El Vaticano frente al desafío tecnológico: León XIV, un matemático convertido en Papa
Marco Antonio Galván. Propietario Principal de Futurist Thinking y VP de Venture Capital en Inteligencia Artificial en KP
Este contenido se publicó originalmente en el perfil de LinkedIn del autor y se reproduce en DPL news con su autorización.
Introducción
El Papa León XIV, nacido Robert Francis Prevost, encarna un liderazgo de la Iglesia Católica profundamente comprometido con las implicaciones de la tecnología moderna en la sociedad. Su elección en mayo de 2025 marcó varios hitos: es el primer pontífice originario de los Estados Unidos y de origen peruano por su ciudadanía dual, así como el primer miembro de la Orden de San Agustín en llegar al papado. Sin embargo, más allá de estas novedades, León XIV se ha destacado especialmente por su perfil tecnológicamente avanzado y su visión sobre el futuro de la humanidad en la era de la inteligencia artificial (IA).
Formado académicamente como matemático antes de su vocación sacerdotal,el Papa León XIV ha desarrollado un enfoque ético, pastoral y teológico singular frente a los desafíos de las tecnologías digitales contemporáneas.
En este artículo se analiza la influencia del Papa León XIV en el debate global sobre la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes, centrándose en conceptos clave promovidos bajo su liderazgo como el “humanismo algorítmico” y la “algor-ética”. Asimismo, se examina su papel previo como prefecto del Dicasterio para los Obispos (2023–2025) en la diplomacia tecnológica vaticana, por ejemplo en la iniciativa Rome Call for AI Ethics (Llamado de Roma por la Ética de la IA).
A la luz de la tradición católica y el contexto histórico de la Cuarta Revolución Industrial, se presentan las implicaciones éticas de su pensamiento, los desafíos que enfrenta la Iglesia ante la automatización, la biotecnología, la vigilancia digital, las redes sociales y las plataformas digitales, y las perspectivas futuras de este pontificado en la construcción de una “algor-ética” global al servicio de la dignidad humana.
La Iglesia y las revoluciones industriales: del Rerum Novarum al desafío digital
La respuesta de la Iglesia Católica a los cambios tecnológicos drásticos tiene antecedentes importantes. A finales del siglo XIX, durante la primera gran revolución industrial, el Papa León XIII promulgó en 1891 la encíclica Rerum Novarum (“De las cosas nuevas”) para abordar las duras realidades socioeconómicas de la industrialización. En ella denunció la explotación de los obreros en fábricas, defendió derechos laborales (salarios justos, jornadas razonables, sindicatos) y afirmó que la economía debe estar al servicio de las personas y no al revés. Aquella fue una respuesta radical al “maquinismo” de la época, sentando las bases de la Doctrina Social de la Iglesia con un enfoque humanista ante el progreso técnico: el desarrollo ha de ser “centrado en la persona”
Hoy, la humanidad se halla inmersa en lo que el Foro Económico Mundial denominó la Cuarta Revolución Industrial, caracterizada por la convergencia de la inteligencia artificial, la robótica, la biotecnología, el internet de las cosas y otras tecnologías disruptivas. Desde el pontificado de Francisco, el Vaticano viene advirtiendo que esta nueva era plantea cambios sociológicos y antropológicos tan profundos como los de la revolución industrial original.
De hecho, el Papa Francisco señaló ya en 2015 la “clara necesidad de crear nuevas formas de actividad económica que, mientras fomenten las tecnologías avanzadas, también generen trabajo digno para todos”, insistiendo en que “es el hombre quien debe guiar el desarrollo tecnológico, sin dejarse dominar por él”. Esta continuidad de pensamiento prepara el terreno para el liderazgo de León XIV. Al elegir el nombre León XIV, el nuevo Papa envió una señal deliberada de compromiso con los problemas sociales de una nueva “era de las máquinas” – ahora impulsadas por algoritmos y datos.
Matteo Bruni, portavoz vaticano, confirmó que León XIV escogió su nombre “como un guiño a los trabajadores en la era de la inteligencia artificial”, recordando que aunque cambien las tecnologías, las cuestiones fundamentales de dignidad humana y justicia permanecen.
En este contexto histórico, la Iglesia bajo León XIV se propone, una vez más, como interlocutora activa ante una auténtica “cambio de época” tecnológica. Así como Rerum Novarum fue la respuesta ética al capitalismo industrial, se anticipa que el pontificado de León XIV articulará la respuesta moral a la revolución digital contemporánea, defendiendo la primacía de la persona y el bien común en medio de avances vertiginosos en IA y automatización.
De matemático y misionero a Papa: formación y trayectoria de Robert F. Prevost
La singular visión de León XIV se entiende mejor a la luz de su formación intelectual y su ministerio pastoral previo. Nacido en Chicago en 1955 en una familia multicultural, Robert F. Prevost destacó académicamente desde joven. Ingresó a la Orden de San Agustín en 1977 y ese mismo año se licenció en Matemáticas por la Universidad de Villanova, institución agustina de Estados Unidos. Su sólida formación científica se complementó con estudios de teología (Maestría en Divinidad, 1982) y de derecho canónico (doctorado, 1987), ámbitos en los que también brilló. Esta combinación poco usual de matemático y canonista le otorgó un perfil analítico riguroso, familiarizado con el lenguaje de los algoritmos y la lógica, a la par de una profunda comprensión teológica.
Como obispo, combinó su bagaje intelectual con la realidad local: impulsó innovadores proyectos de salud digital, como clínicas rurales interconectadas mediante telemedicina satelital para brindar atención médica especializada en aldeas andinas remotas sin internet terrestre. Este programa piloto logró que poblaciones aisladas accedieran a consultas de alta especialidad, un ejemplo temprano de cómo la tecnología puede ponerse al servicio del bien común bajo su guía pastoral. “Es un uso muy concreto de la tecnología para mejorar la vida de las personas”, destacó un analista sobre esta iniciativa, subrayando que Prevost comprendía la complejidad tecnológica y sabía aplicarla en favor de los vulnerables
Su liderazgo al frente de la diócesis también abarcó la modernización en la evangelización: implementó aulas virtuales en la formación de seminaristas y lanzó una radio web bilingüe; hacia 2023 su oficina coordinaba redes sociales multilingües con más de 1,4 millones de seguidores.
Estas acciones muestran a un pastor que adopta medios digitales para la misión sin perder de vista su finalidad evangélica. En septiembre de 2023, el Papa Francisco lo convocó a Roma como Prefecto del Dicasterio para los Obispos, responsabilizándole de la selección y supervisión de obispos a nivel global. Al mismo tiempo, fue ordenado cardenal, incrementando su peso en la Curia romana.
Desde ese puesto de alta jerarquía, Prevost no solo adquirió una visión panorámica de la Iglesia universal, sino que también se involucró en iniciativas vaticanas sobre tecnología y ética. Como prefecto, patrocinó la adhesión de empresas tecnológicas como Cisco, IBM y Microsoft al “Llamado de Roma por la Ética de la IA”, el documento marco del Vaticano para promover algoritmos centrados en la persona. Esta participación temprana en la diplomacia tecnológica de la Santa Sede evidenció que Prevost –ya entonces papable– veía en la cuestión digital un campo prioritario de la misión contemporánea de la Iglesia.
En síntesis, la trayectoria de Robert Prevost antes de asumir como León XIV amalgama tres rasgos poco comunes en un solo líder eclesial: formación científica de alto nivel, experiencia pastoral en el mundo en desarrollo y rodaje en el gobierno central de la Iglesia. Estas facetas convergen ahora en un Papa preparado para entablar un diálogo crítico con la Cuarta Revolución Industrial, con la autoridad moral del pastor y el conocimiento técnico del matemático.
Humanismo algorítmico: una ética para la era de la IA
Uno de los conceptos centrales impulsados por el Papa León XIV es el llamado “humanismo algorítmico”, una visión que subordina la tecnología —en particular la inteligencia artificial— al servicio de la persona humana y su dignidad. Siguiendo la estela de la doctrina social católica, León XIV sostiene que “la IA sólo es cristiana si protege la dignidad de cada persona”. Esta afirmación encapsula su enfoque teológico: cualquier desarrollo algorítmico debe respetar la imago Dei (imagen de Dios) presente en cada ser humano y promover el bien integral de la humanidad, en lugar de erosionarlo. En sus primeros mensajes, el Papa ha alertado sobre fenómenos digitales que amenazan la verdad y la convivencia, como la proliferación de “deepfakes” o videos ultrafalsos, advirtiendo que tales usos maliciosos de la IA “erosionan la verdad” y socavan la confianza social. Por ello, ha manifestado su intención de frenar los deepfakes doctrinales y la desinformación desde la raíz, trabajando conjuntamente con los desarrolladores de los grandes modelos generativos de IA para proteger la integridad del mensaje cristiano y la información veraz..
El humanismo algorítmico de León XIV se plasma en la idea de una algor-ética global, es decir, una ética aplicada a los algoritmos. La “algor-ética” (término acuñado en ámbitos vaticanos recientes) propone incorporar principios morales en el diseño y despliegue de la inteligencia artificial. En palabras de Mons. Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, se trata de asegurar “ética en el diseño de los algoritmos que subyacen a la inteligencia artificial”, de modo que esta revolución tecnológica se oriente al desarrollo humano integral.
Dicho de otro modo, no basta con crear IA poderosa; es imperativo que sus códigos fuente lleven impresos códigos éticos. Esta noción de algor-ética ha sido abrazada por el Vaticano como plataforma plural de principios compartidos. De hecho, la Santa Sede impulsó en 2020 un documento pionero, el Rome Call for AI Ethics (Llamado de Roma por la Ética de la IA), cuyo objetivo es promover un sentido de responsabilidad conjunta por la dignidad humana en el contexto de acelerado progreso tecnológico.
El Llamado de Roma articula un conjunto de principios éticos universales – transparencia, inclusión, responsabilidad, imparcialidad, confiabilidad, seguridad y privacidad – que los desarrolladores y usuarios de IA deberían respetar. “Al invertir en un nuevo algoritmo, los firmantes se comprometen a respetar los principios del Llamado de Roma”, reza el documento, enfatizando la necesidad de que la tecnología esté moldeada según valores que protejan al ser humano
Como Cardenal, el hoy Papa León XIV jugó un papel clave en la expansión de esta alianza ética. En abril de 2024, fue testigo de la adhesión de Cisco Systems al Llamado de Roma – sumándose a IBM, Microsoft, la FAO, numerosas universidades y representantes de las religiones abrahámicas que ya lo habían suscrito
Aquel evento incluyó una audiencia de la delegación tecnológica con el Papa Francisco, manifestando el alto nivel de involucramiento de la Santa Sede en estos temas. Prevost, con su trasfondo técnico, comprendía la importancia de involucrar a las grandes corporaciones y a la sociedad civil en un compromiso ético. Un analista resaltó que con la llegada de León XIV “el Vaticano se convierte en un juez de opinión muy relevante en la regulación de la inteligencia artificial a nivel global”, precisamente porque ahora el Papa “entiende el lenguaje de los algoritmos” y sabe cómo ponerlos al servicio del bien común. Este liderazgo le ha conferido a la Iglesia una voz respetada en foros internacionales sobre IA, trascendiendo el ámbito puramente religioso. Muestra de ello fue la inclusión histórica del Arzobispo de Canterbury (líder anglicano) en la firma del Llamado de Roma en 2024, lo cual subrayó “la dignidad de todo ser humano en medio del cambio tecnológico” como preocupación ecuménica compartida.
Teológicamente, León XIV enmarca la algor-ética en la continuidad de la tradición humanista cristiana. Así como Erasmo de Róterdam encarnó el humanismo renacentista en diálogo con los descubrimientos de su época, el Papa sugiere un nuevo humanismo digital donde la tecnología y la fe convergen en una visión integradora de la persona. No se trata de sacralizar la IA ni de demonizarla, sino de reconocer sus potencialidades y sus riesgos bajo una luz antropológica completa. Como indicó un documento vaticano de inicios de 2025 (Antiqua et Nova), la inteligencia artificial actual tiende a definir la “inteligencia” en sentido funcional y reducido –como mera capacidad de cómputo eficiente–, lo cual no abarca la riqueza de la inteligencia humana, que incluye creatividad, emociones, sentido moral y espiritual.
Ética y pastoral ante las nuevas tecnologías: prioridades del pontificado de León XIV
La visión tech-humanista del Papa León XIV se concreta en varias áreas de la modernidad tecnológica, en las cuales él ha delineado principios éticos y acciones pastorales específicas. A continuación, se examinan sus prioridades en campos como la inteligencia artificial y automatización, la biotecnología, la vigilancia digital, las redes sociales y el ecosistema de las plataformas en línea:
Inteligencia artificial y automatización del trabajo:
Siguiendo la herencia de Rerum Novarum, León XIV subraya la dignidad del trabajo humano aun en la era de la automatización inteligente. La IA promete aumentar la eficiencia y productividad, pero también amenaza con suprimir empleos tradicionales y ensanchar brechas de desigualdad si no se encauza con justicia. El Papa ha indicado que la Iglesia “una vez más se encontrará defendiendo el derecho al trabajo significativo” en un mundo donde sistemas de IA realizan tareas cada vez más complejas. Esto implica abogar por salarios justos, programas de reconversión y capacitación para los trabajadores desplazados, y políticas que distribuyan ampliamente los beneficios de la automatización en vez de concentrarlos en unas pocas empresas tecnológicas.
En encuentros con líderes sociales, León XIV ha reiterado el llamado de Francisco a no dar por inevitable un futuro sin empleo humano, sino a “tomar decisiones a nivel político, antropológico, filosófico y científico para limitar los efectos peligrosos” de la IA no regulada.
Entre esos efectos nocivos, advertidos repetidamente por la Santa Sede, está el riesgo de que la automatización prive al hombre de su dignidad de elegir y determinar libremente su destino.
Por tanto, el Papa insta a un marco regulatorio internacional para la IA, de modo semejante a como en su momento se reguló la industria para proteger al obrero. Su postura rechaza tanto el tecnoutopismo acrítico como el determinismo derrotista: “no debemos perder la cabeza ni ponernos del lado de los fatalistas… ni de los entusiastas ingenuos”, sino evaluar con juicio equilibrado los peligros y las promesas de la IA
En última instancia, mantener al ser humano en el centro significa que “es el hombre quien guía la tecnología, y no al contrario”, reafirmando que la técnica debe ser instrumento del desarrollo humano integral, no su motor autónomo..
Biotecnología y redefinición de la vida:
Los avances en biotecnología –desde la edición genética (p. ej. CRISPR) hasta la posibilidad de aumentar la longevidad humana– plantean cuestiones éticas complejas que León XIV aborda con prudencia iluminada por la bioética católica.
Algunos futuristas celebran la perspectiva de una “superinteligencia” artificial o una “superlongevidad” alcanzada mediante biotecnología, mientras otros temen que tales ambiciones eclipsen a la propia persona human. El Papa se alinea con la posición de la Iglesia de acoger con gratitud los progresos científicos que mejoran la salud y la calidad de vida, pero rechazar firmemente cualquier manipulación de la vida que viole la dignidad inherente del ser humano o trate al ser humano como objeto. Ha señalado que subyace a muchos discursos tecnocientíficos una peligrosa pretensión de jugar a ser “dueño del destino evolutivo” de la humanidad, tentación que para la Iglesia equivale a asumirse como “demiurgo” en competencia con el plan divino.
En foros de ética médica, León XIV ha apoyado la necesidad de marcos regulatorios globales para aplicaciones como la ingeniería genética, que garanticen el respeto a límites morales objetivos: por ejemplo, distinguir entre intervenciones terapéuticas legítimas y modificaciones genéticas inherentes inadmisibles, o prohibir tajantemente experimentos que instrumentalicen embriones humanos.
Mantener “la categoría de persona humana” en el centro significa no perder de vista que la identidad y valor de cada individuo no provienen de su perfección biotecnológica ni de su utilidad, sino de su condición de hijo de Dios. Por tanto, ante la promesa y amenaza de la biotecnología, el Papa promueve una actitud de responsabilidad por la vida: ni freno al conocimiento científico, ni barra libre al transhumanismo, sino una ciencia al servicio de la persona, guiada por la ética de la sacralidad de la vida y el principio de precaución.
Privacidad, vigilancia y derechos digitales:
En la sociedad digital, los datos personales se han convertido en un recurso codiciado, y las tecnologías de vigilancia masiva plantean riesgos serios para las libertades fundamentales. León XIV, sensible a la defensa de la intimidad y la libertad de conciencia, aboga por una fuerte protección de la privacidad como parte de la dignidad humana. En consonancia con este principio, ha impulsado dentro de la misma Iglesia la adopción de altos estándares de ciberseguridad y protección de datos.
Por ejemplo, uno de sus objetivos declarados es extender normas similares al Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) europeo a las escuelas, hospitales y ONG católicos en todo el mundo, para prevenir nuevos escándalos de filtraciones (“VatiLeaks”) en la era del ransomware y la desinformación basada en IA
Esta iniciativa demuestra coherencia: el Vaticano quiere predicar con el ejemplo en materia de custodia de información sensible. En cuanto al ámbito civil, León XIV ha alertado contra la concentración de poder tecnológico en manos de unos pocos actores privados o estatales. “La IA no debería quedar solo en manos de particulares”, advertía ya el Cardenal Peter Turkson poco antes del pontificado de León XIV, subrayando la responsabilidad de los Estados de impedir que el control de estas herramientas quede fuera del bien común
Inspirado por esta línea, el Papa enfatiza la necesidad de rendición de cuentas (accountability) por parte de todos los que gestionan datos personales o sistemas de vigilancia. En foros internacionales, la Santa Sede, bajo su liderazgo propone la creación de marcos normativos que aseguren que gobiernos y corporaciones puedan dar cuenta del uso de la IA y sus consecuencias, con especial atención a que no se lesionen derechos humanos básicos.
León XIV ha recordado el principio de que la seguridad no debe lograrse a costa de la libertad, y que una sociedad verdaderamente justa debe rechazar tanto el espionaje generalizado de sus ciudadanos como la manipulación encubierta de comportamientos mediante algoritmos opacos.
Redes sociales, comunicación y verdad:
Como pastor que ha sabido utilizar las redes sociales para la evangelización, pero le preocupa profundamente la toxicidad digital: discursos de odio, polarización, adicción y sobre todo la desinformación viral. En continuidad con la insistencia de sus predecesores en la ética de la comunicación, León XIV insiste en la responsabilidad de las plataformas y de los usuarios en la construcción de un ecosistema informativo que respete la verdad. Ha condenado la difusión de fake news y teorías conspirativas que dañan la convivencia, enfatizando que la verdad es un bien común frágil que las sociedades digitales deben resguardar celosamente. De nuevo aquí aparece su concepto de humanismo algorítmico: los algoritmos que rigen el newsfeed o los resultados de búsqueda deberían estar alineados con valores como la veracidad, la justicia y la promoción de contenidos edificantes, en vez de maximizar solamente el compromiso o las ganancias publicitarias.
Bajo su guía, el Vaticano ha entablado diálogo con las grandes compañías de redes sociales para fomentar “criterios algorítmicos transparentes y orientados al bien común”. Además, ha mostrado especial atención a la protección de los más jóvenes en internet: a inicios de 2025 respaldó una conferencia en Roma sobre “Riesgos y oportunidades de la IA para la infancia”, en la que se hizo un llamamiento a reforzar las regulaciones que garanticen la seguridad, privacidad y dignidad de los niños en el entorno digital.
León XIV comparte la convicción expresada allí de que la voz de los niños y adolescentes debe ser escuchada en los debates tecnológicos actuales, pues son de los más afectados por fenómenos como el ciberacoso, la exposición a contenidos dañinos o la manipulación mediante algoritmos adictivos.
En suma, su enfoque pastoral en las redes es dual: usar lo digital para el bien (educación, comunidad, anuncio) y contener el mal uso digital (mentira, división, explotación), siempre con una perspectiva de cuidado especial hacia los débiles en este entorno (menores, colectivos vulnerables).
Poder de las plataformas y economía digital:
Finalmente, el Papa León XIV observa con mirada crítica el ecosistema de las grandes plataformas digitales y la llamada economía de los datos. Estas “big tech” –Google, Amazon, Facebook/Meta, Apple, Microsoft, etc.– concentran un poder sin precedentes sobre la información, las comunicaciones y hasta la estructura del debate público.
Siguiendo el principio de la doctrina social de destinar los bienes al bien común, León XIV sostiene que las gigantes tecnológicas deben asumir una responsabilidad proporcional a su influencia. Ha aplaudido iniciativas de autorregulación y de regulación gubernamental encaminadas a evitar monopolios, proteger a los consumidores y garantizar condiciones equitativas para la competencia en línea. En discursos a líderes empresariales, retomó la advertencia de su predecesor Francisco: “los enormes avances de la IA no pueden ser propiedad exclusiva de sus desarrolladores o de un solo sector de la humanidad”, sino que “deben estar al servicio de todas las personas, del bien común”.
Esta visión conecta con su idea de hacer de la Iglesia una “incubadora de soluciones tecnológicas de bajo costo” para el sur global.
León XIV sueña con potenciar iniciativas de fintech solidaria (tecnología financiera al servicio de los pobres), de plataformas educativas abiertas y de tele-salud que reduzcan la brecha digital entre el norte y el sur. En consecuencia, ha orientado la diplomacia vaticana a colaborar con organismos internacionales (ONU, UNESCO, Unión Europea) en la elaboración de pautas éticas para las plataformas digitales, de modo que se armonice el desarrollo tecnológico con la justicia social. Su énfasis en la fraternidad digital evoca los llamados de Fratelli Tutti a una economía que no descarte a nadie: en la “plaza global” de internet, todos deben poder participar dignamente sin ser explotados.
Bajo la conducción de León XIV, el Vaticano ha instado a las plataformas a mejorar la imparcialidad de sus algoritmos, evitar discriminación y sesgos (por ejemplo, en sistemas de big data que afecten oportunidades laborales o crediticias) y a contribuir constructivamente en problemas globales (como usar big data para el desarrollo sostenible y la protección del clima, en línea con la encíclica Laudato Si’). Esta labor de persuasión moral hacia los titanes tecnológicos complementa la promoción de leyes justas: ética y ley deben dialogar para domesticar las fuerzas del mercado digital y orientarlas hacia el bien común.
Desafíos y perspectivas de futuro
El liderazgo del Papa León XIV en la Cuarta Revolución Industrial enfrenta enormes desafíos, pero también abre perspectivas esperanzadoras. Uno de los retos principales es traducir los principios éticos en acciones concretas y efectivas. Iniciativas como el Rome Call for AI Ethics, aunque simbólicamente poderosas, deben materializarse en prácticas empresariales y normativas estatales.
Existe el riesgo del “eticismo declarativo”: que las grandes compañías y gobiernos suscriban compromisos de algor-ética de cara a la opinión pública, pero que en la práctica continúen privilegiando intereses económicos sobre los valores humanos. Consciente de ello, León XIV enfatiza el seguimiento y la ampliación de estos compromisos. La incorporación de nuevos actores (por ejemplo, líderes religiosos de diversas tradiciones, más empresas de Asia o start-ups innovadoras) al diálogo sobre IA ética es una prioridad para dar al movimiento un carácter realmente global y plural.
De hecho, la visión del Papa es forjar una “plataforma global y pluricultural” de principios compartidos, donde converjan culturas, religiones, organizaciones internacionales y empresas en torno a la dignidad humana frente a los desafíos tecnológicos.
Esta plataforma no es utópica: la experiencia del Vaticano congregando a católicos, anglicanos, judíos, musulmanes y corporaciones en torno al Llamado de Roma muestra que es posible articular un lenguaje ético común por encima de diferencias ideológicas.
Otro desafío interno es preparar a la propia Iglesia para acompañar pastoralmente a los fieles en estos temas. No todos los pastores y teólogos se sienten cómodos discutiendo sobre IA, algoritmos o biotecnología. León XIV ha comenzado a abordar esto actualizando los currículos de los seminarios para incluir formación en ética tecnológica y cultura digital, de modo que los futuros sacerdotes puedan guiar a sus comunidades con conocimiento de causa. Igualmente, ha alentado a las conferencias episcopales a crear comisiones de tecnología y fe, y a aprovechar la estructura capilar de la Iglesia (diócesis, parroquias, escuelas, universidades) para generar conciencia y discernimiento ético a nivel local.
La alfabetización digital ética se vislumbra como un apostolado novedoso del siglo XXI, donde la Iglesia podría contribuir ofreciendo sabiduría humanista en un espacio dominado por la técnica. En este sentido, el Papa ha propuesto que los testimonios de quienes sufren los “daños colaterales” de las tecnologías –por ejemplo, víctimas de abusos en línea, de explotación laboral por plataformas o de manipulación de datos– sean escuchados en los foros de debate, tal como se hizo con víctimas de trata de personas y de conflictos armados en otras ocasiones.
Esta perspectiva pastoral asegura que las consideraciones éticas no se queden en abstracciones, sino que partan de rostros concretos e historias reales.
Mirando hacia el futuro, es posible que el Papa León XIV plasme su enseñanza sobre la revolución digital en un documento magisterial de peso, quizás una encíclica social sobre tecnología y dignidad humana. Sería un hito equiparable al Rerum Novarum de León XIII o a la Laudato Si’ de Francisco, integrando en un marco teológico las cuestiones de la economía de datos, la cultura algorítmica, la preservación de la “ecología humana” en entornos virtuales y la defensa de la libertad en un mundo hipervigilado.
Una tal encíclica podría desarrollar, por ejemplo, la noción de la “fraternidad algorítmica”: el llamado a programar y emplear las tecnologías con espíritu de solidaridad global, evitando que acentúen las divisiones sociales o geopolíticas. También cabría esperar del pontificado de León XIV un impulso continuado al diálogo con las ciencias. Su formación en matemáticas lo habilita a tender puentes con expertos en IA, ingenieros y científicos; no sería sorprendente que convoque en el Vaticano a simposios interdisciplinarios al más alto nivel (como en su momento hicieron Pablo VI o Juan Pablo II con los astronautas y físicos nucleares).
Del mismo modo, su experiencia misionera en Perú le confiere credibilidad para insistir en que la brecha digital sea considerada una forma contemporánea de injusticia social a superar: así como la Iglesia promovió históricamente la educación universal, hoy promoverá el acceso equitativo a las herramientas digitales y al conocimiento, para que ningún pueblo quede rezagado en la nueva economía digital.
Conclusión
El Papa León XIV se erige como una figura providencial en la intersección entre fe y tecnología durante la Cuarta Revolución Industrial. Su perfil único –científico y pastor– le ha permitido asumir el debate sobre la inteligencia artificial y las tecnologías emergentes con una combinación de competencia técnica, visión ética y corazón pastoral. Bajo su liderazgo, el Vaticano ha articulado conceptos como algor-ética y humanismo algorítmico que buscan asegurar que el avance de los algoritmos vaya de la mano con el avance de la conciencia moral. En continuidad creativa con la tradición de la Iglesia (desde León XIII hasta Francisco), León XIV propone una respuesta integral a los desafíos de nuestro tiempo: sitúa la dignidad de la persona, creada a imagen de Dios, como eje irrenunciable en medio de la vorágine digital.
El impacto de su influencia ya se deja sentir en la conformación de alianzas inéditas entre líderes religiosos, corporaciones tecnológicas y académicos para promover una IA con rostro humano.
Ha recordado al mundo que lo que está en juego no es simplemente la innovación, sino la definición misma de nuestro futuro humano. Su insistencia en la “algor-ética” a nivel global representa un esfuerzo por convertir los valores en parte del código fuente de la nueva civilización tecnológica. Al igual que la voz profética de la Iglesia elevó los estándares laborales en la primera revolución industrial, ahora la voz de León XIV aspira a elevar los estándares éticos en el diseño y uso de la inteligencia artificial, de la biotecnología y de las redes digitales.
Por supuesto, la empresa es de largo aliento. El Papa enfrenta resistencias de intereses creados, la complejidad de alcanzar consensos internacionales y la rapidez con que evoluciona la tecnología. Sin embargo, su enfoque crítico y a la vez esperanzado ofrece una brújula moral en tiempos de incertidumbre. “La revolución no es solo espiritual; es también digital”, afirmaba un analista al comentar la elección de León XIV. En efecto, el pontificado de León XIV está encaminado a guiar una revolución digital con sentido ético, para que los “nuevos algoritmos” no sean meros motores de eficiencia sino verdaderos colaboradores en la construcción de un mundo más justo, veraz y humano.
En última instancia, su legado podría definirse como el de un Papa humanista digital: aquel que, en plena cuarta revolución industrial, supo integrar la sabiduría perenne del Evangelio con la prudencia ante la técnica moderna, iluminando el camino para que la humanidad aproveche sus inventos sin perder su alma.
