Madurez financiera digital, clave para pymes mexicanas en 2025

La gestión financiera de las pequeñas y medianas empresas (pymes) en México atraviesa una transformación impulsada por factores económicos, regulatorios y tecnológicos. En 2025, estas empresas ya no destinan su capital sólo al crecimiento, sino a adaptarse a un entorno marcado por la incertidumbre económica y la innovación tecnológica. En este contexto, la madurez financiera digital se consolida como un indicador clave de resiliencia empresarial, así lo afirma la segunda edición del estudio Elevando la madurez financiera de las pymes mexicanas, presentado por Xepelin.

El informe muestra cómo las finanzas y la tecnología coinciden en la gestión empresarial. De acuerdo con Alejandro Toiber, Country Manager de Xepelin en México, cuatro fuerzas están redefiniendo la madurez de las empresas: la facturación electrónica, la presión regulatoria, la accesibilidad de la Inteligencia Artificial (IA) y el cambio generacional en los liderazgos.

Estas tendencias están empujando a las pymes a digitalizar sus procesos financieros y adoptar modelos de gestión basados en datos. “El avance en la madurez financiera se está convirtiendo en una herramienta de resiliencia ante posibles imprevistos”, señaló Toiber.

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El estudio clasifica a las empresas en cuatro niveles de madurez: Reactiva, Organizada, Proactiva y Estratégica. En un año, el nivel más bajo se redujo de 40 a 24%, una señal de que más organizaciones están profesionalizando sus finanzas y migrando hacia la automatización y la analítica.

Toiber comentó que las empresas más avanzadas están convirtiendo la obligación regulatoria en oportunidad, ya que usan los requisitos fiscales y contables como base para automatizar controles, mejorar la calidad de datos y alimentar sistemas de Inteligencia Artificial que predicen flujos de caja y riesgos.

El informe también revela un cambio en la orientación del capital. En 2024, las pymes buscaban generar ingresos, mientras que en 2025, su prioridad es preservar el flujo operativo. La inversión se dirige más a herramientas de control y monitoreo digital. Sin embargo, persisten brechas importantes: 57% de las empresas mantiene un control excesivo concentrado en manos del dueño o directivo; 73% de las pymes se considera muy preparado ante un imprevisto, pero sus acciones preventivas siguen siendo limitadas, ya que sólo el 28% realiza ejercicios de escenarios posibles, y apenas el 12% elabora planes de contingencia.

El estudio revela que, tras la euforia del nearshoring en 2024, las empresas enfrentan ahora la realidad operativa: para integrarse a las nuevas cadenas de valor, la madurez financiera digital es clave. El 56% de los empresarios considera que su relevancia se mantiene igual que el año pasado, 30% la ve menos relevante y 14% con poca o nula importancia.

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Para Toiber, el nearshoring sigue siendo una oportunidad histórica, pero sólo las empresas con madurez financiera y gestión digital podrán aprovecharla. “Si una empresa no gestiona su capital de trabajo con precisión estratégica, corre el riesgo de quedarse fuera de las nuevas cadenas de valor. La madurez es, en este contexto, un requisito de entrada”, advirtió.

Otro hallazgo es que el relevo generacional impulsa la madurez financiera digital en las pymes: mientras los Baby Boomers y parte de la Generación X se retiran, los Millennials y la Generación Z asumen el liderazgo con una visión más tecnológica, analítica y basada en datos. “Esta renovación de mandos no sólo implica relevo generacional, sino un impulso hacia la automatización, la analítica y la integración de herramientas digitales en la toma de decisiones financieras”, señaló.

Por otra parte, Xepelin plantea que la evolución financiera de las pymes no depende únicamente de liquidez, sino de la capacidad de analizar información en tiempo real. Su enfoque se centra en ofrecer soluciones ágiles que integren financiamiento flexible, automatización y visibilidad completa del flujo de efectivo.El reto para las empresas mexicanas, concluye el estudio, será convertir la madurez financiera en una madurez digital integral, donde las decisiones se tomen con base en datos.