Digital Trends | Geopolítica digital: ¿competencia entre empresas globales o campo de batalla entre países?

Más allá de la carrera armamentista impulsada por el poder nuclear, la Guerra Fría se caracterizó también por un interés de los países por demostrar su crecimiento y desarrollo económicos a través del impulso de las tecnologías avanzadas. La carrera espacial fue uno de los campos de batalla más significativos de la época, en la que pese a que Rusia se había adelantado a muchos hitos a lo largo de su desarrollo, fue en 1969 que Estados Unidos se coronó finalmente campeón cuando completó la desafiante tarea de llevar un hombre a la Luna y traerlo de regreso.

Es fácil olvidar que un logro como ese requirió de muchos otros desarrollos científicos y tecnológicos que, aunque estaban enfocados al objetivo común de llevar al hombre a la Luna, generaron múltiples externalidades positivas para la economía estadounidense: la viabilidad económica del mercado de chips de computadora, nuevas técnicas de radiodifusión y comunicaciones inalámbricas, mejores telas y materiales, pero sobre todo, el desarrollo de talento en áreas clave como la ingeniería, matemáticas y ciencias de la computación.

Tampoco se debe olvidar que la gran mayoría de estos desarrollos no fueron creados por una única organización como la NASA, sino que fueron confiados a decenas de compañías que aportaron capital y conocimiento para el cumplimiento de la meta, y que a cambio, recibieron la experiencia necesaria para sentar las bases del mundo digital que disfrutamos actualmente.

Tal experiencia ofrece aprendizajes para el presente. Una nueva guerra fría podría estar librándose entre las potencias de Estados Unidos y China, en la que además de la esperada tensión bélica, los objetivos de estas naciones persisten en lograr el liderazgo tecnológico global, esta vez con miras a conquistar la Inteligencia Artificial (IA), la robótica y las comunicaciones de nueva generación, que representan la oportunidad de introducir mejoras y eficiencias a sus economías.

Se espera que nuevas tecnologías impulsadas por 5G, como la Inteligencia Artificial (IA), proveerán un 15 por ciento de crecimiento al PIB global, mientras que el Internet de las Cosas (IoT) contribuiría con entre un 12 a un 15 por ciento para 2030, según estimaciones de la consultora Arthur D. Little.

Para el cumplimiento de estas expectativas e incrementar sus posibilidades de liderazgo internacional, los gobiernos nacionales han echado mano de todo su arsenal de políticas y regulación a su alcance, desde la formación de fondos para impulsar la investigación y desarrollo, subsidios a compañías en sectores clave, hasta pleitos legales sobre patentes y seguridad nacional.

De manera similar a cómo sucedió durante la carrera espacial, el interés nacional se conjuntará con el interés económico, que llevará a una colaboración estrecha entre gobiernos y compañías para el desarrollo de estas tecnologías estratégicas.

El desarrollo del estándar celular 6G, por ejemplo, se coloca como una de las próximas arenas de batalla donde naciones como China, Corea del Sur y Japón, así como la Unión Europea, han lanzado ambiciosos planes para su conquista mediante el desarrollo de la tecnología que integrará el estándar. Japón estableció un fondo con 482 millones de dólares para Investigación y Desarrollo destinado a 6G, mientras que Europa destinó recientemente 250 millones de euros para 35 proyectos relacionados a 6G.

Evidentemente, los objetivos de estos programas no podrán ser cumplidos sin la participación activa de las empresas fabricantes, las cuales, cuentan con la experiencia y el talento necesarios para estos proyectos. NTT Docomo en Japón y LG en Corea del Sur, anunciaron que participarán activamente en la instalación de laboratorios 6G.

Más allá del interés por conquistar el mercado y la generación de beneficios por la venta de equipos y soluciones, estas compañías se convierten en activos estratégicos para sus naciones sedes.

Otro ejemplo se encuentra en el interés de Intel por elevar su participación en la manufactura global de chips. La propia compañía se ha propuesto la meta de elevar la participación de los Estados Unidos a un 30 por ciento y de Europa en 20 por ciento, que a la vez implica reducir la participación de Asia a una tasa de 50 por ciento en 2030, desde el 70 por ciento actual.

Lo anterior significa que los intereses de Intel y los Estados Unidos están claramente alineados, pero también que la compañía tendrá que enfrentarse a los actuales líderes del segmento, la taiwanesa TSMC y la surcoreana Samsung.