Litio: el oro blanco de la geopolítica energética y la tecnología
El litio se ha vuelto indispensable para la transición energética global y el avance de la industria tecnológica.
Es un mineral alcalino ligero, caracterizado por su baja densidad y alta reactividad. En la naturaleza no se encuentra en estado puro, sino combinado en minerales como la espodumena, petalita, lepidolita o eucriptita, o disuelto en salmueras, soluciones salinas concentradas (veremos más adelante por qué esto es importante).
A nivel geopolítico, el litio ha pasado de ser un recurso marginal a convertirse en piedra angular de la transición energética y de la revolución digital, insumo crítico en baterías recargables para vehículos eléctricos y dispositivos móviles. Su rol estratégico radica en que posee la combinación única de densidad energética y ciclo de vida que demanda la industria tecnológica y automotriz del siglo XXI.
Es un componente insustituible en las baterías de iones de litio, por eso impulsa la electromovilidad y la capacidad de almacenamiento de energías renovables. América Latina, en particular el “Triángulo del litio” conformado por Bolivia, Argentina y Chile, alberga la mayor parte de las reservas mundiales de este mineral.
Sin embargo, la región enfrenta el desafío de su limitada participación en los eslabones de alto valor agregado de la cadena de suministro. La competencia global por el litio es feroz, con China como el líder indiscutible en el procesamiento y la fabricación de baterías, mientras que los países con reservas buscan una mayor soberanía y una mayor captura de valor de sus activos.
La extracción de litio, especialmente de salmueras, conlleva desafíos ambientales y sociales, particularmente en lo que respecta al consumo de agua y el impacto en las comunidades locales.
Reservas y producción mundial
La necesidad de descarbonizar las economías y la creciente adopción de vehículos eléctricos han catapultado al litio como epicentro de las dinámicas geopolíticas y económicas mundiales. Este metal, a menudo denominado “oro blanco”, trasciende su naturaleza mineral para convertirse en un habilitador crítico de un nuevo paradigma tecno-económico, fundamentado en la generación, almacenamiento y consumo eficiente de energías limpias y renovables.
Su comportamiento electroquímico y térmico lo convierte en un material esencial para múltiples aplicaciones tecnológicas.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), las reservas mundiales de litio en 2024 aproximadamente 30 millones de toneladas métricas (Mt), según informes gubernamentales. Aunque nuevas mediciones del propio USGS hablan de 96 millones de toneladas.
La distribución de estas reservas está altamente concentrada geográficamente. El “Triángulo del litio” (Bolivia, Argentina y Chile) concentra una porción significativa de las reservas globales. Bolivia, con 21 millones de toneladas, posee 26% de las reservas mundiales, seguida de Argentina con 19 millones de toneladas (22.6%) y Chile con 9.3 millones de toneladas (11.2%). En conjunto, estos tres países albergan entre la mitad y dos tercios de las reservas mundiales de litio. Completan la lista otros países con reservas más modestas, pero importantes para sus futuras economías: México (1.7 Mt, 1.6%) y Brasil (0.8 Mt, 0.8%).
Otros países con reservas notables incluyen Australia (4.8 millones de toneladas, 7.5%), China (3 millones de toneladas, 6%), Estados Unidos (1.1 millones de toneladas, 9.2%) y Canadá (0.93 millones de toneladas, 3.4%).
En términos de producción, la situación es distinta. Australia es el principal productor mundial, con 88,000 toneladas métricas en 2024, obtenidas principalmente de minas de roca dura como el espodumeno. Chile ocupa el segundo lugar con 49,000 toneladas, cuya extracción proviene mayoritariamente de salmueras en el Salar de Atacama, un proceso reconocido por su eficiencia y rentabilidad.
China se posiciona como el tercer productor global con 41,000 toneladas en 2024; extrae litio tanto de salmueras como a través de inversiones en minería de roca dura en otros países. El gigante asiático, además de producir, domina buena parte del refinado y la cadena química intermedia, lo cual le confiere un poder de negociación significativo en el mercado.
Zimbabue (22,000 toneladas) y Argentina (18,000 toneladas) también son productores significativos.
La megamina de reservas posiciona a América Latina como columna vertebral de la futura demanda de baterías y de la independencia tecnológica de grandes potencias, de ahí su potencial económico y geopolítico en la llamada transición energética y la importancia de la industria tecnológica global.
Pero existe una disparidad entre las vastas reservas de litio en América Latina y su nivel de producción actual. Aunque los países de la región poseen el 52% de las reservas mundiales de litio, sólo contribuyen con 32% de la producción global. Esta brecha entre el potencial geológico y la capacidad de extracción y procesamiento es significativa.
Las razones detrás de esta situación incluyen la complejidad inherente a la extracción de litio de ciertas salmueras, como las de Uyuni en Bolivia, que presentan tasas de precipitación más altas que complican el proceso. Además, marcos legales estrictos, como los de Chile en torno a las concesiones mineras, han limitado la participación en el mercado global a pesar de la abundancia del mineral. La falta de infraestructura adecuada y de capital para escalar la producción también contribuye a esta subutilización del potencial. La situación representa una oportunidad no capitalizada para América Latina de aprovechar plenamente sus recursos, mientras que naciones con menores reservas, como Australia, dominan la fase inicial de la cadena de valor.
Actualmente, el mercado de baterías representa el segmento de mayor crecimiento y el más grande para el litio, crítico para el desarrollo sostenible. Su importancia estratégica radica en su papel insustituible en la producción de baterías de iones de litio, las cuales son esenciales para la descarbonización del transporte a través de los vehículos eléctricos y para el almacenamiento de la energía generada por fuentes renovables intermitentes como la solar y la eólica.
Las proyecciones indican que la demanda mundial de baterías de iones de litio se cuadruplicará para 2030. Se espera que las ventas anuales de vehículos eléctricos experimenten un crecimiento exponencial, con una tasa compuesta anual promedio de 27% hasta finales de la década. Llegará a representar 31% de las ventas totales de vehículos nuevos en el sector automotriz. Este crecimiento explosivo en la demanda ejerce una presión considerable sobre el suministro de litio, lo cual podría generar un déficit importante y, consecuentemente, presionar al alza sus precios.
Producción y reservas de litio
| País | Producción 2023 | Producción 2024 | Reservas |
| Alemania | ND | ND | 4,000,000 |
| Argentina | 8,630 | 18,000 | 23,000,000 |
| Australia | 91,700 | 88,000 | 8,900,000 |
| Austria | ND | ND | 60,000 |
| Brasil | 5,260 | 10,000 | 1,300,000 |
| Bolivia | ND | ND | 23,000.000 |
| Canadá | 3,240 | 4,300 | 5,700,000 |
| Chile | 41,400 | 49,000 | 11,000,000 |
| China | 35,700 | 41,000 | 6,800,000 |
| Congo | ND | ND | 3,000,000 |
| España | ND | ND | 320,000 |
| Estados Unidos | ND | ND | 19,000,000 |
| Finlandia | ND | ND | 65,000 |
| Ghana | ND | ND | 200,000 |
| Kazajstán | ND | ND | 45,000 |
| Mali | ND | ND | 1,200,000 |
| México | ND | ND | 1,700,000 |
| Namibia | 2,700 | 2,700 | 230,000 |
| Perú | ND | ND | 1,000,000 |
| Portugal | 380 | 380 | 270,000 |
| Rep. Checa | ND | ND | 1,300,000 |
| Rusia | ND | ND | 1,000,000 |
| Serbia | ND | ND | 1,200,000 |
| Zimbabwe | 14,900 | 22,000 | 860,000 |
| Otros países | ND | ND | 2,800,000 |
| Mundial total (redondeado) | 204,000 | 240,000 | 96,000,000 |
Cadena de valor: de la exploración a la comercialización de baterías
La cadena de valor del litio está conformada por cuatro eslabones relevantes: exploración y evaluación, extracción, procesamiento y refinado, manufactura de baterías, reciclaje y reprocesamiento. Veamos brevemente cada uno de ellos.
En la exploración y evaluación se emplean técnicas geofísicas (sísmica, magnetotelúrica) y perforaciones para estimar recursos brutos y determinar la viabilidad económica.
Para la extracción, ya se explicó que existen dos técnicas (pero dependen de cómo la naturaleza decidió “contener” el litio): salmuera, a través del bombeo a la superficie y evaporación solar en estanques. La otra opción es espodumena o minería a cielo abierto, a través de trituración y molienda del mineral para extraer el litio.
El tercer eslabón es el procesamiento y refinado. En plantas químicas se transforma el concentrado en carbonato (Li₂CO₃) o hidróxido (LiOH), según la demanda industrial.
Posteriormente, llega uno de los procesos industriales más estratégicos, la manufactura de baterías. Incluye la síntesis de cátodos, ánodos (grafito o silicio), electrolitos y ensamblaje de celdas.
Finalmente, ocurre un proceso que, no por ser el último, deja de ser relevante en la cadena de valor: el reciclaje y reprocesamiento. Esta etapa emergente está destinada a mitigar la dependencia de recursos vírgenes y disminuir la huella ambiental.
Se sobreentiende que en esta cadena de valor existen diversos actores que no necesariamente participan de toda la cadena. En las primeras etapas intervienen las empresas mineras tradicionales. La fabricación de baterías eléctricas es un proceso especializado. En tanto que el reciclaje aprovecha el auge de la industria para regresarle a la misma los recursos que requiere para reiniciar cierta parte del proceso. ¿Quiénes son algunos de los principales actores?
Albemarle Corporation (EE.UU.) y SQM (Chile) controlan aproximadamente 30% de la producción global de litio refinado, con operaciones en Chile y Australia.
Albemarle es uno de los mayores productores de litio a nivel global, con una capacidad de producción de 343 kilotoneladas por año de carbonato de litio para 2027. Posee operaciones en Chile y Nevada y una participación de 49% en la mina Greenbushes en Australia.
SQM es el segundo mayor productor mundial de litio, con una capacidad proyectada de 302 ktpa para 2027. Sus operaciones se centran en el Salar de Atacama, mina que genera aproximadamente la mitad de sus beneficios.
La fusión Allkem + Livent, de Estados Unidos, las posiciona como el tercer mayor productor, con una capacidad prevista de 248 ktpa para 2027.
Las chinas Ganfeng Lithium y Tianqi Lithium dominan el procesamiento químico y tienen inversiones en Argentina y Australia. Hasta hace poco tiempo también en México. Ganfeng ha invertido significativamente en proyectos globales, incluida la adquisición de Millennial Lithium en Argentina y una participación en la mina Sonora Lithium en México.
Tianqi Lithium también ha adquirido participaciones en proyectos mineros globales, incluida una participación mayoritaria en la mina Greenbushes en Australia.
Livent Corporation, de Estados Unidos, y Pilbara Minerals, de Australia, son otros protagonistas clave.
Estas empresas desempeñan un papel dual: aseguran el suministro para fabricantes de baterías y compiten en la fijación de precios a nivel mundial, por lo que influyen directamente en las dinámicas de oferta y demanda.
Las estrategias de inversión de dichas empresas reflejan la intensa competencia por asegurar el suministro de litio. Las empresas chinas han adoptado una estrategia de integración vertical, invierten en minas y proyectos en el extranjero para asegurar su cadena de suministro y consolidar su liderazgo en el procesamiento y la fabricación de baterías.
Grandes fondos de inversión estadounidenses como Blackrock, Vanguard y State Street también han tomado posiciones significativas en estas compañías mineras de litio, anticipándose el crecimiento del mercado y la estabilización de los precios.
Como es de suponer, la tecnología de baterías ha tenido avances y desafíos y se espera que logren la solución de contribuir a la transición energética global a través de baterías de larga duración. Por su elevada explicación técnica, se presentan de forma breve estas innovaciones.
Algunos de los avances más relevantes incluyen celdas de estado sólido, las cuales prometen mayor densidad energética y mayor seguridad al eliminar electrolitos líquidos inflamables.
Los cátodos de alta tensión mejoran ciclos de carga y estabilidad térmica. En tanto que la nanotecnología en ánodos mejora la tasa de carga y reduce la degradación por ciclado.
Finalmente, el reciclaje hidrometalúrgico logra procesos más eficientes para recuperar litio y otros minerales de las baterías, lo cuales son esenciales en políticas de economía circular.
Se aprecia que la tendencia en estos avances es mayor densidad energética, carga ultrarrápida, mayor vida útil, durabilidad de las baterías, además de hacerlas cada vez más seguras y evitar que se incendien, uno de los factores que más se les ha cuestionado a los vehículos eléctricos.
Además, estas innovaciones buscan reducir costos, aumentar la autonomía de los vehículos eléctricos y prolongar la vida útil de dispositivos electrónicos. Estos logros acentúan aún más la importancia del litio.
La transición energética, si bien busca reducir la dependencia de los combustibles fósiles y sus impactos ambientales, inadvertidamente genera una nueva dependencia de minerales críticos como el litio.
La situación impulsa los precios y desplaza la preocupación por la seguridad energética de la dependencia del petróleo a la dependencia de la cadena de suministro de litio. La búsqueda de la descarbonización sin una diversificación robusta de la cadena de suministro de litio podría sustituir una forma de dependencia por otra. Lo anterior podría genera nuevas tensiones geopolíticas.
Geopolítica y soberanía del litio
Regresemos a la geopolítica del litio. América Latina se encuentra en una posición geoestratégica única debido a sus vastas reservas de litio, pero la región enfrenta retos para traducir este potencial en un desarrollo económico integral a lo largo de toda la cadena de valor.
La estratégica concentración de reservas en América Latina ha desencadenado una “carrera del litio” donde gobiernos y grandes potencias buscan asegurar cuotas de producción. En esta vorágine intervienen visiones ideológicas y de soberanía que buscan preservar las reservas del mineral bajo la tutela del estado.
Los países latinoamericanos con reservas de litio han desarrollado políticas específicas para intentar aumentar la contribución de las rentas del litio al crecimiento económico nacional. Sin embargo, estas políticas presentan diferencias significativas en cuanto al protagonismo del Estado en la promoción de la extracción.
Bolivia, tras nacionalizar su yacimiento de Uyuni, creó la empresa Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) para retener valor agregado. Por ser un país con insuficientes recursos públicos, enfrenta desafíos técnicos y financieros para llevar la salmuera a baterías de alto grado. Bajo el gobierno de Evo Morales, se renacionalizó la Corporación Minera de Bolivia, y el mandatario Luis Arce ha priorizado la industrialización del mineral.
Los eslabones de exploración, evaluación y extracción requieren inversiones costosas y mucho tiempo. El retorno del capital ocurre cuando se vende el mineral procesado y refinado a las empresas que manufacturan las baterías. Las empresas mineras privadas tienen el capital y la experiencia para amortizar los primeros eslabones de la cadena de producción que no son rentables, sino que generan altos costos.
La particular estructura de costos de producción del litio latinoamericano se debe a que 58% del litio en la región proviene de salares, mientras que sólo 26% se extrae de roca. Esta ventaja natural en la extracción de salmueras puede ofrecer menores costos de producción en la fase inicial del carbonato de litio.
Por su parte, Argentina ofrece marcos de incentivo fiscal, a través del Régimen de Promoción para la Producción de Litio, el cual ha atraído inversiones de India y de China. Argentina ha adoptado una orientación más liberal en su política de litio. El dominio de los recursos naturales está a cargo de las provincias, lo cual permite la explotación a gran escala. Actualmente, existen más de 40 proyectos de extracción en diferentes etapas, varios en manos de transnacionales. También se ha creado la empresa estatal YPF Litio, la cual ya ha puesto en marcha una planta de producción de baterías de litio.
Chile era el primer proveedor global de litio. Sin embargo, ha debatido durante años una reforma constitucional para profundizar la participación estatal en la extracción y comercialización tras concesionar históricamente sus salares. Chile es un país minero por antonomasia, potencia en cobre, por lo que tiene experiencia en la gestión y tutela de sus recursos minerales estratégicos.
El gobierno chileno ha adoptado un enfoque gradual, centrándose en la captura de rentas de la extracción y, en una segunda fase, trasladando su atención a actividades posteriores en la cadena de valor. El país renegoció contratos con compañías privadas como Albemarle y SQM, obligándolas a vender hasta 25% del metal a precios por debajo del mercado para incentivar la industria local.
México nacionalizó la exploración y explotación de litio en 2022 con una reforma a la ley minera. Otorgó al Estado el control de todas las actividades del ciclo minero del litio. Se espera que esta nacionalización aumente la influencia de México en las negociaciones con consumidores como Estados Unidos.
La debilidad de las políticas latinoamericanas radica en priorizar la captura de rentas sobre el desarrollo de ventajas competitivas basadas en la tecnología. Aunque América Latina produce un tercio del litio mundial, la región sólo participa en los primeros eslabones de la cadena de valor, que aportan un valor agregado limitado. La extracción minera, por ejemplo, aporta sólo 9% al valor agregado total del recurso. Esto contrasta con la fabricación de materiales activos para cátodos y ánodos, que representan el mayor valor agregado en la cadena.
El gran desafío para los países latinoamericanos es cómo capturar más valor de sus vastas reservas de litio. Si bien se proyecta que la producción de litio en la región podría multiplicarse por 10 para 2030, la capacidad de capturar valor de una cadena que pasará de 80,000 millones a 400,000 millones de dólares en el mismo periodo es limitada si se continúa exportando principalmente carbonato de litio.
Se estima que, incluso con un aumento significativo en la producción, la región sólo podría capturar 2.6% del valor total de 400,000 millones de dólares si no se avanza en la industrialización de baterías.
Sin embargo, la concentración de la capacidad global de elaboración de baterías en China (aproximadamente 83% de la capacidad mundial) representa un obstáculo para que otras regiones, incluida América Latina, escalen en los eslabones intermedios y finales de la cadena.
El control del litio también se ha convertido en un asunto de seguridad nacional. Estados Unidos y la Unión Europea han impulsado subsidios y acuerdos con países proveedores para diversificar cadenas de suministro y reducir la dependencia de China en el refinado del mineral.
La geopolítica del litio se sitúa en el epicentro de la reconfiguración global del poder, impulsada por la emergencia de un nuevo paradigma tecno-económico centrado en las tecnologías de transición energética. Las potencias mundiales están inmersas en una creciente competencia internacional por consolidar sus industrias de electromovilidad, lo que ha convertido la seguridad del suministro de litio en una prioridad estratégica.
China ha logrado desarrollar una industria integral de baterías de iones de litio. Abarca desde la extracción del mineral hasta la fabricación de vehículos eléctricos. Supera a actores tradicionales como Estados Unidos, Corea del Sur y la Unión Europea en estos transportes. El dominio chino en la cadena de valor, especialmente en el procesamiento y la fabricación de baterías (con CATL y BYD dominando más de 53% del mercado global en 2024), genera una concentración de la capacidad de producción que plantea desafíos para la seguridad del suministro global.
La dependencia de un puñado de países para los materiales procesados y las baterías terminadas puede crear vulnerabilidades en la cadena de suministro. Típico de la geopolítica, los distintos actores desempeñan roles interconectados en la cadena de valor del litio.
Los gobiernos buscan asegurar el suministro de litio para sus industrias estratégicas y, en el caso de los países con reservas, maximizar los beneficios económicos y la soberanía sobre el mineral. Esto se manifiesta en políticas de nacionalización, renegociación de contratos, incentivos para la industrialización local y promoción de la electromovilidad nacional.
Las mineras son las principales extractoras del litio. Invierten en exploración y desarrollo de proyectos a nivel global. Sus estrategias incluyen fusiones, adquisición de participaciones en minas extranjeras y el desarrollo de nuevas tecnologías de extracción.
Las empresas tecnológicas dependen del litio para la fabricación de baterías de dispositivos electrónicos (smartphones, laptops). Su interés se enfoca en la innovación de baterías y la eficiencia de la cadena de suministro.
Los fabricantes de vehículos eléctricos son los mayores impulsores de la demanda de litio. Buscan asegurar el suministro de baterías y litio a través de acuerdos de suministro o inversiones en la cadena de valor. Fabricantes como Tesla, Volkswagen y BYD son algunos de los principales actores.
El conflicto que nunca falta
Todo ello no ha minimizado los conflictos y la sostenibilidad que involucra el “oro blanco”. Mientras que la industria tecnológica vende al mundo el litio y las baterías como una solución a la transición energética global, otras tensiones ocurren antes de que los consumidores compren un vehículo eléctrico o un smartphone de alta gama.
La expansión de la minería de litio genera tensiones sociales y medioambientales. Uno de los desafíos más acuciantes es el consumo de agua en pleno cambio climático y frecuentes sequías. En regiones áridas, la extracción de salmuera puede reducir en más de 65% el agua disponible para comunidades y ecosistemas andinos.
También están en juego los derechos indígenas en el “Triángulo del litio”. Las poblaciones guaraníes y quechua han exigido consulta previa y compensaciones para sus comunidades. Incluso han paralizado proyectos, como en Salinas Grandes (Argentina) y el desierto de Atacama en Chile.
Desde luego, la industria ha tenido la capacidad de buscar un equilibrio entre desarrollo y conservación, con tal de explotar el mineral con la menor fricción posible. Han surgido modelos de minería responsable, certificaciones de sostenibilidad y proyectos de colaboración público-privada para minimizar impactos.
Las acciones de reciclaje y el apoyo a la industria local de baterías son estrategias para agregar valor en el origen del proceso, generar empleos, redistribuir los beneficios y disminuir el extractivismo dominante de las grandes empresas que dominan la industria.
