Ciencia y tecnología: motor del desarrollo sostenible

Excélsior Gonzalo Almeyda

La inversión en ciencia y tecnología es la gran apuesta del mundo para lograr la transición dual hacia una economía digital y sostenible. De acuerdo con el reporte global sobre ciencia de la Unesco que se publica cada cinco años, entre 2014 y 2018 se registró un aumento significativo de la inversión en ciencia y tecnología, el volumen de la producción científica y el número de investigadores a nivel global. Estos tres indicadores son vitales para evaluar la posición de cada país en materia de producción científica y tecnológica, una dimensión fundamental de la capacidad de poder relativo.

La inversión global en ciencia y tecnología creció a una tasa superior al crecimiento económico durante este periodo. Sin embargo, la mitad del crecimiento se explica por China, que en 10 años logró incrementar su inversión de 138 mil millones de dólares a 439 mil millones anuales, lo que la colocó a 20 mil millones de dólares de superar a Estados Unidos en 2018. Esta tendencia y sus implicaciones geoestratégicas explican, entre otras cosas, la decisión bipartidista del Congreso de Estados Unidos, tomada la semana pasada, de aprobar financiamiento por más de 250 mil millones de dólares para impulsar la investigación en tecnología.

El promedio de inversión del mundo en investigación y desarrollo es de 1.8%, pero, como suele suceder, este promedio esconde una gran variedad. El país que más invierte en ciencia y tecnología es Corea del Sur, con 4.29% del PIB, seguido por Israel, con 4.17%. Sin embargo, ocho de cada 10 países, México incluido, siguen invirtiendo menos de 1.0% de su PIB en ciencia y tecnología, lo que los condena a depender de la tecnología generada en el exterior. Algunos países del mundo en desarrollo se apartan notoriamente de esta tendencia, como Brasil (1.29%), Turquía (0.98%) y Sudáfrica (0.83%). 

El volumen de producción científica ha aumentado en 21% en el periodo de referencia, con crecimientos por encima del promedio en tecnologías emergentes, energía y materiales. Si bien dos tercios de la producción científica del mundo están concentrados en Europa, China y Estados Unidos, las tasas de crecimiento muestran tendencias inesperadas: los países con mayores aumentos en producción sobre robótica e inteligencia artificial fueron Ecuador, Perú, las Filipinas, Irak y Ucrania.

El número de investigadores también ha aumentado de forma significativa: tres veces más que el crecimiento de la población. Casi todos los países aumentaron su pool de investigadores en este periodo; algunos a tasas sorprendentes, como Jordania (150%) e Irán (84%). La excepción más clara es Rusia, cuya base de científicos disminuyó en casi 10%, aparejada a un proceso de envejecimiento —la edad promedio es de 47 años— y una caída de 6% en su inversión en ciencia y tecnología.

La transición dual a una economía digital y una economía sustentable se ha definido como prioridad de desarrollo en la mayoría de los países del mundo, aunque unos pocos se empecinan en remar contra corriente. La definición de políticas específicas para la transición digital y la industria 4.0 ha sido fundamental para obtener resultados exitosos. Para formar parte de ese proceso se requiere un marco jurídico que fomente la claridad y la transparencia, un aumento decisivo de la inversión, tanto pública como privada, y una política industrial vigorosa que elimine obstáculos y resuelva problemas de coordinación.