Digital Trends | América Latina en la encrucijada geopolítica: el reto de conectar a los desconectados

La brecha digital y el rezago en la creación de capacidades tecnológicas es la batalla íntima que libra América Latina en medio de una guerra entre Estados Unidos y China por el liderazgo en la economía digital.

En la segunda región con mayor desigualdad del mundo, la conectividad y la digitalización son palancas para alcanzar un mayor grado de desarrollo social y económico. Hoy, el acceso a Internet de banda ancha es una condición necesaria ―mas no única―para que América Latina deje de tener una posición secundaria en el tablero geopolítico internacional.

Sin embargo, para dar ese salto, la brecha digital y el rezago en la creación de capacidades tecnológicas es la batalla íntima que libra América Latina en medio de una guerra entre Estados Unidos y China por el liderazgo en la economía digital.

Conectar a la población desconectada es la máxima de los gobiernos en la región en materia digital. Ahora con una predominancia de la izquierda en el poder, esta meta se erige como una consigna de justicia social en los discursos de los líderes políticos, aunque no siempre en las acciones.

Recientemente, en la presentación de su Plan Nacional de Desarrollo, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, afirmó que “la fibra óptica es la tierra del Siglo XXI” a la cual todas las personas tienen derecho a acceder. Y en México, el mandatario Andrés Manuel López Obrador sostuvo que su proyecto Internet para Todos “va a ser una revolución de las conciencias”.

De acuerdo con datos del Banco Mundial, tres cuartas partes de la población en América Latina y el Caribe usan Internet. Pero lo cierto es que sólo cuatro de cada 10 personas que viven en zonas rurales pueden acceder a una conectividad de calidad que sea verdaderamente significativa para sus vidas. Es decir, que les permita acceder a oportunidades y ejercer sus derechos (a la educación, la salud, el acceso a la información).

Todavía hasta finales de 2022 había 72 millones de habitantes en la región sin acceso a una conectividad con estándares mínimos de calidad. Y las brechas son igual o más profundas cuando se miran de cerca diversas variables e intersecciones, como la de género.

Cerrar la brecha digital requiere un robusto despliegue de políticas públicas, promoción de la inversión y financiamiento. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que se requieren 68 mil millones de dólares para zanjar la brecha de acceso a Internet en la región. 

Y al mismo tiempo, los países enfrentan el desafío de avanzar en el desarrollo y adopción de tecnologías como 5G, fibra óptica, computación en la Nube e Internet de las cosas, para mejorar su competitividad y no quedarse aún más rezagados en el tablero global.

En ese contexto, las tensiones y conflictos entre las potencias tecnológicas mundiales han dejado a América Latina en una encrucijada. Desde 2019, el gobierno de Estados Unidos comenzó a implementar restricciones contra los equipos chinos y a buscar que otros mercados replicaran sus prohibiciones a empresas como Huawei.

Sin embargo, para los operadores de la región, que utilizan en buena medida los equipos y soluciones de Huawei, reemplazar esta tecnología sería una tarea sumamente compleja y costosa, dado que esta compañía se ha convertido en uno de sus principales aliados comerciales.

Huawei provee tecnologías a operadores relevantes en el mercado como América Móvil, la Red Compartida (México), Claro, Telefónica y otros proveedores a nivel local, a quienes brinda facilidades de financiamiento. 

Las autoridades estadounidenses hicieron una gira por América Latina en años pasados, para convencer a los gobiernos de restringir la participación de Huawei en sus redes. Sólo Brasil implementó una prohibición parcial en su red privada nacional durante el gobierno del expresidente Jair Bolsonaro.

Aunque la presión fue intensa, los países latinoamericanos no cedieron, evitaron una postura bipolar y se mantuvieron abiertos a las relaciones con China, pues se trata no sólo de un proveedor de equipos de telecomunicaciones importante sino, sobre todo, de un socio clave para la cooperación, el intercambio de conocimiento y capacidades, y la atracción de inversiones.

En el marco macroeconómico actual, también se observan replanteamientos en las cadenas productivas que traerán oportunidades y desafíos para la región. Por ejemplo, la crisis en la fabricación de semiconductores ha llevado a Estados Unidos ―que se ha quedado por detrás de China y Taiwán―a redoblar esfuerzos para recuperar una posición de liderazgo.

Por ello, el gobierno de Joe Biden emitió la Ley CHIPS que incluye un desembolso de 52 mil millones de dólares para potenciar la producción nacional. El anuncio desencadenó una serie de inversiones por parte de empresas como Intel, la cual tiene la mira puesta en países como México y Costa Rica para expandir la fabricación, las pruebas, el empaquetamiento y ensamblaje de semiconductores.

Así, los mercados latinoamericanos pueden aprovechar la coyuntura para fortalecer su lugar en la cadena de valor tecnológica, con miras a impulsar el crecimiento económico a largo plazo. Además, no hay que dejar de lado que América Latina posee el 60 por ciento de todos los recursos de litio identificados en el mundo.

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños considera que, debido a sus recursos naturales, la región puede adquirir más relevancia para las potencias, por lo que se necesita plantear una política regional de industrialización que aborde los intereses de América Latina a largo plazo. De esta forma, podría encontrar su propio lugar en el mercado global, en lugar de sólo dejarse llevar por la marea de los conflictos geopolíticos de las grandes potencias como Estados Unidos, China y Europa.

Si bien los gobiernos en la región centran sus agendas digitales en conectar a los desconectados, la conectividad es apenas el primer paso para insertarse dentro de la revolución digital que ya está sucediendo alrededor del mundo. Más allá del acceso a las tecnologías y el consumo, la digitalización puede transformar la economía en su conjunto. Sin embargo, como lo advierte la Cepal, primero es necesario superar las desventajas en infraestructura, industria, talento y contenido.

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