En la pirámide trófica de los medios alámbricos de telecomunicaciones, la fibra óptica (FTTH) ocupa la cúspide de la jerarquía. Esto obedece a que entrega prestaciones de gran capacidad, alta velocidad y baja latencia en la transmisión de datos. Le sigue el cable coaxial (HFC) y, más abajo, el par trenzado de cobre (ADSL).
La fibra óptica es el gatopardo, guepardo o chita de los medios de transmisión de datos: insuperable en velocidad, precisión y eficiencia. Por ello, asistimos a un verdadero boom de la fibra, un despliegue acelerado y masivo de redes FTTH que domina el ecosistema de las telecomunicaciones.
Así, las zanjas, ductos y postes para su tendido se multiplican, impulsados por una demanda que ya no es sólo residencial o corporativa. En efecto, la fibra óptica se ha vuelto un habilitador central de la Cuarta Revolución Industrial, lo que explica su frenesí corporativo.
La Cuarta Revolución Industrial
En la Cuarta Revolución Industrial, la conectividad de muy alta velocidad es un requisito sine qua non para tecnologías emergentes como la cirugía robótica, los vehículos autónomos, la fábrica inteligente, los sistemas M2M, las prótesis biónicas, las smart cities y los robots colaborativos (cobots).
Todo ello configura un ecosistema donde los mundos físico, digital y biológico empiezan a converger en una sola realidad. Aquí, el retardo o latencia en la transmisión de datos puede significar desde una simple ineficiencia operativa hasta una catástrofe urbana.
Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, ha definido esta cuarta revolución de las industrias como “una transformación sin precedentes en cuanto a velocidad, escala y complejidad, que está modificando radicalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos”.
En este marco, la fibra óptica deja de ser un lujo o una ventaja competitiva y pasa a ser una infraestructura crítica para el desarrollo de la producción interconectada y autónoma.
En esta nueva era, 5G y fibra son un habilitador tecnológico clave del resto de tecnologías disruptivas y emergentes, como biotecnología, nanotecnología, nuevos materiales, blockchain, analítica de Big Data, IA, computación cuántica, robótica avanzada, etc.
Las dificultades del despliegue
Pese a todo, el despegue de los despliegues de fibra encuentra un importante resalto en la carretera: un “lomo de toro” para la Cuarta Revolución Industrial. Este consiste en la barrera de acceso que imponen los primeros jugadores, particularmente quienes operan infraestructuras heredadas o de gran escala, con el fin de atajar el paso a cualquier desafiante del mercado y así conservar una posición dominante en el negocio.
Es el caso de importantes barrios o ciudades cuyos ductos y canalizaciones subterráneas pertenecen al primer jugador, generalmente una compañía que antes fue un monopolio estatal. Aquí, luego de la liberalización del mercado, la firma quedó como propietaria de una valiosa infraestructura física, la cual usa en exclusividad para atender con sus líneas a los residentes el lugar, la mayoría con una alta disposición de pago.
Ninguna otra compañía telefónica o de Internet ha logrado llegar a beneficiarse también de la crema y nata de ese vecindario, ya que el municipio local no entrega nuevos permisos para romper pavimentos y construir ductos adicionales por el subsuelo. La compañía histórica, a su vez, argumenta que carece de factibilidad técnica para arrendar espacio a otro operador de telecos.
Entonces, en tales casos la alternativa del operador desafiante consiste en utilizar las postaciones de la vía pública, pero una ordenanza municipal establece que cualquier cableado debe estar soterrado.
Producto de estas limitaciones, los clientes del barrio residencial se encuentran prácticamente cautivos de un único proveedor histórico, que la mayoría de las veces carece del incentivo para mejorar la calidad de sus redes, reemplazando las líneas de cobre por FTTH.
Frente a este tipo de situaciones, algunos países han obligado a que ciertos elementos de red deben estar disponibles, por mandato legal, para el acceso de terceros bajo condiciones objetivas, transparentes y no discriminatorias.
Chile ha transitado parcialmente en ese camino. Existen obligaciones de compartición en áreas como la colocalización de antenas móviles, en el acceso a redes internas de condominios y edificios, en el roaming automático y en la operación móvil virtual. Pero la regla general en el país sigue siendo la compartición voluntaria.
El tónico para la afección
Pero hay serios intentos por ponerle el cascabel al gato. En 2024, Chile promulgó la ley N° 21.678, la cual reconoce el acceso a Internet como un servicio público de telecomunicaciones. Esta reforma consagró una servidumbre legal para el acceso a las instalaciones que sean de propiedad del fisco, o bien que sean infraestructuras asociadas a la explotación de cualquier concesión de servicio público u obra pública.
De esta manera, todas las instalaciones sanitarias, eléctricas y de telecomunicaciones, así como las autopistas, cárceles y embalses, por citar algunos ejemplos, han quedado gravadas con una obligación legal.
Bajo el nuevo marco jurídico vigente, el titular de cualquier infraestructura idónea para el despliegue de redes de telecos, incluidos ductos o canalizaciones, tiene una obligación de permitir el acceso a terceros operadores a cambio de una contraprestación debida. No hay posibilidad de negarse, salvo por limitaciones físicas de la instalación o por afectar el normal funcionamiento del servicio principal que ella presta a los usuarios.
Entonces, el desafío en Chile no es dictar nuevas leyes para facilitar el avance de los factores habilitantes de la Cuarta Revolución Industrial, sino que basta con hacer operativa la ley en vigor.
La tarea recae ahora en la Subsecretaría de Telecomunicaciones, que deberá liderar el diseño de un reglamento claro, aplicable y ágil para la implementación de la servidumbre legal respecto de infraestructuras asociadas o destinadas a la explotación de concesiones de servicio público y de obra pública.
Así, la solución descansa únicamente en la voluntad política del Poder Ejecutivo para dictar la normativa secundaria de rigor. Esto permitirá potenciar el despliegue de las redes de fibra óptica —el gatopardo de la sabana—, posiblemente bajo un modelo de compartición de infraestructura gestionada por operadores mayoristas.
Este esquema puede atender de manera óptima los desafíos de una galopante Cuarta Revolución Industrial, superada en velocidad sólo por nuestra apolínea chita de los medios alámbricos.
