De Barcelona a Santo Domingo: del sprint tecnológico al maratón de la IA y la energía
Ángel Melguizo – Socio fundador de ARGIA, Green Tech & Economics
Hace apenas unos meses hablábamos en Barcelona sobre una idea conocida en los ámbitos más técnicos, pero que se empieza a abrir paso en el debate político: la Inteligencia Artificial (IA) no podrá sostener su crecimiento sin resolver antes su ecuación energética.
En la III Cumbre Ministerial y de Altas Autoridades sobre la Ética de la Inteligencia Artificial para América Latina y el Caribe, celebrada en Santo Domingo (República Dominicana), esa reflexión giró hacia la gobernanza necesaria para que la IA contribuya realmente al desarrollo de la región.
Barcelona puso el foco en el desafío tecnológico. Santo Domingo comenzó a dibujar la respuesta institucional para América Latina y el Caribe.
Tras años de una carrera dominada por la velocidad (modelos más potentes, mayores inversiones y una creciente competencia por atraer Centros de Datos, capacidad de computación y talento) es evidente que la carrera de la IA no podrá medirse únicamente por la rapidez con la que evolucionan los modelos, sino también por la capacidad de construir una infraestructura energética, financiera e institucional capaz de sostenerlos.
Ese fue precisamente mi mensaje central en la Cumbre: hay que transformar el actual sprint tecnológico en un maratón con visión de desarrollo.
Ya fuera del evento, un buen amigo dominicano resumió esa idea con una expresión local: “más suave, tiguere“. No se trata de frenar la innovación, sino de encontrar un ritmo que pueda sostenerse en el tiempo.
Porque la carrera de la IA no la ganará quien acelere más durante unos meses, sino quien sea capaz de mantener el paso durante los próximos años.
Detrás de cada consulta realizada a un sistema de IA existe una infraestructura física que consume electricidad, agua y materiales. Los Centros de Datos se están convirtiendo en una infraestructura estratégica comparable a las redes eléctricas o de transporte, y su crecimiento obligará a acelerar las inversiones en generación renovable, redes, almacenamiento y eficiencia energética.
Por ello, resulta especialmente relevante que la Hoja de Ruta regional impulsada por CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe y UNESCO incorpore una visión amplia de la gobernanza de la IA.
La ética sigue incluyendo cuestiones fundamentales como los derechos humanos, la transparencia o la mitigación de sesgos, pero también incorpora la sostenibilidad de la infraestructura digital y su huella medioambiental, tal y como estableció la pionera Recomendación de la UNESCO de 2021.
En particular, destaca el mandato de desarrollar un estándar regional de datos para medir, monitorear y comparar el impacto ambiental de la IA, promoviendo información abierta, transparente y alineada con estándares internacionales.
La gobernanza de la IA no es sólo (ni, añado, principalmente) regulación de algoritmos: debe ayudar a construir las capacidades que la región necesita para competir en esta nueva economía. Ello implica invertir simultáneamente en talento, infraestructura digital y energía limpia.
América Latina y el Caribe cuenta con ventajas que pocas regiones pueden ofrecer simultáneamente en esta nueva carrera. Dispone de abundantes recursos renovables, una biodiversidad única (que puede inspirar muchas soluciones al reto energético; sobre esto escribiré próximamente), minerales críticos para la transición energética y un ecosistema digital que continúa expandiéndose.
La oportunidad consiste en conectar esos activos con la nueva economía de la IA mediante una política industrial moderna, capaz de integrar energía, infraestructura digital, innovación y financiación.
No se trata únicamente de atraer Centros de Datos, sino de desarrollar aplicaciones industriales de IA, fortalecer cadenas de valor regionales y desplegar una red latinoamericana de Centros de Datos y computación verdes -un Green AI Valley– alimentados por energías renovables, interconectados mediante infraestructura digital robusta y guiados por estándares comunes de sostenibilidad.
Para ello se precisan nuevos mecanismos capaces de acelerar estas inversiones, desde alianzas público-privadas hasta instrumentos como los bonos de desarrollo digital, que permitan financiar infraestructura digital y energética con objetivos verificables de desarrollo
En definitiva, la carrera de la IA es también una carrera energética. La buena noticia es que la región no llega tarde a la salida. Al contrario, la transición hacia una IA más sostenible ofrece una oportunidad para incorporarse a las cadenas globales de valor aprovechando precisamente aquellos recursos que el mundo demandará cada vez más: energía limpia, talento, biodiversidad e instituciones capaces de cooperar.
La siguiente etapa del maratón nos llevará a Madrid, donde la próxima Cumbre Iberoamericana de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno ha situado la IA entre sus ejes prioritarios. Será una oportunidad para consolidar esta agenda al más alto nivel político.
Que comience el maratón.
