Cuba | Un frente de lucha para la hora actual

Granma Gustavo Robreño Dolz

El filósofo, ensayista y profesor mexicano Fernando Buen Abad reclama como urgente –en el momento actual, posiblemente como nunca antes– comprender cabalmente y llevar adelante la batalla de ideas a escala internacional, y también en cada país, como una confrontación comunicacional eficaz y eficiente.

Para ello, en cualquier época y con cualquier tecnología, los llamados medios de comunicación han desempeñado el papel fundamental, y el dominio, control y propiedad sobre esos medios se convierte, por tanto, en decisivo para contar con los instrumentos que permitan hacer llegar el mensaje emancipador a los grandes grupos poblacionales receptores.

Los ideólogos del imperialismo y el capitalismo han teorizado mucho sobre estos temas como forma de buscar su justificación práctica. A la forma de imponer sus matrices le llaman «la manera de conquistar las mentes y los corazones», y en esa empresa han cosechado fracasos estrepitosos como en Vietnam o Laos, y logros relativos como en Europa del Este.

Buen Abad aboga por la creación de un frente comunicacional de los pueblos que salga al paso, en las nuevas condiciones históricas, a la ofensiva antipopular y antinacional que recorre América Latina y el Caribe, al servicio de los intereses imperiales inalterables de Estados Unidos, arreciando «el silenciamiento, la invisibilización y la satanización» de todo lo que se oponga a sus dictados.

Para ello cuenta el imperio no solo con gobiernos obedientes, oligarquías comprometidas y bases militares; cuenta también con las que el autor llama «bases mediáticas», instaladas para desempeñar la más sucia función que provoque la duda, el desconcierto y la parálisis, conduzca a la desmemoria y al individualismo, según les convenga.

En América Latina y el Caribe abundan estas «bases mediáticas», representadas por los grandes grupos corporativos de medios de propiedad privada, prácticamente monopólicos en algunos países, agrupados en el llamado Grupo de diarios de América, o en estructuras que incluyen a los estadounidenses, como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), harto conocida por sus vínculos con la CIA, denunciados públicamente, incluso en el Congreso de Estados Unidos.

Al desarrollo tecnológico de las comunicaciones, los enlaces satelitales y la aparición de internet se les han añadido actualmente las llamadas redes sociales, vasto escenario donde se lleva a cabo la más enconada y complicada lucha de ideas que haya tenido lugar en la era de la humanidad interconectada.

NUEVO ORDEN INTERNACIONAL

Recurramos a la buena memoria, que nos recuerda la aparición, en 1976, del Nuevo Orden Internacional de la Información y la Comunicación (NOIIC) como concepto, y aun con anterioridad, en 1925, en la Liga de las Naciones, cuando se aprobó la Convención Internacional sobre la Radiodifusión de la causa de la paz. Tanto la Liga como la Convención fueron aplastadas por el auge del nazi-fascismo, tal como ahora parece hacer el imperialismo estadounidense con las Naciones Unidas, pero, sobre todo, con la Unesco, de la cual ya se ha retirado dos veces en actitud de represalia y chantaje, aunque no ha podido lograr la desaparición de esa organización.

En cuanto a las Naciones Unidas, la Unesco y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), suman más de 40 los documentos aprobados desde 1945, relacionados con la búsqueda de un nuevo orden internacional de la información más justo, objetivo, equilibrado y a favor del desarrollo y la paz. Hasta el Acta Final de la memorable Conferencia de Helsinki, de 1975, se refiere con amplitud al tema, aunque oculta reconocerlo como Nuevo Orden, y de este modo intenta introducirlo como un elemento favorable a las ideas del capitalismo en Europa, tergiversando sus objetivos.

Los esfuerzos de la Unesco y de muchos de sus Estados miembros se vieron afianzados con la creación, por parte de la 19na. Conferencia General en Nairobi, Kenya, (octubre de 1970) de la conocida Comisión Mc. Bride, bajo el lema Muchas voces, un mundo, que debía realizar un estudio independiente y detallado de los problemas de la comunicación y la información en el orbe, que nunca antes había existido ni se había intentado.

Esa Comisión estuvo integrada por decenas de académicos, especialistas de diversos tipos, técnicos, periodistas, e incluso otras figuras del saber y el conocimiento, presidida por el prestigioso político irlandés (ya fallecido) Sean Mc. Bride, premio Nobel y premio Lenin de la Paz, y excanciller de ese país.

Desde ese momento, y a lo largo de más de cuatro años, se llevó a cabo la labor de la Comisión Mc. Bride, con varias revisiones intermedias, mientras la Unesco efectuaba un amplio tratamiento del tema en reuniones regionales celebradas en Asia, África y América Latina.

El informe final resultó aprobado en París, en enero de 1980, y fue convertido en Resolución por parte de la 22. Conferencia General en Belgrado (octubre de 1980). El documento final, que constituyen las conclusiones de este estudio independiente, mantiene plena vigencia y es fuente acreditada –aun con las limitaciones que pueda presentar– para cualquier análisis actual sobre la situación del monopolio informativo, de las redes de comunicaciones en el mundo y la búsqueda de un posible equilibrio con objetividad.

EL NOIIC Y LOS NO ALINEADOS

Ampliamente extendido y crucial ha sido el papel desempeñado por el Movimiento de Países No Alineados (Mnoal) a favor del Nuevo Orden Internacional de la Información y las Comunicaciones, pues los países que lo integraron desde su fundación habían sido ellos mismos víctimas del desequilibrio y la agresión informativa de los monopolios, introducidos en sus geografías como secuelas del colonialismo, como formando parte de la recién construida armazón neocolonial.

En mayor o menor medida, prácticamente todos así lo comprendieron, y mostraron que su disposición a defenderse tenía que ir acompañada de un nuevo orden, si aspiraba a revertir la desventajosa situación.

De ese modo, desde la memorable Cumbre de Argel (1973), el Mnoal hizo suyas con fuerza estas ideas y las fue concretando mediante los documentos aprobados en sucesivas cumbres, reuniones de cancilleres y ministros de información. De importancia práctica resultaron la creación del pool de agencias de noticias y sus centros regionales, y del Consejo de Radiodifusión que, en su momento, tuvieron presencia ineludible, y cuya necesidad política e informativa aún se recuerda.

ALBA-TCP Y UN NUEVO ORDEN

No sin alborozo y esperanza conocimos la noticia de que la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA-TCP), ese trascendental y singular ejemplo de integración y solidaridad creado por Fidel Castro y Hugo Chávez –que actualmente se sostiene como defensor indeclinable de la soberanía nacional y de la justicia social– ha decidido entrar de lleno en este campo, en medio de condiciones históricas y novedades tecnológicas que pueden diferenciarlo de los momentos originales del NOIIC; pero en el cual se mantienen las verdades esenciales y fundacionales.

Posiblemente esa realidad sea hoy más dura y compleja, aunque también son mayores las posibilidades, los recursos y la experiencia para enfrentarla.

El plan comunicacional denominado Alianza para la Vida y el ALBA digital, por mencionar solo algunos anuncios, abrirán seguramente ese frente comunicacional de los pueblos que reclama Buen Abad, y ello se ampliará a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las organizaciones juveniles y femeninas, a las redes sociales, televisoras y radioemisoras, a las agencias y servicios de noticias de todo tipo.

En América Latina y el Caribe, se sabe, esta tarea es aún más desafiante, más cuando nos consideran patio trasero el imperialismo y el capitalismo en sus variantes neoliberales más engañosas y perversas, pletóricas de tecnología y dinero como forma simultánea de convencer o corromper, o ambas a la vez.

En nuestra región, para que el nuevo orden informativo pendiente llegue a avanzar, tendría que asociarse a ese frente común de lucha que lo impulse y mantenga con vida, y articularse de manera efectiva con las instituciones, organizaciones, movimientos sociales y medios de comunicación que sostengan esos mismos principios y estén dispuestos a defenderlos.