Hacia un entorno cibernético más incluyente

Cuando llegué a mi primer puesto en el extranjero como una mujer diplomática, la ciberseguridad me pareció un tema intimidante: demasiado técnico para una generalista como yo y, además, un sector dominado principalmente por hombres. 

Han transcurrido algunos años desde entonces y reconozco que aún hay varios retos a los cuales se siguen enfrentando las niñas y las mujeres en el ciberespacio. 

Sin embargo, en este panorama también hay voluntad e iniciativas para eliminar estas barreras. 

Me he encontrado con una comunidad creciente de mujeres apoyándose unas a otras y he recibido mucho apoyo de mis colegas hombres. 

También percibo que hay una fuerte creencia (tanto de ellos como de ellas) en la importancia de la diversidad en el sector tecnológico. 

Por ello, quisiera inaugurar este espacio de opinión hablando de este tema cercano a mi corazón: la diversidad en el sector del ciberespacio. 

Es quizás también un mito que la ciberseguridad es muy técnica, pero eso lo podemos platicar más adelante. 

Se calcula que el acceso de las mujeres a Internet y a los teléfonos móviles es 85 por ciento inferior al de los hombres y, aproximadamente, 1,700 millones de mujeres en el Sur Global carecen de acceso a Internet. 

Esta brecha digital de género dificulta que las mujeres incrementen su alfabetización digital y que sean conscientes sobre las mejores prácticas de ciberseguridad. 

Por ejemplo, las mujeres y las niñas son especialmente vulnerables a la piratería de cuentas y dispositivos digitales (es decir, al uso de programas espía) por parte de sus parejas y/o familiares como forma de vigilancia, control y continuación del abuso familiar o de la pareja íntima.

Además, la violencia en razón de género es la forma de abuso más extendida en el mundo y afecta a un tercio de todas las mujeres a lo largo de su vida. 

Lamentablemente, este abuso se produce cada vez más en línea. Según un estudio de The Economist realizado en 51 países, 85 por ciento de las mujeres de todo el mundo han atestiguado o sufrido violencia en línea dirigida específicamente en contra de ellas. 

En América Latina y el Caribe este porcentaje fue mayor con 91 por ciento.

Incrementar la participación de las mujeres en el sector tecnológico y la colaboración con expertas feministas en tecnología, así como con organizaciones de derechos de las mujeres y profesionales que prevengan la violencia en contra de ellas, garantizaría un diseño de espacios seguros e incluyentes. 

Los beneficios de tener un entorno cibernético más incluyente son muchos, ya que perspectivas más diversas resultan en más ideas para responder mejor a la tecnología y a las amenazas que surgen rápidamente. 

Por ejemplo, los procedimientos de ciberseguridad existentes y destinados a proteger a las personas de violaciones a la privacidad o al robo de identidad a menudo emplean un sistema que caracteriza al malhechor como un agente externo al círculo personal inmediato. 

Al olvidar la contraseña, el sistema sugiere preguntas como “¿cuál es el nombre de su mascota?” o “¿cuál es el primer nombre de su madre?” como forma de verificación de la identidad. 

Incluir una perspectiva de género en el ciberespacio podría tomar en cuenta que gran parte de las violencias contra las mujeres y niñas (sexual, psicológica, verbal o tecnológica) suele venir desde casa, en la forma de violencia doméstica o de pareja. 

No obstante, se reporta que sólo alrededor de 20 por ciento de la mano de obra cibernética global son mujeres. 

Si bien aún queda un largo camino por recorrer para lograr la igualdad en el sector, en la actualidad hay esfuerzos para transformarlo. 

Por ejemplo, desde 2017 es obligatorio en mi país (Reino Unido) que todos los centros de trabajo midan y reporten su brecha salarial de género. Al hacerlo, tanto el gobierno como las empresas pueden identificar si las mujeres no están tan representadas en su sector o en puestos de liderazgo. 

A su vez, esta reflexión les permite implementar políticas internas que incentiven una mayor participación de las mujeres.

El Centro Nacional de Ciberseguridad de Reino Unido (NCSC, por sus siglas en inglés), liderado por una mujer -Lindy Cameron-, ha trabajado arduamente para mejorar la diversidad. 

En su más reciente reporte, se estima que el porcentaje de mujeres en posiciones de liderazgo dentro del entorno cibernético se ha incrementado 34 por ciento. 

A nivel internacional, cofinanciamos la Beca Mujeres en el Ciberespacio (Women in Cyber Fellowship). 

Esta beca busca garantizar la representación equitativa y efectiva de mujeres diplomáticas de todas las regiones en las negociaciones cibernéticas de la ONU, desarrollar capacidades de gobernanza cibernética, brindar acceso a talleres y capacitación, así como apoyar directamente a las becarias para que participen en los procesos de la Primera y Tercera Comisión de la ONU. 

Nuestra red de Embajadas también tiene iniciativas como eventos para la concientización sobre las mujeres en el ciberespacio, discusiones y paneles con expertas, participaciones en mesas de trabajo, podcasts y eventos de networking

Y en México, hemos adaptado la metodología británica para medir la brecha salarial de género al contexto local, ¡les invito a conocerla!

Si bien hemos hablado de fomentar la participación de las mujeres en STEM desde hace mucho tiempo, me alegra mucho que haya más impulso para hacer el cambio específicamente en el sector de ciber desde una edad temprana. 

La iniciativa británica Cyber First Girls inspira a las jóvenes para abrirles las puertas a una futura carrera en ciberseguridad encargándoles que resuelvan retos relacionados con la ciberseguridad. Más de 56 mil niñas, de entre 12 y 13 años, han participado desde 2017.

Sólo así lograremos hacer de este espacio cibernético uno más seguro, abierto, libre y pacífico para toda la sociedad. 

Espero que en un futuro próximo este sentimiento de miedo que tenía yo al empezar, no lo tengan otras mujeres al pensar en una carrera en ciberseguridad y tecnología. 

Al contrario, deseo que todas y todos nosotros creamos en el valor de la diversidad.