La otra cara de la Inteligencia Artificial: la divergencia entre ricos y pobres

Naciones Unidas ha hecho una advertencia: la región de Asia y el Pacífico se encuentra en un punto de inflexión histórico similar a la Revolución Industrial, enfrentándose a la posibilidad de una gran divergencia. Así como ocurrió con la máquina de vapor y la electricidad, que redibujaron el mapa de la prosperidad global favoreciendo a quienes adoptaron primero la tecnología, la Inteligencia Artificial (IA) amenaza con ampliar drásticamente las brechas existentes entre las naciones, señala el estudio La Próxima Gran Divergencia: por qué la IA podría agrandar la brecha entre países, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El informe advierte que si bien la IA tiene el potencial de aumentar la productividad y el desarrollo humano, estos beneficios probablemente se concentrarán en unas pocas economías avanzadas con la infraestructura, el capital y las habilidades necesarias, dejando a los países de bajos ingresos rezagados en una trayectoria de dependencia y exclusión tecnológica.

Y es que en la región Asia-Pacifico ya existe disparidad entre países que cuentan con una infraestructura tecnológica envidiable, y otros que incluso carecen de infraestructura básica.

La región alberga tanto a potencias tecnológicas globales como China, Japón, la República de Corea y Singapur, como a países menos adelantados que aún luchan por garantizar electricidad e Internet básicos. 

Mientras las economías avanzadas están listas para capturar los dividendos de la IA mediante inversiones masivas en infraestructura física y capital humano, países como Afganistán o Papúa Nueva Guinea enfrentan barreras estructurales tan fundamentales que corren el riesgo de perderse por completo los beneficios iniciales. 

Esta brecha en la preparación no es sólo una cuestión de velocidad de adopción, sino de la capacidad estructural para participar en la nueva economía.

En el ámbito económico, la IA promete transformar los mercados laborales, pero la distribución de estas ganancias será profundamente desigual. Se estima que la Inteligencia Artificial impulsará la productividad en sectores de alto valor como las finanzas y la tecnología, beneficiando desproporcionadamente a los trabajadores altamente cualificados y a las grandes empresas en los centros urbanos.

Por el contrario, advierte el estudio, las economías que dependen de modelos de crecimiento tradicionales, como la manufactura de bajo costo o la subcontratación de procesos comerciales, como en Filipinas o Vietnam, enfrentan una disrupción significativa.

El documento de Naciones Unidas destaca además que la automatización amenaza con erosionar las ventajas competitivas de los salarios bajos antes de que estos países puedan transicionar hacia cadenas de valor más altas, atrapándolos en nichos de bajo valor.

Señala también que esta divergencia económica se ve agravada por una brecha de datos que amenaza con hacer invisibles a las poblaciones más vulnerables. Y es que la IA depende fundamentalmente de los datos para aprender y tomar decisiones; sin embargo, vastos segmentos de la población, especialmente mujeres, comunidades rurales y grupos indígenas, carecen de una huella digital significativa. 

Lo anterior resulta en lo que las Naciones Unidas han llamado una exclusión algorítmica: si estas personas no están representadas en los datos de entrenamiento, los sistemas de IA diseñados para servicios públicos, crédito financiero o salud no funcionarán para ellos, o peor aún, los discriminarán activamente. 

Asimismo, advierte que el impacto social de esta tecnología también amenaza con profundizar las desigualdades de género y generacionales. Las mujeres en la región están desproporcionadamente concentradas en roles administrativos y de servicios rutinarios que tienen una alta exposición a la automatización por IA Generativa; de hecho, los empleos femeninos tienen casi el doble de probabilidad de verse afectados que los masculinos. 

Además, la brecha digital de género persiste, limitando el acceso de las mujeres a las herramientas que podrían empoderarlas.

Simultáneamente, los jóvenes que ingresan al mercado laboral pueden encontrar que los puestos de entrada tradicionales, que servían como escalones profesionales, han sido automatizados, cerrando vías críticas para la movilidad social.

Naciones Unidas también avisa que desde una perspectiva de gobernanza, existe el riesgo de que la IA erosione la soberanía tecnológica de los países más pobres. Las naciones con capacidades limitadas pueden verse obligadas a depender de modelos fundacionales propietarios y plataformas en la Nube controladas por empresas extranjeras o potencias globales.

La carrera por la IA conlleva, incluso, costos ambientales que podrían distribuirse de manera injusta, exacerbando la desigualdad ecológica. El entrenamiento y funcionamiento de grandes modelos de IA consumen inmensas cantidades de energía y agua. Existe el peligro de que los países más pobres se conviertan en anfitriones de Centros de Datos intensivos en recursos para servir a la economía global de la IA, agotando sus propias redes eléctricas y cuencas hidrográficas sin recibir a cambio los beneficios económicos de alto valor.