Sectores industriales brasileños expresaron fuertes críticas a la decisión del gobierno de Estados Unidos, liderado por Donald Trump, de aplicar un arancel adicional del 50% sobre una amplia gama de productos brasileños, con entrada en vigor prevista para el 1º de agosto de 2025.
La Asociación Brasileña de Empresas de Software (ABES) declaró que “lamenta la decisión de elevar las tarifas” y convocó a “los países al sentido común y a la negociación”.
La entidad destacó que la asociación bilateral con Estados Unidos, que supera los 200 años, “ha contribuido a la generación de miles de empleos calificados y a la competitividad brasileña”, e instó a ambas naciones a priorizar el diálogo para evitar impactos “en el tipo de cambio o en el flujo bilateral de inversiones”.
La opinión fue reforzada por la Asociación Brasileña de la Industria Eléctrica y Electrónica (Abinee), que afirmó haber recibido “con preocupación el anuncio” y calificó la medida como “unilateral” y carente de “justificación económica”, especialmente ante un flujo comercial en el que Estados Unidos mantiene superávit frente a Brasil.
La carta deja claras motivaciones políticas detrás de la medida, además de configurar una falta de respeto a la soberanía brasileña.
De hecho, los datos oficiales muestran que, al contrario de lo alegado por el gobierno estadounidense, la balanza comercial es favorable a Estados Unidos. En 2024, ese país exportó US$ 49,700 millones a Brasil, mientras que importó US$ 42,300 millones, lo que resultó en un superávit estadounidense de US$ 7,400 millones en el comercio de bienes.
La Abinee también advirtió que “Brasil tendrá que sentarse a la mesa de negociación para revertir este nivel arancelario, que hará inviables las exportaciones de las empresas del sector”. La entidad subrayó que, en el primer semestre de 2025, la balanza del sector electroelectrónico registró un déficit de US$ 1,300 millones para Brasil.
La medida fue anunciada por Trump en una carta dirigida al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el miércoles (9), alegando “en parte, censura del STF a las redes sociales y a estadounidenses” y lo que calificó como una “caza de brujas” contra el expresidente Jair Bolsonaro, actualmente acusado formalmente por incitación a un golpe de Estado.
La justificación generó fuerte repercusión diplomática. Lula convocó al embajador estadounidense, reiteró la independencia del Poder Judicial brasileño y anunció medidas de represalia con base en la Ley de Reciprocidad.
Analistas ya advierten que el arancel del 50% puede encarecer significativamente productos como café, jugo de naranja, carne y equipos eléctricos en Estados Unidos, al mismo tiempo que amenaza con reducir sustancialmente las exportaciones brasileñas de esos sectores.
Ante este escenario, la ABES destacó que “es importante reforzar el diálogo para mitigar los impactos”, mientras que la Abinee defendió que “el camino diplomático (…) será fundamental para garantizar la confiabilidad y previsibilidad” en las relaciones comerciales.