Emisoras de Paz en un país dividido como Colombia

Juan Ricardo Pulido @MuyPulido

Somos una sociedad dividida.  Una sociedad a la que le cuesta ver las oportunidades de unidad, pero con una increíble facilidad y una fuerza vehemente, pasional, casi irracional que pintamos de revolucionaria; tomamos cada oportunidad en aras de la división.

A partir de la afortunada invitación para participar en el 9° Encuentro de la Red de Radios Universitarias de México vale la pena recordar algunos hechos y destacar la labor que, desde la Radio Nacional de Colombia, tuve la oportunidad de liderar desde su creación hasta dejar establecidas 16 emisoras de paz y un equipo consolidado de 98 personas en territorios golpeados de manera directa por el conflicto armado colombiano.

En resumen, diría que logramos cumplir con la instalación de las emisoras, contratar los equipos de trabajo, generar contenidos, y poner en pleno funcionamiento las Emisoras de Paz. Sin duda, es un orgullo para los medios públicos de Colombia.  Durante varios años, a partir del 2019, cuando se puso Al Aire la primera emisora de paz, varios estudios y entidades que hacían seguimiento a la implementación del Acuerdo de Paz destacaron los avances en este punto, siendo en diversos periodos el de mayor cumplimiento, o al menos uno de los que avanzaba; incluso llegamos a ser el único que superaba el 50% de cumplimiento.  

Tanto éxito, si se me permite el término, hace pensar que el asunto fue fácil, o deja de lado los pesos circunstanciales y el escenario político en el que tuvieron que establecerse estos medios de comunicación.

En el año 2.016 el gobierno colombiano, bajo la presidencia del, ahora Nobel de Paz, Juan Manuel Santos, firmó el Acuerdo de Paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.  Sin embargo, gran parte de la implementación de dicho acuerdo tuvo que estructurarse y echar a rodar en el gobierno siguiente, el de Iván Duque, del partido político del expresidente Uribe, Centro Democrático.  Un gobierno de derecha, crítico del acuerdo, al punto que en medio de la campaña electoral desde uno de los miembros destacados del partido se señaló; “el primer desafío del Centro Democrático será el de volver trizas ese maldito papel que llaman acuerdo final con las FARC”.

Bajo estas circunstancias nacieron las Emisoras de Paz.  Bajo este panorama la radio pública de Colombia, en cumplimiento del Acuerdo de Paz y, por tanto, de la constitución, tuvo que asumir la tarea de establecer 20 Emisoras para la convivencia y la reconciliación, conocidas popularmente como Emisoras de Paz.

Asumir esta labor sin instrucciones claras, más que lo contenido en una página y cinco párrafos que se recogen en el punto 6.5 del Acuerdo de Paz, sin un manual, una figura similar previa, o un referente; implicó desafíos importantes que quizá ni el mundo, ni el país aún conocen.  Sin embargo, el reto más grande fue sacar adelante unas emisoras de paz en medio de un país y una sociedad absolutamente dividida, una sociedad en guerra, que parece seguir siendo una “patria boba”.

El 2 de octubre del año 2.016 los colombianos tuvimos que salir a las urnas a responder una pregunta que parecía básica y de respuesta obvia:

“¿Apoya el acuerdo final para la terminación del conflicto y construcción de una paz estable y duradera?”.

Pues como colombianos decidimos que No. No apoyamos el acuerdo final para la terminación del conflicto y construcción de una paz estable y duradera.

Los resultados ni siquiera fueron apabullantes, al contrario, el margen de diferencia fue de apenas 0.43%.  El 50,21% de los colombianos dijeron No, y el 49,78 dijimos Sí, y después lloramos.  El panorama es aún más complejo, y hablo en presente porque los hechos recientes y la perspectiva política de mi país no parecen mostrar cambios.  

El plebiscito por la paz no solamente mostraba que somos una sociedad dividida, sino una sociedad a la que poco le importa el ejercicio ciudadano o la democracia, o al menos eso podría una pensar si considera las cifras de abstención de esta jornada determinante que llegó al 62%.

Sin embargo, por razones que ameritarían un nuevo encuentro de la Red, no vamos a ahondar en los hechos desencadenantes de estos resultados, ni daremos una mirada a la historia de nuestra democracia, aún joven; sino que nos quedaremos con reconocer el momento que vivía el país y sobre el cual se dio inicio, luz y proyección a las Emisoras de Paz.

Ese momento también estaba, como es natural, determinado por los medios de comunicación tradicionales.  La radio que escuchaba mi madre antes de mandarnos al colegio, en la que mi padre escuchaba los partidos de fútbol, en la que mi abuelo madrugaba a escuchar boleros y noticias, y con la que empecé a soñar en hacer radio; también estaban divididos o, por qué no decirlo, cargados.

El 25 de junio del año 2019, mismo día en el que se encendían los micrófonos de la primera emisora de paz, en el municipio de Chaparral en el departamento del Tolima; uno de los programas más escuchados de la radio colombiana, titulaba en su página web; las emisoras de la guerrilla.  

Hoy, después de cinco años y 16 emisoras de paz, creo que el logro más importante ha sido sembrar en terreno árido.  Dar inicio a un proyecto comunicativo inmerso en el escenario político y de división social que aún atraviesa Colombia, tiene como mayor mérito seguir marchando.  

A pesar de los cambios de gobierno, los posibles errores administrativos, las buenas o malas intenciones, las buenas que se vuelven malas, o las malas que no prosperan; las Emisoras de Paz están en buenas manos.  Reposan en el saber de comunicadores de las regiones, con raíces en los territorios, empíricos muchos de ellos, pero todos con la convicción y apropiación que requieren los medios que construyen paz. 

En una reciente entrevista, de cara al 9° Encuentro de la Red de Radios Universitarias de México, se me pidió destacar algo de las emisoras de paz, más allá de las cifras; ello me llevó a considerar justamente las adversidades que no estaban en lo técnico, en lo administrativo, en los recursos, sino en el sentir de los colombianos.  

Pasados cinco años las comunidades de los municipios en los que operan las Emisoras de Paz se han apropiado del medio, lo sienten como aliado, amigo incluso, y un canal, casi de línea directa, con las administraciones y los gobiernos, tanto locales como nacionales.  Bajo cualquier circunstancia un medio de comunicación para un gobierno que propenda por la democracia siempre será un buen termómetro, un medio de comunicación en manos de las comunidades encontrará aciertos y desaciertos, quizá no muchos aplausos, pero sí una guía para enmendar.

Según artículo publicado por la propia Radio Nacional de Colombia, desde su nacimiento las Emisoras de Paz han emitido más de 45mil horas de programación local y su labor ha sido resaltada por la Misión de Verificación de Naciones Unidas.  En medio del complejo panorama en el que nacieron las Emisoras de Paz, han logrado consolidarse en los territorios y constituirse en el canal a través del cual hacer escuchar su voz.

Juan Ricardo Pulido, Periodista, Cronista, Consultor, Experto en Medios de Comunicación, y quien fue Coordinador de las Emisoras de Paz, estará el próximo miércoles 28 de agosto a partir de las 11:30am en la Mesa de Diálogo: Educación y Cultura de Paz, en desarrollo del 9° Encuentro de la Red de Radios Universitarias de México.