El capitalismo de la vigilancia, redes sociales y la IA: ¿América Latina dónde está? Cumbre Ministerial Latinoamericana de IA

La próxima semana hay una cumbre ministerial latinoamericana, en Cartagena de Indias, para hablar de IA. En la semana que termina se conoció que el fondo de inversiones Millicom, dueño de la operación del operador de telecomunicaciones TIGO en Latinoamérica, piensa comprar la parte del municipio de Medellín y acaba de hacer una oferta por la operación de Coltel, de Telefónica de España, lo que significaría que se quedaría con la operación de Internet fijo de la empresa española; eso va a provocar un tsunami en el mercado del sector en Colombia en donde los clientes finales van a ser los beneficiados. Y, por otro lado, el destacado senador David Luna, exministro de las TIC de Colombia, junto a otros parlamentarios, presentó un proyecto de ley para fomenta la industria electrónica y de semiconductores en Colombia, buscando fortalecer el ecosistema de la industria electrónica y de semiconductores en Colombia y “…reconociendo la industria como estratégica para la soberanía tecnológica y el crecimiento económico, fomentando la creación de empresas y atrayendo operaciones especializadas, promoviendo la formación de capital humano altamente calificado, apoyando la investigación y la innovación, y atrayendo inversiones nacionales y extranjeras para integrar a Colombia en la cadena de valor global de la industria electrónica.”

Regulación de la IA ¿Cómo va LATAM?

En nuestra región ya son varios los países que están trabajando en normas para regular el uso de la Inteligencia Artificial (IA) y, realmente, son muy pocos los que están pensando en cómo desarrollar un ecosistema que permita que podamos, tan siquiera, quedarnos con una tajada de ese inmenso mercado que según Goldman Sachs será de por lo menos unos 7 billones de dólares de aquí a 2.030. Según el importante centro de análisis económicos, McKinsey, debe ser de entre 11 y 15 billones de dólares. 

Algunos de los países que han impulsado estas iniciativas son Colombia, Brasil, Chile, Perú y México. Estos proyectos buscan establecer principios básicos y obligaciones asociadas al desarrollo y uso de la IA tanto en el sector privado como en el público. Por ejemplo, en Chile, se discute un proyecto que busca agravar delitos cometidos con ayuda de la IA, mientras que en Brasil se enfoca en prohibir los deepfakes sexuales. En Perú, otro proyecto pretende reformar la Constitución para convertir la IA en un principio de la administración de justicia en casos judiciales. Además, en Colombia, algunos congresistas, también, han presentado proyectos de ley para regular la IA. Estos esfuerzos reflejan la creciente importancia al hecho de abordar la regulación de la IA en la región.

Pero, repito, ¿debemos quedarnos en la regulación? En Colombia, el ministro Lizcano viene promoviendo la educación en competencias y habilidades que les permitan a los muchachos enchufarse con ese mundo labora que ya está aquí y lo ha orientado a cursos cortos y medianos que tengan afinidad con las áreas de uso de IA.

¿América Latina tiene una verdadera oportunidad en ese Nuevo Mundo?

Un respetado amigo mío, periodista, escritor y conferencista de estos temas, no piensa que esté tan cercano el día que la IA pueda sobrepasar la inteligencia humana y no piensa que en el corto plazo se produzcan hechos sobresalientes que motiven esas inmensas olas de preocupación que surgieron cuando apareció la versión de ChatGPT3 que nos colocó a hablar, a nivel mundial, de un tema que se viene cocinando hace rato y no es de ayer.

Mustafa Suleyman fue el creador de DeepMind que fue comprada por Google y que fue la pionera en estos temas de Inteligencia Artificial Generativa (IAG) que es lo que es ChatGPT. A comienzos de año, Microsoft logró convencer a Suleyman que comande la división de IA de ese monstruo tecnológico y que, además, es socio de OpenAI, la empresa de Sam Altman, dueña del famoso ChatGPT. Mustafa escribió una enjundiosa obra junto a Michael Bhaskar, titulada “La ola que viene, Tecnología, Poder y el Gran Dilema del s XXI”. Allí Suleyman nos coloca un escenario que es digno de una película de ciencia ficción y es que habla de cómo se están cruzando tres tecnologías exponenciales emergentes y cómo van a reconfigurar la vida humana: la IA, la biología sintética y la computación cuántica.

También dice que los científicos que están logrando estos grandes avances, en Estados Unidos y China, principalmente, son no más de 150.000 profesionales y, por supuesto, ninguno está en nuestra región. Ya Europa está preocupada y sabe que está rezagada y por eso Francia y Gran Bretaña, en particular, vienen trabajando por tener un ecosistema que les permita competir con altura en ese nuevo partido que involucra intereses geopolíticos.

Hace no mucho insistí en la necesidad de contar, en Colombia, con más personas con certificaciones profesionales en software y hardware. Si Colombia quiere  avanzar en estos temas y colocarse a la par de Brasil, México y Costa Rica, debe propiciar ese escenario y estoy muy de acuerdo con lo propuesto en el proyecto de ley, mencionado arriba pero, insisto, debe hablarse de certificaciones profesionales. Esa es la vía y deben ser de hardware, pero, también, de software porque la ola de la IA ya está frente a nosotros.

Por eso y por la preocupación que traigo, que tenemos todos, desde que Shoshana Zuboff nos abrió los ojos y nos mostró que “El Gran Hermano” es ya una realidad, desde el punto de vista de la manipulación conductual y como ya lo veníamos atisbando desde hace rato. El Capitalismo de la Vigilancia es una realidad inobjetable pero cuando la destacada profesora Zuboff escribió su libro, conclusión de una enorme investigación, el big data y la IA, apenas estaban comenzando a dar sus primeros pasos; ya gateaban antes y no estaban en el radar de mucha gente. Las redes sociales, la IA, el metaverso, el big data y la biometría refinada, van a permitir que ya “El Gran Hermano”, como pasa en China, nos vigile paso a paso amén de manipularnos.

Y nosotros, en América Latina, ¿qué podemos hacer? La verdad no soy tan optimista. Creo que todo este tsunami, previsto por Suleyman, va a reconfigurar el mundo entero y va a traer más desigualdad y mayor inequidad social. Lo mejor que podemos hacer los latinoamericanos es educarnos. Necesitamos invertir mucho en educación para estos nuevos frentes de batalla, académicos, laborales e industriales. Y esa debería ser parte de la declaración conjunta de la Cumbre Ministerial. Debería ser el primer punto. O el segundo ya que la cumbre fue convocada para hablar de regulación de la IA.

La Cumbre Ministerial debe tocar otros temas

Me atrevo a sugerir dos temas a discutir, importantes en estos momentos, de tanta inestabilidad en el sector de las telecomunicaciones y las TIC: Fair Share y Mercado Digital Latinoamericano. 

Me voy a permitir transcribir apartes de una columna que escribí para Portafolio hablando de Fair Share: “El concepto de Fair Share o distribución equitativa o razonable, nació con la búsqueda de consensos entre las naciones del mundo en cómo abordar el desarrollo económico sin sacrificar nuestro ya creciente problema de Cambio Climático y, obviamente, es claro que las naciones más desarrolladas e industrializadas, son mayores contribuyentes de fuentes contaminantes globales y que países menos desarrollados e industrializados pero, dueños de una cuasi virgen riqueza natural, son menos contaminantes. De ahí el dilema de cómo conseguir una distribución equitativa entre las cargas y responsabilidades de uno u otro país. El debate del Fair Share llega a las Telecomunicaciones y las TIC por la asimetría en el uso y pago de la infraestructura que lleva Internet a los usuarios finales. El mejor y más sencillo ejemplo lo colocó, recientemente, mi colega José Carlos García: Hoy en día, en la mezcla de las telecomunicaciones, unas empresas pagan ‘el tubo’ por donde circula y se surte el contenido digital, mientras que las dueñas de ese ‘liquido digital multimedia’ no aportan al sostenimiento y la ampliación del ‘acueducto’ y el debate nació en Europa ¿Dónde más? Fue allí donde inició la discusión que llego al Mobile World Congress y, obviamente, ya es un tema obligado en todos los medios y las charlas académicas y gremiales. Fair Share es un concepto utilizado en Telecomunicaciones y TIC para abogar por condiciones justas en las negociaciones entre los operadores de telecomunicaciones y los Grandes Generadores de Tráfico (GGT) por el servicio de transporte de tráfico a través de las redes nacionales.” Y continua: “Según un estudio de Axon Partners Group, solo en 2021, el 57 % del tráfico mundial procedió solamente de seis plataformas digitales: Alphabet (Google), Apple, Amazon, Meta (Facebook), Microsoft y Netflix. 

Hoy en día, más del 70 por ciento de todo el tráfico de red proviene de la transmisión de video, los juegos y las redes sociales, provenientes de unas pocas plataformas de contenido digital. Y ninguna de esas plataformas paga por el tráfico de sus servicios; es como utilizar carreteras, en tu vehículo particular y no pagar impuesto de rodamiento, peajes, semaforización, etc Todo lo anterior, llevó a cuatro grandes operadores de Telecomunicaciones en la Unión Europea a pedir simetría en el uso de la red. A este humilde servidor, le parece justo. Las utilidades y el crecimiento de las grandes empresas digitales, mencionadas atrás, muestra que pueden compartir algo de la tajada de sus utilidades con las empresas que han construido las “carreteras” por donde ellos trafican sin pagar un peso hoy.” Todavía tenemos muchas brechas digitales en nuestros países y entre nuestros países. Un acuerdo común para impulsar una política conjunta de Fair Share debe servir para crear un marco conjunto de subastas regionales para abaratar costos y potenciar a nuestras telcos. Sin conectividad de verdadera banda ancha de qué estamos hablando.

Y el otro tema, no es nuevo. Se ha discutido en varios escenarios y en la Agenda Digital Andina, promovida por la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y aprobada por Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia y cuyo sustento fue un estudio del cual fui coautor con Julián Cardona Castro (QEPD) se dejó planteada la posibilidad de impulsar un Mercado Digital Andino. Allí en el numeral 4.1 que trata de “Impulsar la transformación digital sectorial” dice en el punto tercero: “·Establecer lineamientos con las instituciones nacionales relacionadas con el desarrollo de un mercado digital regional”. 

Y como está anotado en la investigación para la CAN, son varios los mecanismos de integración en este frente que se han abierto en la región. Me atrevo a sugerir que el Fair Share y la búsqueda de competitividad y educación en IA deben y pueden ser los acicates para unir nuestras voluntades, más allá de las fricciones políticas entre algunos de nuestros países. Si no nos unimos ahora, el tsunami de esas enormes olas que ya se formaron frente a nuestras costas, nos va a arrasar.