Identidad Digital Autosoberana para empoderar una sociedad digital en América Latina

A medida que la tecnología avanza, los servicios digitales aumentan y la innovación se vuelve más dinámica, lo que menos parece evolucionar en América Latina es el poder y control que tienen las personas sobre sus datos personales.

Los datos sobre nuestra identidad, quiénes somos, qué hacemos, dónde vivimos o a qué servicios accedemos, están esparcidos y administrados por múltiples instituciones de gobierno, plataformas digitales y espacios en línea, pero no siempre a nuestro alcance.

Esto repercute en nuestra capacidad para decidir qué datos compartimos y limita el acceso a servicios públicos y el ejercicio de derechos relacionados con la educación, la salud o el acceso a la justicia.

Incluso, restringe la capacidad de los Estados para gestionar la administración pública y tener una relación más cercana y activa con la ciudadanía.

En ese contexto, la Identidad Digital Autosoberana (IDA) plantea un camino para empoderar a los individuos respecto a su identidad en el mundo en línea y para que los gobiernos sean más eficientes en la prestación de servicios y en resolución de problemáticas sociales específicas.

CAF ―el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe― publicó a principios de julio un documento que guía a los países de la región para crear una estrategia de implementación de la IDA, con definición de etapas, medidas y flujos de trabajo específicos.

La IDA es un conjunto de datos e información en línea de cada individuo, como datos personales, contraseñas, usuarios y trazas de actividades en el mundo digital.

Se trata de un término que reconoce que cada individuo debe poseer y controlar su identidad (autosoberanía) sin la intervención de autoridades administrativas. Así, cada persona puede autogestionar sus credenciales de identidad, compartirlas y configurarlas.

Además, la IDA se basa en tecnologías avanzadas de criptografía, por lo que es más seguro y sencillo validar una identidad con base en una llave privada única y pone un candado más fuerte a una posible violabilidad.

Si bien puede sonar complejo, el proceso de autenticación de la IDA sería mucho más rápido y confiable, lo cual, a su vez, ayudaría a los gobiernos y organizaciones a ahorrar recursos.

La Identidad Digital Autosoberana no es lo mismo que la identidad digital, que ahora mismo algunos países aspiran a impulsar. Más bien, el CAF considera que pueda ser complementaria y enfocarse en casos de uso y problemáticas específicas. Y precisamente ahí radica el potencial que podría tener la IDA en América Latina.

Por ejemplo, la IDA podría implementarse para incrementar el acceso a la primera identidad; es decir, para llegar a zonas rurales y alejadas de la región donde existen muchos niños y niñas sin registro de nacimiento.

De acuerdo con la Unicef, sólo en República Dominicana alrededor de 186 mil menores de edad no están registrados. En los datos oficiales, para el Estado no existen, lo que significa que no podrán ser vacunados, ir a la escuela ni recibir atención médica.

Y en toda América Latina y el Caribe, la Unicef calcula que 4 millones de niñas y niños menores de cinco años nunca han sido registrados.

Una de las principales razones por la que los padres no registran a sus hijos es que la dependencia más cercana para hacerlo está a horas de distancia y es difícil y costoso llegar ahí.

La Identidad Digital Autosoberana podría permitir que más niños y niñas se registren desde el nacimiento. Los representantes del gobierno podrían viajar a las zonas rurales y remotas para emitir certificados de identidad digital que las personas podrían manejar fácilmente por medio de billeteras digitales.

Otro ámbito en el que la IDA tendría enorme utilidad es en la inclusión financiera. En la región, siete de cada 10 personas no están bancarizadas, según Latin America Reports. Esta problemática repercute a su vez en el acceso a oportunidades económicas y de generación de ingresos, y profundiza la desigualdad social.

La IDA podría habilitar el acceso a diversos servicios digitales de manera confiable, incentivando a más personas a utilizar servicios financieros digitales y seguros de que existen menores riesgos de sufrir alguna vulneración de ciberseguridad.

Además, la adopción de la IDA podría impactar significativamente en la productividad y competitividad de los países, ya que también beneficiaría procesos internacionales de logística, comercio exterior, comercio electrónico y trámites aduaneros.

Sin embargo, para que estos casos se vuelvan una realidad en la región, CAF advierte que se requiere de un contexto de información ordenada y bien organizada dentro de las instituciones.

Esto supone que los gobiernos, quienes centralizan la información, deben transformar sus procesos y gestión administrativa y poner en orden sus bases de datos, ya que implementar modelos de IDA exige llevar a cabo una transición no sólo tecnológica sino de paradigma.

Contar con la infraestructura adecuada, los recursos, una visión y una estrategia, así como promover la alfabetización digital y el cierre de la brecha de conectividad, también suponen desafíos adicionales para América Latina.

Las instituciones, acostumbradas a la burocracia, trámites eternos y silos de datos, primero necesitarán avanzar en una transformación cultural, para después innovar con ayuda de la tecnología en la gestión de la identidad digital y empoderar a la ciudadanía.