Internet cambió y debe regularse

Excélsior Paul Lara

Sé que para muchos hablar de la regulación de internet es violar la misma naturaleza de la red que es libertad, innovación, democracia, expresión, comunicación sin límites, amistad, entre muchos otros. Sin embargo, qué sucede cuando corporaciones como Facebook, Twitter, Google, Amazon, entre otras, han tomado este espacio y se aprovechan de esta no regulación para controlar lo que leemos, lo que vemos e influir en cómo vivimos y qué deseamos.

Estas empresas son rentables mientras estemos enganchados a la pantalla. Yo soy un defensor de la libertad de internet, sin embargo, creo que su objetivo de creación se está perdiendo. Un ejemplo de ello son las redes sociales, cuya finalidad —crear una comunidad para compartir gustos, comunicarse con los amigos y mostrar nuestro día a día— ha pasado a ser un espacio de batalla ideológica donde buscan venderte de todo, causando, en el camino, problemas que se agravan cada día más, sobre todo en las generaciones más jóvenes.

La información que hoy tienen estas empresas (de nuestra persona, de qué hacemos cada día, de nuestros rostros, nuestras preferencias y hasta nuestras amistades) es usada para comerciar con otros corporativos, a quienes venden quiénes somos, convirtiendo así internet en un espacio que está lejos de la creación y la innovación original para acabar con la desigualdad, pues interesa más el fin comercial.

Vean en lo que se ha convertido la famosa Economía Colaborativa, con aplicaciones que supuestamente llegaron para atender las necesidades de millones de usuarios, hacer más accesible un transporte o que un restaurante se digitalizara. Pero hoy son emporios que sacan provecho de ello para explotar a trabajadores sin ser conscientes de que perdieron su objetivo original. Sí, son negocios y tienen que crecer y mejorar, pero no a costa de lo que llamaron el “apoyo a aquellos que no tienen opción de entrar al mundo corporativo”.

Regular las empresas que operan en internet no es regular internet y en eso sí estoy de acuerdo. ¿Por qué no hacerlo por la cantidad de datos que poseen y usan a su beneficio? Es común que paguemos una cantidad mensual o bimestral por el consumo que hacemos de agua o electricidad. ¿Por qué no deben pagar ellas por el consumo que hacen de nuestros datos, de los que obtienen un beneficio económico?

Yo no hablo de acabar con Amazon, Twitter, Google o Facebook por el mal trabajo que en ocasiones realizan con nuestros datos, por influir en los comportamientos cuando se les paga o por usar algoritmos que influyen en la toma de decisiones en favor del mejor postor. Pero sí hablo de una regulación profunda para saber a dónde va nuestra información y para qué se usa. Para nadie es un secreto que los gobiernos les permiten trabajar de esta manera si les comparten la misma data para temas de “seguridad” y entrenar a sus tecnologías, como el caso del reconocimiento facial, que son vendidas por estas mismas empresas. Yo quiero transparencia.

Muchas veces me preguntan por qué odio a los influencers de las redes sociales, a quienes, lamentablemente, gente con pocas ganas de informarse sigue. El odio es porque son la peor arma de desinformación que existe hoy en día. Y ahí están desde los que son youtubers hasta “periodistas consolidados” que mucho dicen en sus redes y poco reflejan en sus medios, periodistas que por ganar likes no comprueban lo que informan por la inmediatez, engañando a los incautos que los siguen sin conocerlos más que por una reputación que ganaron en los medios que les dan de comer. Gente que por unos pesos desinforman o balancean la información en favor de algo o alguien.

¿Por qué no regular la conducta de estos influencers para que se sepa cuando algo está pagado comercial o propagandísticamente? Es válido que una marca contrate a una “persona conocida públicamente” para hacer un comercial de su producto o servicio, pero no que lo haga con engaños.

Me pregunto por qué la mayoría de los espacios de conversación, hasta fuera de la esfera digital, están siendo manipulados por las redes sociales y si no estás de acuerdo con hablar de lo que a veces son tonterías, estás fuera de lo viral y no estás informado. ¿En serio?

Es risible, en lo personal, que seas recompensado con lo que llaman señales a corto plazo, como un like o con un seguidor, por meterte al tren del mame. Lo cierto es que esto es preocupante, pues para otros no es risible y les origina angustia. Antes de que sea demasiado tarde las autoridades deben de entrar en razón y ver cómo internet ha cambiado y regular a empresas que pueden ser el próximo monopolio económico y de control social profundo si no hacemos algo al respecto.