El Economista Jorge Bravo
En México tenemos dos pandemias: una estacional y otra estacionada. La primera es por el coronavirus: estamos aterrados y confinados en casa porque nuestra salud y vida peligran. La segunda es la inseguridad pública: nos contagió el miedo y todo el cuerpo social vive con él. Para la pandemia estacional las telecomunicaciones han demostrado su capacidad de salvar vidas y garantizar derechos como salud, educación y trabajo. Para la pandemia permanente existe la Red Nacional de Radiocomunicación (RNR): también puede salvar vidas y procura nuestra seguridad, pero su obsolescencia y fragmentación le impide ser una vacuna eficaz contra el flagelo de la criminalidad.
Los cuerpos de seguridad pública son esenciales durante las fases de la emergencia sanitaria. La comunicación con los agentes del orden vía radio, la coordinación entre instituciones mediante la RNR y la interoperabilidad de redes y tecnologías son críticas durante la pandemia por SARS-CoV2. A ello se suman las acciones particulares que están realizando las instituciones de seguridad pública en colaboración con las instancias sanitarias, migratorias y penitenciarias.
En preparación de la Fase 3, el subsecretario López-Gatell adicionó dos nuevas recomendaciones: regionalizar la intensidad de las medidas y segmentar la mobilidad en el territorio nacional. Significa que las 32 redes estatales que integran la RNR adquieren una centralidad mayor: se requiere más coordinación entre la federación con los estados y municipios para lograr los objetivos de aplanar los contagios, no rebasar la capacidad hospitalaria instalada y reducir el número de casos con Covid-19.
El 24 de marzo el gobierno federal implementó el Plan DN-III-E para que la Secretaría de la Defensa Nacional y la Marina contribuyan con médicos y hospitales para la atención de pacientes confirmados con el virus. El Ejército y la Marina utilizan tecnología P25 y comparten infraestructura en algunos estados del sur y centro del país, pero su cobertura no alcanza las entidades del norte, en ciudades como Tijuana y Mexicali donde los contagios y las defunciones han crecido.
De forma aislada opera la Guardia Nacional (GN) que arrastra su antecedente que fue la Policía Federal y el legado de Genaro García Luna. A pesar de ser una institución nueva creada por la 4T tras un intenso debate, no cuenta con los recursos tecnológicos más avanzados que faciliten la coordinación institucional ni su red está interconectada con la del Ejército, la Marina y las estatales.
La GN cuenta con una Dirección General de Tecnologías de Información y Comunicaciones que, entre otras atribuciones, debe planear, diseñar, instrumentar y administrar las redes de voz, datos e imágenes de la institución. La GN ya custodia 84 clínicas del IMSS en varios estados incluido Morelos, donde atentaron contra la vida de tres médicos. La Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, responsable de la GN, también reforzará la protección a personal sanitario de nosocomios del ISSSTE y acelera el reclutamiento de elementos, quienes requerirán estar en comunicación con sus centros del control.
El brote de Covid-19 ha hecho que militares y policías contribuyan con el esfuerzo de controlar la enfermedad y además sigan combatiendo a los delincuentes que se aprovechan de la pandemia. Los elementos de seguridad están bajo tres fuegos: el de la criminalidad, el de la virulencia del SARS-CoV2 y el enfado social por el confinamiento, las restricciones, el suministro de alimentos y las dificultades económicas. A pesar del aislamiento se incrementaron los homicidios dolosos y marzo de 2020 fue el mes más violento del gobierno de la 4T.
Para enfrentar esa artillería de complejas circunstancias se necesita la RNR y muchos radios, porque las armas podrían ser eficaces contra los maleantes, pero no pueden requerirse contra el coronavirus y menos contra la sociedad. La medida “Quédate en casa” viene acompañada de patrullajes, de policías atentos al buen comportamiento social pero también a los saqueos y disturbios en lo que será la fase más crítica de la pandemia.
El rebrote de delincuentes está explotando la situación sanitaria para encontrar nuevas formas de obtener ganacias. Personas sin antecedentes podían sumarse a sus filas para sobrevivir al estrangulamiento económico. Durante la pandemia los perpetradores han aumentando y diversificando sus actividades a través de una amplia gama de delitos y estafas que explotan el miedo y la incertidumbre que rodea al virus: mediante fraude, cibercrimen y productos médicos falsificados (lucran con mascarillas, desinfectantes, antivirales, test de detección de Covid-19 y hasta vacunas falsos).
Durante la emergencia sanitaria también se han propagado los ciberataques a organizaciones y personas. La pandemia de dominios maliciosos, malware y ransomware están infectando las redes. El repunte de delitos en el ciberespacio inyecta presión sobre Internet pero también vulnera las redes de seguridad pública, las de energía como Pemex e incluso las hospitalarias. Advierte la Interpol: “las infraestructuras esenciales, tales como los sistemas hospitalarios, han sido objeto de ciberataques con ransomware”.
La red de seguridad pública de Jalisco, estado que ha cuestionado las medidas sanitarias federales, no está actualizada. La actualización del software de la red jalisciense la haría menos vulnerable a ciberataques en plena pandemia. Esa migración tecnológica es prioritaria para una infraestructura crítica en un momento crítico.
La policía y los militares de por sí se encuentran en situaciones peligrosas por la epidemia de inseguridad. A ello hay que añadir el auxilio a la población y a las autoridades sanitarias por el coronavirus. Todo ello requiere logística, coordinación y comunicación que demanda una RNR robusta, de amplia cobertura e interoperable, nada de lo cual tenemos. Durante la pandemia también hay que reforzar los controles fronterizos, el mantenimiento del orden público, las medidas de confinamiento y la asistencia sanitaria en la identificación de casos y sus traslados hospitalarios.
La tecnología es el gran aliado de la seguridad pública. Hay que cuidar que los recursos de seguridad que distribuye la federación y que fueron liberados de forma inmediata para que los policías cuenten con el equipo indispensable para hacer su trabajo, como la radio, no sean reprogramados para que la obsolescencia tecnológica se siga contagiando. Hay que vacunar a los responsables de disponer los recursos para las TIC contra ese síntoma.
*El autor es Presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi).
Twitter: @beltmondi