Industria de drones crece como la espuma por su proliferación como por quienes buscan derribarlos

Los drones son cada vez más baratos, accesibles y más utilizados en los negocios. A principios de 2018, la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos registró más de un millón de drones, mientras que para 2020, Goldman Sachs Group estima que habrá 7.8 millones de envíos de drones, una industria con valor de 3.3 mil millones de dólares en ingresos.

Con la proliferación de drones, también aumentan los incidentes, cuestionando cuáles serían las alternativas para mantener el control de estos dispositivos. Joerg Lamprecht, director Ejecutivo de Dedrone Holdings, piensa que “las leyes no detendrán los drones; sólo la tecnología lo hará”.

Hace unos días Wing Aviation LLC, una rama de Google, se convirtió en el primer operador de aviones no tripulados en obtener la aprobación del gobierno como aerolínea, lo que le permite iniciar sus entregas de rutina en cielo estadounidense en zonas rurales. Mientras que Amazon ha hecho pruebas de entrega con ellos y las empresas de construcción los utilizan para inspeccionar los sitios, entre otros usos.

Sin embargo, los drones se vuelven cada vez más problemáticos y requieren detección e inhabilitación, ya que derribarlos es sumamente peligroso, según Arthur Holland Michel, codirector en el Centro para el Estudio del Drone en Bard College Nueva York.

Las balas dirigidas a drones deben aterrizar en algún lugar, lo que podría causar daños y perjuicios.

En cualquier caso, los drones no son tan fáciles de golpear; por la velocidad a la que vuelan, algunos cubren seis kilómetros en casi 30 minutos, cambian de dirección al instante y tienen una peligrosa tendencia a caerse cuando se corta la señal del operador.

En 2018 algunos drones se infiltraron en el aeropuerto Gatwick de Londres interrumpiendo vuelos y generando pérdidas de millones de libras. También ocurrió el ataque al presidente venezolano Nicolás Maduro por dos drones cargados de explosivos.

Compañías como Dedrone, OpenWorks, Fortem Technologies, DroneShield y la organización Battelle aseguran tener solución a estos problemas.

OpenWorks vende un cañón montado al hombro que dispara una red para atrapar al drone. DroneShield ofrece un bloqueador en forma de pistola al activarlo, obliga al drone a aterrizar; Dedrone crea una red de malla que detecta e identifica los drones según la forma como se comunican con el operador mediante la intercepción de señales, suministrando esta información a un sistema de interferencia desarrollado por Battelle.

Los drones son considerados aeronaves según la ley federal, por lo que es ilegal que los ciudadanos los saboteen o destruyan, de hacer esto podrían ser acreedores a 20 años de prisión, dijo Michael Beylkin, abogado de Fox Rothschild, firma especializada regular drones utilizados en los medios y el entretenimiento.

Estos dispositivos que intentan capturar drones tampoco pueden usarse fuera de los parámetros estrictos, pues son dispositivos restringidos que sólo las agencias federales pueden usar.

Para el ex Presidente del Consejo Nacional de Seguridad del Transporte, la mejor opción es una buena legislación, tecnología de grado militar y una cooperación más estrecha entre autoridades y operadores.