La brecha que genera la Inteligencia Artificial

El mundo se está partiendo en dos, pero ya no por fronteras geográficas o ideológicas, sino por la Inteligencia Artificial (IA).

En un extremo, las naciones hiperconectadas corren una carrera frenética por dominar la IA, integrándola en sus economías para multiplicar la productividad, curar enfermedades y redefinir el trabajo humano.

En el otro extremo, millones de personas viven estancadas en una realidad analógica, donde la “nube” es sólo un fenómeno meteorológico y la falta de conectividad es una condena a la irrelevancia.

Estamos presenciando el nacimiento de una nueva división global: los cognitivamente aumentados por la IA frente a los digitalmente inexistentes.

La narrativa de las superpotencias, Estados Unidos y China, nos vende la IA como la gran tecnología democratizadora, pero la realidad es que está actuando como el mayor amplificador de desigualdad de la historia.

Mientras los países del Norte Global utilizan algoritmos para optimizar cadenas de suministro, personalizar la educación y generar riqueza a velocidades inéditas, una vasta parte de la población en el Sur Global ni siquiera tiene Internet.

Por ejemplo, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) del INEGI, más de 20 millones de mexicanos siguen sin acceso a Internet.

En México tenemos nuestro Norte Local y nuestro Sur Local, pues datos del INEGI también revelan que los estados con menor acceso a Internet son Chiapas, Oaxaca y Guerrero.

Para este enorme segmento de la población, la discusión sobre si la IA les quitará el empleo es un lujo que no pueden permitirse; su lucha diaria es contra la exclusión básica de un sistema que asume que todos estamos conectados.

Esta “brecha de la IA” es infinitamente más peligrosa que la vieja brecha digital. Antes, la diferencia radicaba en el acceso a la información; hoy, radica en la capacidad de procesamiento y ejecución.

Las grandes potencias tecnológicas hoy anuncian “Estrategias Nacionales de IA”, mientras las escuelas rurales de los países del Sur Global carecen de electricidad estable, y por supuesto, de banda ancha.

Al ignorar la base de la pirámide, se está condenando a millones a ser meros espectadores en un mundo gobernado por inteligencias que no comprenden y que no fueron diseñadas para ellos.

El asunto es que, mientras la IA acelera las vidas de unos, la desconexión las congela para otros.

Digitalizar servicios estatales, bancarios y educativos sin garantizar el acceso universal es un acto de violencia institucional.

Estamos creando un sistema donde los derechos ciudadanos están condicionados a tener un plan de datos y un smartphone capaz de correr aplicaciones cada vez más pesadas. La brecha se ha convertido en un muro: de un lado, la eficiencia algorítmica y la riqueza exponencial; del otro, el silencio, la burocracia de papel y el olvido.

“Necesitamos actuar con urgencia para abordar la creciente brecha de la IA”: Microsoft.

No podemos permitirnos el cinismo de celebrar la “revolución de la IA” mientras dejamos atrás a un tercio de la humanidad.

Nos leemos en la próxima #BigTech