Cómo las tecnologías habilitan el talento y la educación digitales

Se estima que América Latina y el Caribe necesitará 2.5 millones de profesionales adicionales en las áreas de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) para 2026, según datos de la consultora IDC, lo que representa un reto significativo para los países de la región si quieren integrarse a la nueva economía digital.

La consultora pronostica también que la fuerza de trabajo TIC en América Latina va a superar los 6 millones de profesionales en 2023, y subirá hasta los 9 millones en 2030, siendo Brasil el líder en la región, seguido por México y Colombia. Sin embargo, esto no será suficiente para cubrir la demanda de plazas en éstas áreas.

Según un estudio de la Organización de Estados Americanos (OEA), tan solo en el área de ciberseguridad se registra actualmente un déficit de talento de cerca de 700 mil profesionales.

Conforme se acelera la digitalización de empresas, hogares y gobiernos, también se incrementa la necesidad por contar con el talento necesario para atender las demandas de este proceso, no sólo en áreas tradicionales como la instalación o mantenimiento de nueva tecnología, también en áreas destinadas a la innovación mediante el uso de nuevas herramientas TIC que aporten mayor eficiencia y productividad a los procesos de negocio.

Más aún, las políticas destinadas a la formación de talento en áreas digitales revisten una importancia mayor: la de dotar a la población de las habilidades digitales requeridas para los trabajos del futuro construidos alrededor de tecnologías como Inteligencia Artificial o robótica.

Según un reporte del Banco Mundial, se estima que tres de cada 10 empresas en la región actualmente no encuentran personal con las habilidades requeridas, además de registrar una brecha de personal con habilidades STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas).

Es claro que, así como las nuevas tecnologías tendrán un impacto positivo en la productividad de diversas verticales como manufactura, comercio, energía y gobierno, el desafío en el sector educativo también puede ser abordado mediante el aprovechamiento de las herramientas y soluciones basadas en TIC.

Para atender este reto, será necesaria una nueva política pública impulsada desde el Estado enfocada en la formación de capacidades digitales, que permita acelerar la adopción de tecnología, plantear nuevos programas de educación digital desde la infancia, ampliar el alcance de la alfabetización digital a la población más vulnerable y ofrecer una educación continua para permitir a los estudiantes adaptarse a la rápida evolución tecnológica y las cambiantes demandas del mercado.

La recién emergencia por Covid-19 destacó las deficiencias que persisten en el ecosistema para el aprovechamiento de las nuevas herramientas TIC, tales como la falta de conectividad, que sea robusta y de calidad; la falta de acceso a dispositivos, que sean asequibles y con capacidad suficiente; y la ausencia de habilidades básicas para el uso de aplicaciones y soluciones tecnológicas.

Derivado de esto, expertos y académicos consideran que la inserción de habilidades digitales en los planes de estudio, desde los niveles más básicos de educación pública, permitiría reducir la brecha de talento en el largo plazo y, al mismo tiempo, servir como una herramienta para abordar problemas más complejos como la desigualdad entre la población más vulnerable.

Sin embargo, no se trata únicamente de preparar a las generaciones futuras, sino también ofrecer nuevas oportunidades a los trabajadores que pudieran ser desplazados por la automatización, mediante la oferta de planes educativos para la recapacitación (reskiling) y el aprendizaje continuo (upskilling).

Durante el pasado LAC ICT Talent Summit organizado por Huawei, Chandel Dávila, coordinadora de Educación y Cultura de OEI México, recomendó que las autoridades deben dividir y atender las competencias digitales a través de cuatro esferas: atender las habilidades básicas o genéricas; segundo, considerar el componente contextual, que genera conciencia ética y social; tercero, integrar las capacidades especializadas; finalmente, considerar la inclusión y accesibilidad.

En dicho evento, también se destacó la importancia de que los programas de formación incluyan alianzas público-privadas, formación de habilidades duras y adoptar perspectivas de aprendizaje continua para fortalecer la vocación de los estudiantes, entre otros.

Pese al reconocimiento por parte de las autoridades de la necesidad de la digitalización de la educación y la urgencia surgida a partir de la pandemia por Covid-19, un análisis de la UNESCO encontró que los planes de formación técnica en la región se enfrentan a una falta de estructura y mecanismo de ordenamiento que provoca deficiencias y debilita la capacidad de respuesta a las cambiantes demandas del sector.

Adicionalmente, alertó también sobre la necesidad de fortalecer la infraestructura y equipo de los centros de formación y generar modelos sostenibles de financiamiento, además de un reto de cobertura que permita llegar a la población más vulnerable, que usualmente son las que más requieren de estos programas de formación.

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