México ante el reto de liderar centros de servicios compartidos
Carlos López Santibáñez – Director General de KPMG Technology Services Americas (KTSA)
México está ante una oportunidad histórica para posicionarse como el principal hub de centros de servicios compartidos en Norteamérica. La combinación de talento especializado, ubicación estratégica y cercanía con Estados Unidos nos ha permitido ganar terreno en el mapa de los servicios profesionales y tecnológicos. Sin embargo, atraer operaciones ya no es suficiente: debemos convertirnos en el motor que aporte valor agregado desde nuestro propio territorio.
Cuando la pandemia llegó, la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales fue evidente, y esto obligó a las organizaciones a replantear sus modelos. De hecho, según el informe Proximity Premium de KPMG, 69% de las organizaciones planea reconfigurar su cadena productiva para acercarla a mercados clave y México figura entre los países con mayor potencial para capitalizar este cambio.
En este contexto, los centros de servicios compartidos —unidades operativas especializadas en proveer soporte, desarrollo y atención a clientes para empresas globales— surgieron como una parte esencial de la estrategia. Estas instalaciones permiten que las compañías aumenten su resiliencia, flexibilidad y capacidad técnica en entornos altamente competitivos.
Ante esta proyección de crecimiento, la capacidad de México para responder dependerá de su talento y de la infraestructura que sustente estos centros. Nuestro país cuenta con un ecosistema educativo robusto —con instituciones como el Tecnológico de Monterrey, la UNAM y el IPN (entre otras)— que forma profesionales capaces de atender servicios de clase mundial. A esto se suma la expansión proyectada de 128 nuevos parques industriales en los próximos seis años, una señal clara de que la infraestructura física está creciendo.
El reto, sin embargo, es mayor. El propio análisis de KPMG estima que México enfrenta un déficit anual de más de 100,000 perfiles especializados en TI, particularmente en desarrollo, ciberseguridad, analítica y gestión de servicios. Esta brecha de talento puede limitar el crecimiento si no se aborda con programas de formación, reconversión de habilidades y políticas que incentiven la especialización. Si este talento no es bilingüe, el desafío se multiplica.
A esto se añade la competencia global. Países como Colombia, Costa Rica e India han consolidado ecosistemas capaces de atraer inversión extranjera con propuestas de valor basadas en especialización sectorial, innovación y políticas de atracción de talento. En este escenario, México debe diferenciarse no sólo por costos competitivos, sino por su capacidad de entregar calidad técnica, innovación y modelos operativos sostenibles.
Y, acorde con mi experiencia, sé que este camino es posible. Un modelo especializado puede integrarse con éxito a la cadena de valor de Estados Unidos sin perder identidad ni capacidad de innovación local. Para lograrlo se requieren tres elementos: servicios de alto valor, talento dispuesto a adoptar nuevas tecnologías y modelos de operación flexibles que garanticen eficiencia y escalabilidad. Estos factores no eliminan los riesgos, pero sí incrementan la capacidad de los centros para consolidarse como verdaderos socios estratégicos.
La ventaja geográfica y cultural de México debe asumirse, entonces, como un punto de partida y no como un destino. Convertirnos en un referente regional de centros de servicios compartidos exige decisiones estratégicas hoy: invertir en talento, fortalecer la infraestructura y especializar nuestra oferta para competir globalmente. El liderazgo no vendrá dado por la ubicación, sino por la visión con la que decidamos construirlo.
