Escaramuzas por el uso de la banda de 6 GHz

No es una novedad, pero el sector de las telecomunicaciones se muestra tironeado de un lado y del otro en variados temas neurálgicos. Es parte de su atractivo intelectual como subsector de la economía, con debates siempre novedosos y actuales. Uno de esos temas es la discusión por el uso de la banda del espectro radioeléctrico de 6 GHz (5.925–7.125 MHz). En total, suman 1.200 MHz de discordia para los agentes del ecosistema digital.

Aunque el debate sobre la banda de 6 GHz parece un asunto técnico de frecuencias, interferencias y equipos, en realidad implica una decisión política y estratégica de gran alcance. Es, ni más ni menos, que elegir si esta franja del espectro será usada principalmente por la industria tecnológica, a través de Wi-Fi de libre acceso, o por los operadores móviles mediante licencias exclusivas para redes 5G y 6G.

Actores involucrados

La solidez de los argumentos y la energía del discurso poseen la fuerza de volver a dividir el Mar Rojo en dos murallas de agua, como lo hizo Moisés con su mano extendida, según relata el Antiguo Testamento. Esta vez, cada pared líquida reúne grupos de interés, empresariado y agentes de lobby que se mueven rápidamente entre los pasillos del poder para convencer y hacer prevalecer sus posturas. No son unos gatitos, sino leones rugientes en días en los que la gripe los deja con la voz más grave y ronca.

¿Quiénes son estos felinos? Prácticamente, los mismos de siempre.

En un costado de la sala identificamos la industria tecnológica, congregados entre los fabricantes de chips y dispositivos, así como la Wi-Fi Alliance (WFA). Ellos apuestan por abrir la banda completa (5.925–7.125 MHz) al uso no licenciado para Wi-Fi 6E y Wi-Fi 7. Aquí se encuentran Apple, Samsung, Qualcomm, Intel, Google, Meta, Amazon, Microsoft y demás exponentes de la industria tecnológica, quienes quieren los 1.200 MHz a fardo cerrado.

En el otro costado de la sala está la hermandad de la industria móvil, que son los operadores de redes agrupados tras la GSMA. Aparentemente menos gazuzos que sus contrincantes, estos se muestran interesados en reservar solamente la parte alta de la banda para las telecomunicaciones móviles internacionales (IMT), y no la fracción completa. En esta posición menos exigente estarían Entel, Telefónica, Claro, Vodafone, Tigo, Millicom, AT&T y el resto de los operadores móviles.

Los ronroneos y zarpazos de estos felinos son presentados precisamente al órgano regulador de cada país, quien tiene la llave para decidir en materia de recursos electromagnéticos, incluida la banda 6 GHz. Ahí cada bando intenta allegar la mayor cantidad de agua a su molino. 

Consecuencias de una definición u otra

La primera tensión es totalidad versus repartija. Quienes defienden que los 1.200 MHz completos deben destinarse al uso no licenciado argumentan que la mayor parte del tráfico de datos ya se cursa por Wi-Fi, que es más inclusivo, barato y rápido de desplegar que licitar espectro. También, ellos señalan que la masificación del trabajo remoto, streaming, Cloud y gaming requieren de canales más anchos.

Por el contrario, los operadores móviles empatizan con la necesidad de espectro no licenciado para sostener el IoT y la fábrica inteligente, pero no quieren ingenuamente “perder pan ni pedazo”. Proponen hacerlo a través de una medida salomónica: la mitad para Wi-Fi y la otra mitad para IMT. Se trataría de “partir la guagua en dos”, tal como quiso el rey Salomón.

Sus argumentos descansan en que el tráfico móvil crece de forma exponencial y necesita espectro armonizado, además de que sin nuevas bandas medias el despliegue de la red 5G disminuirá su eficiencia. Además, perder por completo la banda de 6 GHz pone en riesgo aplicaciones críticas como vehículos conectados y autónomos, salud digital avanzada, ciudades inteligentes, defensa y seguridad pública, etc.

El segundo eje del debate es dejar todo para Wi-Fi, o bien dejar la mitad baja para Wi-Fi y la alta para IMT. Por cierto, el modelo “baja para IMT y alta para Wi-Fi” no existe. En Europa y varios países latinoamericanos se ha liberado la franja baja (5.925–6.425 MHz) para Wi-Fi, reservando la alta (6.425–7.125 MHz) para comunicaciones IMT. 

Así, hay potencias que han abierto la banda para Wi-Fi, mientras que otras se han inclinado por una solución mixta, e incluso hay varias que han sido cautelosas, dejando la parte alta “en estudio”. En cambio, Chile ha transitado un camino zigzagueante. 

Primero, la exsubsecretaria Pamela Gidi liberó toda la banda de 6 GHz mediante la resolución exenta N° 1.807/2020 de la Subtel. Algunos dicen que fue una decisión “un poco apresurada”, habida cuenta de que en la actualidad no existe una única respuesta técnica correcta. La elección dependerá del balance que haga cada país entre la urgencia por capacidad indoor y la necesidad de capacidad móvil exterior para IMT.

Por lo mismo, el subsecretario actual, Claudio Araya, dio marcha atrás con la x, limitando Wi-Fi a la porción baja y dejando la parte alta en suspenso. La resolución señala —textualmente— “con el propósito de esperar la decisión sobre la armonización internacional que se realizará en la próxima Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones (CMR-23)”. 

Lo cierto es que esta conferencia internacional de la UIT ya ocurrió en Dubái hace dos años, pero Chile aún no ha tomado una determinación respecto de la parte alta de la banda. ¿No será prioridad? ¿El lobby es muy feroz? ¿O es una papa caliente que nadie quiere sostener en sus manos?

Como sea, sí es un serio problema de comunicación política el que se haya hecho descansar la decisión en la CMR-23. Porque lo cierto es que en dicha conferencia no hubo una única “recomendación mundial” de asignarla completamente a Wi-Fi o IMT, sino que la UIT dejó que cada región o país adopte su modelo, basándose en sus necesidades. 

Lo anterior pese a que Wi-Fi 6E y Wi-Fi 7 ganó la parte baja (5.925-6.425 MHz) en casi todo el mundo, mientras que IMT (5G/6G) ganó la parte alta (6.425-7.125 MHz) en Europa, África, Medio Oriente, pero no en América.

En términos de política pública, la decisión compromete una parte considerable de la estrategia digital de la próxima década. Optar por Wi-Fi significa priorizar acceso masivo y a bajo costo; apostar por IMT significa reforzar la robustez y capilaridad de las redes móviles. No parece existir la solución perfecta, pues cada alternativa genera costos de oportunidad para el otro sector.

El rol del próximo gobierno

La definición sobre el uso de la banda de 6 GHz está lejos de ser una medida cosmética. El ciudadano común puede beneficiarse en su conectividad indoor gracias al Wi-Fi 7 o, en cambio, de las promesas de la industria 5G si los operadores cuentan con espectro armonizado y suficiente.

Todo pareciera indicar que la solución debe ser mixta: una mitad para Wi-Fi y la otra mitad para IMT. Nadie puede negar que Wi-Fi 6 (y superiores) van a ser muy necesarios en el futuro, pero también se van a necesitar bandas medias para IMT —aunque la banda de 6 GHz no sea la “niña bonita” de la fiesta desde el punto de vista de 5G, pues hay bandas mejores. Sin embargo, hay importantes detractores de esta solución con muy buenos argumentos. La decisión es difícil.  

Cualquiera sea la fuerza política que gane las elecciones presidenciales de noviembre próximo, deberá cortar el pastel de una vez por todas, poniendo término a la indefinición. En tal escenario, ¿cuál visión prevalecerá? ¿Qué león agripado terminará por imponerse con sus rugidos?