Cripto invierno

Reforma Verónica Baz

Cuando comenzó la guerra entre Rusia y Ucrania, parecía que podía ser un buen momento para las criptomonedas pues estaban cumpliendo justo uno de sus principales objetivos: funcionar de manera ágil cuando el sistema financiero tradicional no estaba pudiendo ofrecer servicios de forma expedita a las personas.

En Ucrania, la ayuda que llegó vía criptomonedas sirvió para comprar insumos básicos cuando los cajeros no funcionaban y las transferencias bancarias comenzaron con retrasos. En Rusia, el Gobierno de Estados Unidos pidió que las divisas digitales no fueran utilizadas para burlar sanciones pero, aún así, sirvieron a muchas personas para cobrar por bienes y servicios.

Sin embargo, nada pudo salvar a las criptomonedas de su peor caída. La inflación, la subida de las tasas de interés, la incertidumbre en los mercados y la desaparición de Terra (una de las “monedas estables”) incrementaron el riesgo y también el miedo que acabó de llevar a estas divisas a lo que se ha denominado un “invierno”.

Por si esto fuera poco, Bill Gates criticó la compra de estas monedas, Tesla dijo que ya no aceptaría Bitcoin como método de pago (aludiendo al daño medioambiental que causa su existencia), y China declaró ilegales todas las transacciones llevadas a cabo con criptomonedas.

En México también hay simpatizantes y escépticos. Ricardo Salinas Pliego es una de las personas que más criptomonedas ha acumulado, lo dice en su mismo perfil de Twitter. Sin embargo, a pesar de lo que probablemente le gustaría, Banco Azteca no puede recibir estos métodos de pago porque la regulación no lo permite.

La caída que representa la pérdida de millones de dólares no afecta a todos por igual. Perjudica más a quienes tienen una mayor proporción de sus ahorros en estas monedas. En Estados Unidos, por ejemplo, los afroamericanos tienen una mayor proporción de sus ahorros en estos instrumentos. La encuesta realizada por las empresas Ariel Investments y Charles Schwab muestra que 40% de los afroamericanos menores de 40 tiene criptomonedas, comparado con 29% de los blancos en ese mismo rango de edad.

Con los países pasa igual, hay algunos que le dieron una mayor entrada a esta forma de intercambio de bienes y servicios. El caso más crítico es el de El Salvador donde el presidente, Bukele, instauró las criptomonedas como una moneda de curso legal. El objetivo fallido era liberarse del dólar estadounidense y facilitar la vida de los salvadoreños que no tienen cuentas bancarias y que reciben remesas.

Las criptomonedas tienen dos dimensiones: el sueño de una utopía libertaria y la puerta a actividades ilegales. Está la promesa de una forma de pago poco manipulable por gobiernos, ágil, accesible y descentralizada. Pero también, pueden ser vistas por algunos actores como un instrumento para evadir procesos de fiscalización e incluso financiar actividades ilícitas.

La volatilidad de los mercados y los cambios en política monetaria son una amenaza pero, lo que realmente puede alargar el invierno, son las restricciones regulatorias y los actores relevantes que deciden no aceptarlas como método de pago. Hacia el futuro, las criptomonedas más exitosas serán aquellas que puedan exponer mejor los beneficios y mostrar cómo los compradores (sean empresas, personas o gobiernos) pueden mitigar los riesgos.

Los peores momentos serán los mejores para comprar, siempre y cuando se cumplan las reglas básicas: arriesgar sólo tu dinero y no invertir recursos que no te puedas dar el lujo de perder.

veronicaebaz@gmail.com

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