Colombia 5G: ¿despertar o atardecer digital?

El mercado de telecomunicaciones móviles en Colombia está en otro momento crucial. El país realizó su subasta de espectro 5G, la nueva generación de redes de banda ancha que promete mayor velocidad, capacidad y conectividad, siempre y cuando los operadores realicen las inversiones necesarias. Recientemente, la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) resolvió imponer medidas asimétricas a Claro, con el argumento de reducir su dominancia y fomentar la competencia, en un mercado saturado, con hiper oferta de proveedores y evidentes signos de distorsión.

La CRC resolvió una serie de medidas diferenciales contra Claro, con el fin de reducir su participación de mercado. Estos ajustes incluyen la obligación de informar ofertas de referencia para compartir infraestructura activa y pasiva, modificaciones en la franja horaria en materia de portabilidad numérica, disponibilidad de oficinas físicas y nuevas condiciones para la tarifa regulada por Roaming Automático Nacional (RAN).

Estos “remedios” asimétricos no sólo impactarían a Claro, sobre todo perjudicarían a los usuarios y al ecosistema digital en su conjunto, que se verán privados de los beneficios que ofrece 5G y de una conectividad universal realmente significativa con 4G.

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El mercado colombiano de telecomunicaciones está distorsionado por varias razones, lo cual hace cuestionable cualquier medida regulatoria asimétrica. Primero, existe una gran fragmentación, con más de 10 operadores que compiten por una torta limitada de ingresos. Esto genera baja rentabilidad y escasa inversión en infraestructura. Según un informe de GSMA, Colombia tiene el ARPU (ingreso promedio por usuario) más bajo de América Latina, con sólo 4.7 dólares al mes.

Segundo, el Estado tiene un rol ambiguo: participa como operador-socio en diversas empresas, como Telefónica, pero también es regulador del sector, a través del Ministerio TIC, la CRC, la ANE y la SIC. Esto implica un conflicto de intereses, pues el Estado actúa como juez y parte, como accionista-competidor-regulador, favoreciendo a sus socios comerciales en detrimento regulatorio de a quien se le atribuye dominancia en servicios móviles.

Tercero, el mercado colombiano no se puede reducir al de telefonía móvil. Existen otros segmentos, como el de smartphones, Internet móvil, postpago y prepago, tecnologías (2G, 3G, 4G), capacidad y tenencia espectral (y en el futuro la Internet Industrial de las Cosas, redes privadas, Edge Computing), donde la participación de Claro no exhibe dominancia.

Además, el mercado de telecomunicaciones móviles es dinámico y cambiante: los usuarios pueden cambiar fácilmente de operador, aprovechando la portabilidad numérica, y deben conservar la libertad de elegir al operador de su preferencia para construir fidelidad. 

Aunque Claro ostente la mayor participación en el mercado móvil, es esencial distinguir este liderazgo de su posición en otros segmentos. La dinámica del mercado ha evolucionado, los competidores deben adaptarse a las nuevas oportunidades que brinda 5G. Es en este punto donde los ajustes diferenciados pueden tener consecuencias imprevistas, desviando la atención de la necesidad de invertir, explorar modelos de negocio innovadores y consolidar el mercado.

Las medidas impuestas perjudican de fondo a los usuarios móviles y al país. En primer lugar, la regulación asimétrica desincentiva la inversión en infraestructura, pues Claro no tendrá incentivos para desplegar su red 5G si tiene que compartirla con sus competidores. Esto retrasará la llegada de los beneficios de 5G para usuarios e industrias, como mayor velocidad, capacidad y conectividad multidispositivos.

Las medidas asimétricas también limitan la oferta y la calidad de los servicios. Claro no podrá ofrecer planes y promociones a otros clientes, ni aprovechar su capacidad de espectro para mejorar su cobertura y su servicio porque estará frenado por la regulación. Esto afectará la satisfacción y la fidelidad de los usuarios, obligados a aceptar planes y servicios más caros y de menor calidad. 

Esta regulación y remedios diferenciales son similares a los que mantienen a Europa en el rezago tecnológico y digital en comparación con sus competidores chinos y estadounidenses, cuyos mercados inmensamente más grandes y rentables sólo tienen tres operadores móviles cada uno, los cuales compiten por inversión, redes, convergencia e innovación.  

Las medidas asimétricas también generan una distorsión en el mercado: favorecen a los competidores de Claro vía transferencia regulatoria de recursos (subsidios) y no competencia comercial en el mercado, los cuales no tendrán que invertir ni innovar lo suficiente para ofrecer mejores servicios, sino que podrán aprovecharse de la infraestructura y el espectro de Claro. Esto creará una situación de parasitismo y de competencia desleal (porque el Estado además es socio-regulador), que perjudicará aún más la sostenibilidad financiera y la eficiencia operativa y tecnológica del sector.

Véanse los casos de México y Europa, donde la regulación asimétrica ha sido sinónimo de retraso digital o, más paradójico, de mayor fortalecimiento del operador preponderante, como se le denomina en México. 

En cambio, mercados convergentes y proinversión como Chile, Brasil y ahora España, son líderes en digitalización, su cobertura móvil es plena y su velocidad de Internet elevada, tienen más espectro multibanda asignado en el mercado, amplios despliegues de fibra óptica y su reto competitivo es detonar la transformación digital de las industrias verticales donde tienen fortaleza cada país como agroindustria, minería o servicios financieros.   

En lugar de imponer medidas asimétricas, la CRC podría buscar otras alternativas más efectivas para fomentar la competencia por inversión en el mercado de telecomunicaciones móviles y la transformación digital.

Uno de ellos es fomentar la consolidación del mercado (algo que ha propuesto la OCDE en su estudio del mercado colombiano de telecomunicaciones), reduciendo el número de operadores y facilitando las fusiones y adquisiciones. Esto permitiría aumentar la rentabilidad y la inversión en infraestructura, así como mejorar la calidad y la oferta de los servicios y detonar la economía digital habilitada por el uso de las TIC y las plataformas de Internet. 

Garantizar la neutralidad regulatoria y del Estado, eliminando su rol de operador socio y asegurando su rectoría como regulador independiente. Esto implicaría evitar los conflictos de intereses, establecer reglas claras y transparentes para el sector y velar por el interés público y el bienestar de los usuarios.

El gobierno del presidente Petro, el ministerio TIC, la CRC, la ANE en la gestión del espectro y la SIC en la promoción de la competencia y la protección de los consumidores, tienen una visión social única de la digitalización de Colombia, que busca avanzar hacia la inclusión universal significativa. Sin embargo, esta visión no se puede lograr con medidas asimétricas que perjudican a los usuarios, sino con iniciativas que fomenten la inversión, la innovación y la neutralidad regulatoria en el sector.

El mercado de telecomunicaciones móviles en Colombia tiene un gran potencial para contribuir al desarrollo económico y social del país, aprovechando las ventajas económicas e industriales de 5G y de inclusión digital de 4G. Para ello, se necesita una regulación inteligente con enfoque en derechos digitales universales, que promueva la competencia por inversión, la calidad de los servicios, el beneficio de los usuarios y el ejercicio transversal de derechos humanos como educación, salud, seguridad y más.

Cuando 10 operadores firman una misiva dirigida para confundir a las autoridades, no sólo mal redactada y colusiva, que evidencia la ineficiencia de los competidores y su baja rentabilidad por exceso de operadores, demuestra que más no siempre es mejor, y que castigar el tamaño y el éxito de un operador no implica que los demás proveedores asimilarán por ósmosis los beneficios de las tecnologías y harán mejor las cosas sin inversión y sin innovación, pero sí que Colombia se retrasará y perderá. 

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