La capacidad de realizar acciones propias de la mente humana como el aprendizaje, el razonamiento y la percepción, conceden a esa herramienta una potencialidad transformadora no exenta de riesgos.
Sin una definición oficial o consensuada, existen diferentes formas de describirla como la propuesta por la Unesco en su Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial.