El ciberdelito seguirá creciendo: cooperación y talento permitirán combatirlo de forma más eficiente
Cartagena, Colombia. El conversatorio de ciberseguridad y fraude de Colombia Digital Summit 2026 dejó un mensaje claro: se requiere articulación, estrategias continuas y talento para contrarrestar los ataques, que seguirán creciendo en cantidad y sofisticación. La problemática no se resuelve sólo desde el punto de vista técnico y las soluciones deben contemplar el factor humano, responsable de más del 93% de los incidentes.
La problemática avanza conforme aumenta la interacción financiera de las personas en el ciberespacio. “Lo complejo del caso es que el desarrollo y la bancarización de las personas es una constante y es esa misma realidad la que hace que personas y empresas sean cada vez más propensas a los ataques”, inició el debate Pedro Romero, oficial de Ciberseguridad y Privacidad y experto en Transformación Digital de Huawei Colombia, quien actuó como moderador de la conversación.
“El fraude a escala global, solamente en temas financieros, fue de 442 billones de dólares en 2025, y la recuperación fue apenas del 0.25%. La cifra es monstruosa, pero hay algo peor: los atacantes utilizan sistemas y estrategias cada vez más sofisticadas”, indicó Javier Gutiérrez Afanador, comisionado de Comunicaciones de la Comisión de Regulación de Comunicaciones de Colombia (CRC). Agregó como complejidad adicional la trazabilidad de ataques que suceden en el ciberespacio.
“Tenemos que compartir información, porque en caso contrario, los 135,000 casos que están en Fiscalía en el país no pasarán de denuncias. Necesitamos una sola entidad robusta que avance sobre este tema: el fraude es transversal y transnacional y la respuesta sigue siendo sectorial. El impacto no es sólo económico, también afecta aspectos como la confianza, que es fundamental en este terreno, y hasta la seguridad nacional”, añadió.
Por su parte, Francisco Espinosa, superintendente delegado para Riesgo operacional y Ciberseguridad de la Superintendencia Financiera de Colombia, destacó avances regulatorios en el país e insistió en la necesidad de mayor cooperación: “Tenemos que articularnos, crear un hub de información para alertar a los diferentes sistemas y entidades. Estamos apoyando eso, en lo que estamos bastante tarde”, consideró para luego puntualizar que “60% de los incidentes que le ocurren a las instituciones vigiladas tienen origen en un tercero”.
Alejando Vera, de Asobancaria, hizo énfasis en que se avanzó rápidamente en la reducción de fraude físico, pero el digital presenta otras características que solamente pueden ser contrarrestadas con el compromiso de todos los actores involucrados: “El hecho de que podamos tener facilidad para tener una cuenta o hacer una transacción también favorece el trabajo para los delincuentes. Son 1.3 billones de pesos de pérdidas por fraude el último año, se multiplicó por seis en el último lustro. La proyección es que será de 4 billones de pesos en 2030. El desafío es grande”.
Christiams Valle, gerente de Desarrollo de Negocios Latam de The Campaign Registry, apuntó la necesidad de identificar a los jugadores. “No puede haber agentes sin identificar. La confianza digital es fundamental y está en riesgo”, dijo para luego dejar como mensaje que “hay que poner la tecnología al servicio del ciudadano”.
Al cierre, Alberto Roncallo, CEO de Q-Mission, advirtió sobre la inevitabilidad del fenómeno y la importancia de procedimientos internos innovadores, claros y dinámicos: “El fraude va a crecer. Hay que desarrollar capacidades reales de respuesta. La ciberseguridad no puede ser episódica, tiene que ser parte estructural de los sistemas y procesos”.
La formación de talento fue otro de los ejes del debate, atravesando todas las intervenciones como una condición necesaria para enfrentar este fenómeno. Desde la necesidad de construir “cibercultura” y fomentar el pensamiento crítico en los usuarios, hasta el desarrollo de capacidades técnicas dentro de las organizaciones, los especialistas coincidieron en que el factor humano sigue siendo el eslabón más vulnerable pero también la principal oportunidad de mejora inmediata.