Predicciones DPL 2023 | ¿La economía colaborativa y las plataformas digitales resistirán la crisis y presión regulatorias?

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Las previsiones para la economía global en 2023 no son alentadoras. Con una probable recesión en puerta, alta inflación y aumento del costo de vida, también se avecinan tiempos difíciles para la economía colaborativa y las plataformas digitales que la conforman.

Durante la pandemia por la Covid-19, las aplicaciones tecnológicas de transporte, entrega de comida y mercancías a domicilio ―como DiDi, Uber, Cabify, Lyft y Rappise volvieron un sostén de la economía (familiar y global).

Permitieron a un sector de la población (conductores y repartidores) seguir generando ingresos ante la caída de empleos formales; han sido un canal para que los restaurantes y comercios mantengan las ventas ante el cierre de establecimientos físicos; fueron una alternativa cómoda para que los clientes se movilicen y adquieran productos sin exponerse a contagios, entre otros beneficios.

La contingencia sanitaria evidenció su relevancia como un nuevo paradigma social, económico y laboral. Algunos gobiernos incluso han reconocido el papel clave que jugaron durante los meses más críticos del confinamiento, y luego en el proceso de recuperación económica.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otros organismos internacionales reconocen que las plataformas colaborativas forman parte de un nuevo modelo que permite transacciones más eficientes y a menores costos

Precisamente, esas características las ha hecho más competitivas frente a otros servicios como los taxis tradicionales, en el caso de las aplicaciones de transporte.

Sin embargo, el modelo innovador y disruptivo de la gig economy enfrenta serios desafíos en un contexto complejo para la economía global. Los ingresos de los usuarios se reducen en relación con la inflación, lo cual les obliga a reducir ciertos gastos para economizar. Así, viajar a través de las plataformas o pedir comida a domicilio se ven como gastos prescindibles, lo cual puede provocar una disminución de clientes y de trabajo para conductores y repartidores.

Además, las aplicaciones tecnológicas ya están lidiando con dificultades para mantener sus niveles de inversión mientras enfrentan pérdidas en el mercado

Uber, una de las plataformas digitales “más exitosas” en el sector de transporte, acumuló 23 mil millones de dólares en pérdidas durante su primera década de existencia.

Al principio de 2021, aun en meses álgidos del coronavirus, Uber estaba valuada en 125 mil millones de dólares. Luego esa valoración cayó estrepitosamente a 49 mil millones a inicios de 2022. Una situación similar ha sucedido con las empresas de la economía colaborativa que cotizan en las bolsas de valores.

Los inversionistas ya no se sienten tan atraídos de inyectar capital a las plataformas colaborativas. Aunque representan un modelo de negocio disruptivo, aún no han encontrado el equilibrio financiero mientras aumentan su base de usuarios y colaboradores.

El futuro de las plataformas colaborativas es incierto. La innovación no se puede sostener por sí misma. 

La regulación en los mercados será una pieza fundamental en la definición de ese futuro. En la actualidad, la economía colaborativa crece, se tropieza y cae en entornos normativos cada vez más sofocantes y complejos.

Los gobiernos y reguladores de diferentes países están discutiendo y creando nuevas reglas que podrían terminar con este modelo de negocios, pues visualizan las plataformas como una gallina de los huevos de oro cuando en realidad no lo es.

En nuestras predicciones para 2022, explicamos que la gig economy se enfrentaría a una mayor presión regulatoria en los ámbitos fiscal, laboral y de competencia. Así fue. Los congresos y los gobiernos han presentado iniciativas para cobrar más impuestos, obligar a las plataformas a encajar con los modelos de trabajo tradicionales y cumplir una serie de requisitos que pone a las plataformas en una camisa de fuerza.

Beat anunció en noviembre de 2022 que abandonaba América Latina. Después de operar por tres años en México, Colombia, Perú, Argentina y Chile, decidió concentrarse en los mercados europeos, donde la presión regulatoria también está creciendo pero hay un mayor poder adquisitivo. La empresa buscaba consolidar un servicio de transporte basado en los vehículos eléctricos Tesla. Su oferta es más ecológica en comparación con los vehículos que funcionan con combustibles fósiles, pero más cara frente a la competencia.

Al final, esa ecuación en un escenario normativo complejo no le permitió continuar su viaje en la región. Y si la regulación y la política pública no cambian de dirección, lo mismo podría suceder con otras plataformas de la gig economy.

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