refirió que los problemas de escasa conexión, no solamente a internet sino a dispositivos electrónicos, evitan el acceso a la educación de niños y jóvenes, cuya principal función es permitirles una participación en la toma de decisiones de lo que sucede en su entorno y hacerlos también críticos del sistema.

La pandemia por covid-19, por otra parte, ha sido otra barrera para la interacción de comunidades indígenas mexiquenses, pues el acceso a la educación se redujo por las limitaciones que se presentan en su localidad. En la entidad los indígenas que habitan zonas rurales deben de recorrer entre 20 a 30 kilómetros para llegar a las cabeceras municipales y conectarse a través de un cibercafé, en el cual deben pagar por hora una cuota de entre 15 a 20 pesos, cantidad que se presenta compleja para atender clases virtuales por más de cinco horas.

De la misma manera, dijo, la población originaria no recibe una capacitación de parte del Cedipiem para adquirir recursos e infraestructura con la finalidad de contar con conexión a internet, radio o televisión, por lo que la mayoría elige la creación de comisiones para demandar ante autoridades gubernamentales el acceso pleno a los medios de comunicación, la implementación de la infraestructura necesaria para la conexión a tecnologías de in formación y el apoyo de capital económico que les permita mitigar la desigualdad y exclusión social, no obstante, hasta el momento los esfuerzos comunitarios han sido insuficientes.